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¿El teatro para niños hacia la poética del Snapchat?

Juan Garff
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22 de septiembre de 2018  

"La corrección política es al teatro infantil del siglo XXI lo que la censura era al del siglo XX". La definición contundente de Lola Lara, directora del Festival Teatralia de Madrid y crítica del diario El País, marcó uno de los polos del debate en el V Foro Internacional de Investigadores y Críticos de Teatro para Niños y Jóvenes que se sesionó hasta ayer en Buenos Aires. El creciente compromiso con la realidad actual tiene por contracara la preocupación social porque sea reflejada en el teatro de acuerdo a los cánones dominantes, según señalaron varios expositores en el Foro.

En el teatro para niños irrumpieron en los últimos años temas considerados antes como tabú, como la cuestión de género en todas sus variaciones, dejando de lado ya hace tiempo las versiones moralizantes de cuentos de hadas. Pero aparecen nuevos mandatos morales de lo que se debe y lo que no se debe decir desde un escenario, en particular frente a niños y jóvenes. Pero no solo con ellos.

Se hizo referencia en el Foro a una puesta del director canadiense Robert Lepage y la francesa Ariane Mnouchkine, Kanata, cuyas funciones fueron suspendidas el mes pasado porque, tratando sobre el primer encuentro entre blancos europeos y pueblos originarios canadienses, no incluía a representantes de los pueblos aborígenes. Se trata de la llamada "apropiación cultural", concepto por el que se critica que integrantes de culturas dominantes se refieran a cuestiones referidas a las minorías.

La dramaturga quebequense Suzanne Lebeau, una de las voces más reconocidas a nivel mundial en el teatro para niños, expresó en el Foro que esta tendencia le genera malestar y temor. "Como mujer de 70 años , yo no podría hablar de otra cosa que de una mujer de 70 años, es decir, no podría hablar de los niños, ni del incesto, ni de los niños-soldado, no podría hablar de nada, porque mi vida en mi cocina no le va a interesar a nadie."

Se cruza con la presión fuerte desde visiones puritanas, particularmente vigentes en los Estados Unidos, pero también en algunos países europeos, que vetan el uso de términos o escenas considerados chocantes o políticamente incorrectos en el teatro para chicos. Le ocurrió a Gretel y Hansel, la obra de Lebeau que se vio entre nosotros en el Soy Festival! de Tecnópolis en febrero pasado, que generó reacciones negativas en un festival del mundo angloparlante porque el pequeño Hansel asoma entre las piernas de su madre -completamente vestidos ambos- para simbolizar su nacimiento.

El temor de lo "incorrecto" supone que nombrarlo lo invoca, genera realidad, en tanto que la expresión "correcta" suspende lo indeseado. El dramaturgo mexicano Enrique Olmos refirió que su obra Inmolación, sobre dos jóvenes que giran en torno a intenciones de suicidio, jamás llevó en su centenar de puestas en escena a que alguien se quitara la vida. Sin embargo, en algunas versiones no autorizadas por el autor, se cambió el final abierto por uno que excluía la consumación del suicidio de los personajes.

"No debemos seguir insistiendo como sociedad en que el arte esté parejo al discurso político, lo correcto es que la expresión artística se haga en libertad", concluyó Lola Lara, "y que el público que entra en diálogo con esa obra lo pueda hacer en libertad."

Por: Juan Garff

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