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Alta Fidelidad. Roberto Jacoby, las palabras y los ojos de Federico Moura

Fernando García
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23 de septiembre de 2018  • 00:15

A primera vista, la imagen desorienta. La foto ploteada en el frente de la entrada al museo Macro de Rosario da fiesta de viaje de egresados. Son chicos y chicas muy jóvenes cuyo estilo, aunque no sepamos nada pero nada de ellos, está fatalmente fechado en los 80. Un perito en indumentaria precisaría acaso segunda mitad de los 80. Por las camperas, los accesorios, los cortes de pelo. Sobre la foto, la frase "Traidores los días que huyeron" magnifica el halo poético de la imagen. ¿Quiénes son estos chicos como bombas pequeñitas que el Macro eligió para ser la cara de esta extensa muestra de Roberto Jacoby? La respuesta está en el cuarto piso de este grupo de silos fantásticamente convertido en museo de arte contemporáneo. La foto de la entrada es una de las veinticuatro que Jacoby tomó en Obras en 1985 durante los conciertos que terminaron en el álbum Virus en Vivo. Ahora que el fotoperiodismo de rock coquetea con el mundo del arte estás imágenes van en la dirección contraria. No hay retratos de Federico Moura ni fotos grupales de Virus sino escenas anónimas del público que se sumaba a la "Locura" (el álbum del grupo que llegó a vender 200 mil copias) de Virus. Las fotos las sacó el mismo Jacoby desde el escenario y reflejan algo tan valioso como el punto de vista de Federico Moura. Son, indirectamente, el testimonio de su mirada. "Mirada speed" como decía una de las tantas letras que Jacoby escribió para el grupo. La sala "Musical" de la muestra es una síntesis perfecta. A las fotos del público se suman los originales mecanografiados de las letras. Virus, ausente en imagen y sonido, es lo que está entre este vanguardista que siguiendo a Oscar Masotta proponía ya en 1967 la desmaterialización del arte y la cultura pop. Santiago Villanueva y Fernando Farina, quienes revolvieron el archivo de Jacoby para montar esta antología de lo no-antológico, acertaron con poner el trabajo de Jacoby con Virus en la línea del conceptualismo argentino. Algo que hasta ahora la historia del arte tomaba como anécdota.

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Jacoby utiliza metáforas de la industria musical para referirse a su muestra. Dice que son "inéditos" o, mejor, una colección de "Lados B". No se ve nada aquí entonces de su anti-happening o Tucumán Arde o su paso por Di Tella o sus acciones en discotecas ni su campaña "Yo tengo Sida". Más bien pueden aparecer pinturas neofigurativas o naturalezas muertas; libros de poesía y hasta una ironía sobre el arte cinético. También puede escucharse en el Macro la voz de Jacoby. Esto es, la primera vez que canta sus propias letras. Tiene un álbum listo para editar en noviembre con el nombre de Golosina Caníbal. "Yo devoraré tu pequeño corazón/como si fuera una golosina caníbal" se lo escucha canturrear en un registro a mitad de camino entre Raphael y Federico Manuel Peralta Ramos. El link es inmediato. La traducción de Jacoby de artista conceptual a cantante lo pone en la línea sucesoria de Jorge De la Vega y Peralta Ramos. Una de sus canciones puede escucharse también en el segundo volumen del compilado "Otras Formas", que se presentó esta semana en Benzacar, y que reúne la producción de la trova visual argentina. Esto es: artistas visuales que hacen música. Sin embargo no todo es lo mismo. Jacoby es claramente un no-músico traducido del mundo conceptual a la canción. Y esa acaso es la mayor especificidad del género.

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El traductor de Jacoby se llama Nacho Marciano. Es quien lo provee de sonidos, el arquitecto de su faceta musical. También lo hace con el esperpéntico Benito Laren. Curiosamente (o no), Marciano está involucrado en otras traducciones. El sello Ultrapop editó este mes sus 9 versiones de Lennon (se encuentra en Spotify) donde reescribió en castellano clásicos del ex Beatle. La traducción puede ser una forma de arte. Por ejemplo, cuando Marciano tiene que ponerle palabras nuevas al baladón "Jealous Guy": "Yo no te quise lastimar/soy un celoso mal". Ese "celoso mal" es un abracadabras perfecto. No solo trae las palabras de Lennon al español sino que las sitúa definitivamente en Buenos Aires siglo XXI. Y al mismo tiempo hay algo de la poética de Virus, ahí. Esa forma de apropiarse del habla en un trazo. Marciano guarda un secreto de oro. Ha trabajado con Moris en un disco de versiones tecno de sus memorables canciones (de "Rebelde" a "De nada sirve") que incluye una versión en inglés de "La Balsa" de Los Gatos o de Tanguito según se cuente la historia. Dice que el mismo Moris le dijo "Si este fue el primer éxito del rock en castellano yo quiero hacerlo en inglés". Ahora es Moris el que traduce del rock al arte conceptual. El resultado es "The Boat", una versión libérrima donde Moris, dios, parece Luca Prodan improvisando sobre una base house. "I'm shaking now in Argentina, I'm gonna roll the boat", se le oye cantar en su voz recia, arltiana.

"De los grupos argentinos no me importa un pepinou", decía una letra que Jacoby escribió para Virus y que nunca escuchamos grabada en la voz de Federico Moura. Era la traducción del espíritu under a un cocoliche que perforaba el corazón de los testimoniales 70. ¿Cómo sería una muestra solo de fotos de público anónimo de Virus, Soda Stereo, Sumo, Los Redondos, Los Twist? Hermosa, que duda cabe.

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