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Juicio a una zorra: Helena se defiende y pregunta cuándo comenzó el patriarcado

La maravillosa Paula Ransenberg
La maravillosa Paula Ransenberg
Jazmín Carbonell
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22 de septiembre de 2018  

Juicio a una zorra / Libro: Miguel del Arco / Dirección: Corina Fiorillo / Intérprete: Paula Ransenberg / Escenografía y vestuario: Gonzalo Córdoba Estévez / Iluminación: Ricardo Sica / Maquillaje: Norbi González Moreno / Asistente de dirección: María García de Oteyza / Sala: Timbre 4, México 3554 / Funciones: domingos, a las 19.15 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: excelente

Sin dudas este año en teatro será el año de la mujer. Impresiona la cantidad de espectáculos dirigidos, escritos, actuados que son impulsados por mujeres en su mayoría. Pero no solo eso, además, y este punto es quizás el revelador: en su acción teatral está también el gesto de la reconstrucción de la historia, volver a mirarla, desde otros ángulos, repensarla.

¿Quién escribe la historia? Se pregunta muchas veces Helena, el personaje de esta obra del español Miguel del Arco y que en esta oportunidad es dirigida por Corina Fiorillo e interpretada por Paula Ransenberg. ¿Helena de Esparta? ¿Helena de Troya? ¿O simplemente Helena? Y así, como verdadera revolución, se volverá a contar la historia de la acusada por desencadenar la guerra más feroz de todos los tiempos: la de Troya. ¿Pero fue acaso esta mujer responsable de tamaña locura?

Helena, hija de Zeus, admirada y codiciada por cuanto hombre la conociera por su belleza, quedó sellada en la mitología como la culpable de cuanta sangre se derrame en aquella cruel guerra. Esta vez el público se convertirá en un tribunal. Los espectadores escucharán en primera persona los hechos que vivió esta mujer y, hay algo que es seguro, las palabras sonarán distintas dichas por ella y en este tiempo.

La propuesta de Fiorillo es, sin dudas, atractiva. Porque el texto es verdaderamente poderoso y porque quien lo dice, una de las mejores actrices de este tiempo, Paula Ransenberg, parece haber encontrado el punto exacto: una mezcla de bataclana en decadencia con femme fatale a lo Coca Sarli. Pero además, Ransenberg transmite el disfrute que tiene al estar sola en el escenario de tal manera que, entonces, la platea no puede más que deleitarse con lo que ve y oye. En el medio de la escena y casi dialogando con esta mujer está el caballo de Troya, esbelto, colosal y lookeado para la ocasión. Vestido de brillos, flores y flecos, este Troya se actualiza para parodiar a esos mitos intocables. ¿Qué pasa si los versionamos? Ransenberg se mueve segura por todo el espacio y, con ayuda de un diseño lumínico preciso, genera climas distintos: puede pasar de la picardía a la tristeza y de la comicidad a la nostalgia. Fiorillo es guardiana de cada gesto, de cada movimiento y se nota el trabajo, la búsqueda de la exactitud en escena.

Pero hay más: el texto riquísimo que Ransenberg se apropió de una manera espectacular tiene la virtud de poder narrar detalles de la mitología griega al tiempo que seduce a la platea con humor y mucho, pero mucho, sarcasmo. ¿Es acaso una asesina una mujer que padeció todo tipo de vejámenes, humillaciones y violaciones? Helena cuenta su historia. La historia particular de una mujer que fue raptada a sus escasos nueve años por Teseo (¿cuenta esta parte la historia?) y la convirtió en su juguete sexual. El mítico rey del Ática violando sistemáticamente a una niña hasta dejarla embarazada. Y hay más. A los 14 es obligada a casarse con Menelao que la duplicaba en edad, "me poseía con codicia", cuenta la Helena implacable y burlona de Ransenberg. Pero un día Helena se enamoró de Paris. Y la historia cambió para siempre. O, al menos, lo que se escribió de ella.

"Helena, la zorra", "Helena, la puta", "Helena, la seductora"... ¿La culpable de la guerra de Troya? Y entonces ella misma esboza la idea de la exageración. Que esta mujer cargue con toda la responsabilidad suena mucho. Esta noche, Helena exige justicia, reparación. Y una pregunta actual y feroz queda suspendida: ¿cuándo comenzó el patriarcado?

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