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Las disidencias de la región, entre la represión y un destino incierto

Los movimientos que desafían a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua están bajo asedio por la violencia, mientras buscan superar sus divisiones
Los movimientos que desafían a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua están bajo asedio por la violencia, mientras buscan superar sus divisiones Fuente: Archivo
Ramiro Pellet Lastra
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22 de septiembre de 2018  

El régimen cubano lleva seis décadas en el poder. El chavismo venezolano va para 20 años. Daniel Ortega , en comparación, parece un recién llegado, con sus 11 años sin bajarse del gobierno nicaragüense. Pero ya es su segunda experiencia como hombre fuerte del país.

Son tiempos más que suficientes, en todo caso, para aceitar la represión y mantener a raya a los líderes y activistas de la disidencia, que les ponen el cuerpo a las balas, cuando no son confinados en los calabozos, y afrontan un futuro incierto en esos tres países de la región dominados por gobiernos autoritarios.

Los grupos nacen, crecen, se desvanecen y se rehacen. El Movimiento 19 de abril, en Nicaragua; la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), en Venezuela, y las Damas de Blanco, en Cuba, están entre las muchas agrupaciones disidentes en sus países.

A mediados de junio pasado, en Oslo, estaban todos juntos para exponer la cara más siniestra de América Latina, cuando disidentes de Venezuela , Nicaragua y Cuba centraron el comienzo del foro sobre derechos humanos del Oslo Freedom Forum, que se reúne todos los años en la capital noruega. Compartieron cartel con sus pares de Ucrania, Togo, Rusia, China, Irán y Corea del Norte.

Esos foros son de los contados lazos directos entre los disidentes de los tres países. Se encuentran, se conocen, comparten experiencias y unen voces ante la comunidad internacional, de la que necesitan de manera desesperada una presión efectiva, vía sanciones y diplomacia, para avanzar al Estado de Derecho.

De la comunidad internacional necesitan, además, financiación para seguir trabajando y, más básico todavía, para seguir existiendo. La vida de un disidente es, por definición, una lucha de supervivencia. Y cada día puede ser el último. ¿Qué posibilidades tienen de resistir la violencia del poder, revertir los tantos y alumbrar el cambio? A cada modesto avance le sigue una oleada represiva que, si bien no los pone de rodillas, sí los deja tambaleando.

"En los tres casos, la disidencia lleva las de perder, puesto que enfrentan a regímenes sin escrúpulos que no tienen contemplaciones en usar la violencia estatal para aplacar cualquier protesta", dijo a LA NACION el politólogo Juan Carlos Hidalgo, del Cato Institute, de Washington.

La disidencia cubana es la más antigua de las tres, por la extraordinaria longevidad del régimen que inauguró Fidel Castro después de bajar de la sierra, en 1959, cuando buena parte de los 11 millones de cubanos que viven en la actualidad en la isla ni siquiera habían nacido.

"En Cuba, la disidencia se desarrolló desde el inicio bajo un contexto de un Estado totalitario donde el espionaje y el control estatal llegan hasta la intimidad de los hogares y las familias -señaló Hidalgo-. Esto significa una disidencia subterránea y que tiene espacios muy limitados para manifestarse en público".

En vista de esa debilidad disidente, según explicó a LA NACION Peter Hakim, del Inter-American Dialogue, "será la dirigencia cubana, el Partido Comunista, y quizás las fuerzas armadas los que tendrán que cambiar desde adentro".

Los dirigentes chavistas, como buenos alumnos, estudiaron el catecismo de espionaje castrista. Más todavía, por si se olvidaban de algo decidieron importar expertos en inteligencia de La Habana. En el colmo de la burocracia, luego les dieron cargos oficiales en los ministerios.

Frente a eso, la oposición venezolana vive momentos bajos. Dividida, desencontrada, con sus líderes encarcelados, proscriptos o exiliados. Hubo un tiempo que fue auspicioso: ganaban elecciones, movilizaban manifestantes, mantenían la presión en las calles, se ganaban la solidaridad de la región. Pero Nicolás Maduro sigue en el poder.

La fortaleza de los disidentes en los tres países son "las denuncias sobre la reducción de las prácticas democráticas, sobre corrupción, sobre la relación con el narcotráfico y otras prácticas de gobiernos aferrados al poder", dijo a LA NACION el politólogo venezolano Carlos Romero.

Pero las debilidades son igualmente numerosas, y bastante serias como para dudar de sus posibilidades: no controlan de manera independiente ninguna parte del poder, están divididos, les cuesta conectar a nivel popular y los gobiernos se las arreglan para sacarlos del camino.

En eso está el régimen de Daniel Ortega, por ejemplo, en sacar del camino a los dirigentes que le complican la vida. Uno de los estudiantes que lideraron las protestas , Yubrank Suazo, fue detenido en la ruta cuando viajaba en auto y fue trasladado por la policía a la cárcel de El Chipote, donde engrosó la lista de 500 presos políticos. Se había hecho conocido por leer una proclama que declaraba a la combativa ciudad de Masaya "libre del dictador".

Desde el inicio de las protestas, en abril pasado, los estudiantes salieron a las calles, montaron piquetes, improvisaron barricadas y tomaron universidades. El régimen de Ortega respondió con francotiradores, detenciones y torturas.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) denunció que las fuerzas de Ortega dejaron "decenas de muertos y cientos de heridos; detenciones ilegales; prácticas de tortura, tratos crueles, inhumanos y degradantes; censura y ataques contra la prensa y otras formas de amedrentamiento como amenazas, hostigamientos y persecución dirigidas a disolver las protestas y a inhibir la participación ciudadana".

Chavistas y castristas, cortados por la misma tijera, no lo habrían hecho mejor. "En todo caso, estos gobiernos mantienen una alianza estratégica, política y militar y se intercambian datos de inteligencia y recursos humanos para mantenerse en el poder", advirtió Romero.

La vasta constelación de los grupos que buscan la democracia

Grandes o chicos, con sus líderes libres o proscriptos, son incontables los movimientos que actúan en los tres países

Cuba

  • Damas de Blanco: Reúne a mujeres y otros familiares de presos políticos. Se mantiene en actividad desde hace 15 años pese a las presiones del régimen, como el arresto de 22 de sus miembros el domingo pasado
  • Unión Patriótica de Cuba: Es uno de los grupos disidentes más activos y visibles de la isla en la actualidad. Fundado en 2011, reúne a varias organizaciones de derechos humanos y aboga por la lucha pacífica, pero firme, por las libertades civiles

Venezuela

  • MUD: La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) integra a los partidos opositores más importantes del país, pero viene perdiendo mucho terreno por el asedio del gobierno y los desacuerdos internos
  • Frente Amplio: Creado solo meses atrás, el Frente Amplio por una Venezuela Libre congrega a partidos políticos con otras organizaciones de la sociedad civil. Al igual que la MUD, tiene diferencias internas y le cuesta llegar a la gente

Nicaragua

  • Alianza Cívica: La Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia lidera la resistencia pacífica al régimen de Daniel Ortega con más de 50 organizaciones, entre estudiantes, empresarios y otros sectores
  • Movimiento 19 de Abril: Se trata de la agrupación de estudiantes que comenzó la ola de protestas contra el autoritarismo del régimen y en reclamo de la apertura. El movimiento universitario pasó a integrar a la vez la Alianza Cívica

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