Cristina Kirchner: a la defensiva, acorralada por los testimonios de los arrepentidos

La causa de los cuadernos complicó como nunca antes a la expresidenta en una trama de corrupción; ella opta por denunciar una persecución y dar pelea desde la política

Hernán Cappiello
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24 de septiembre de 2018  

En el espejo kirchnerista, Cristina Kirchner es una gladiadora que blande su mandoble contra las fuerzas de una Justicia politizada que la quiere encerrar. Así parece acercarse al sino de los presidentes latinoamericanos caídos en desgracia con el repliegue del populismo: la cárcel.

Para el juez Claudio Bonadio , ni siquiera hace falta demostrar que los billetes pasaron por sus manos para considerarla jefa de una banda en la que funcionarios y empresarios se asociaron para distribuir sobornos. Que enriquecían a la expresidenta, por un lado, y saciaban la avaricia de empresarios corruptos a expensas del Estado, por otro.

La salida para Cristina Kirchner es una defensa bifronte: jurídico-técnica y político-mediática. Sin embargo, ninguna puede aligerar el peso de las evidencias reunidas en las 500 páginas de los 8 cuadernos de la corrupción que escribió el chofer de Roberto Baratta , Oscar Centeno , corroboradas después por datos externos. Sin contar a los empresarios que confesaron pagar coimas y a los funcionarios que confesaron cobrarlas.

"Solo una gladiadora como Cristina Kirchner puede soportar este avance de la Justicia", la respaldó Oscar Parrilli . El argumento institucional que comparte el kirchnerismo es que se está actuando "en el límite de la democracia" o como dijo Carlos Beraldi, el abogado de la senadora, al apelar el procesamiento: pedir quitarle los fueros es una "agresión judicial al sistema democrático argentino".

La causa de los cuadernos complicó como nunca antes a la expresidenta en una trama de corrupción; ella opta por denunciar una persecución y dar pelea desde la política
La causa de los cuadernos complicó como nunca antes a la expresidenta en una trama de corrupción; ella opta por denunciar una persecución y dar pelea desde la política Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

La defensa política se completa con una lectura del mapa de la justicia federal poskirchnerista. Bonadio fue en un pasado no tan lejano el juez que sobreseyó a los exsecretarios enriquecidos de Cristina y Néstor Kirchner . Hoy es quien la mandó a juicio tres veces. Es un hombre del peronismo clásico. Comparte cafés y almuerzos con el senador Miguel Ángel Pichetto , del PJ de modales dialoguista que busca consolidarse como polo aglutinante del poder de cara a 2019. "Bonadio es un protegido de Pichetto", le reprochó Parrilli, y dio a entender que el juez se erigió como un árbitro en la interna peronista para condicionar la candidatura de la expresidenta o ponerla en juego en el tablero del poder. A pesar de que Cristina Kirchner hace rato que prescindió de las estructuras partidarias para sus avanzadas electorales, le disputa al PJ la misma clientela política.

El Gobierno se suma. La tiene a Cristina Kirchner donde le gusta. En el otro extremo del arco bipolar que le acerca hacia sí a los horrorizados por el kirchnerismo. Un candidato moderado en 2019, enfrentando a Mauricio Macri en segunda vuelta, sería una amenaza complicada para el Presidente. Dirimir la batalla final con Cristina Kirchner le abriría un juego conocido, en el que se siente más cómodo. Aun con el 40% de inflación y una economía en recesión, según proyectan encuestadores prematuros.

El Gobierno prevé un 2019 con Cristina Kirchner haciendo campaña desde los tribunales. Su primer juicio por las obras que entregó a Lázaro Báez empieza el 26 de febrero. Es un proceso que demorará al menos un año y se superpondrá con el calendario electoral. Ya están elevadas a juicio y sin fecha la causa de la denuncia de Alberto Nisman por encubrir el atentado contra la AMIA y la del dólar futuro. La primera puede ir en paralelo con el juicio de Vialidad. La segunda, en la que Cristina Kirchner tiene más chances de salir absuelta, aún no arranca. Siempre queda un peritaje por terminar.

Desde el lado de la defensa técnica jurídica, los caminos recorridos son los clásicos: cuestiona el procedimiento y denuncia su nulidad. Ataca las formas del proceso para invalidar evidencias que acumula Bonadio, con la resignación de que el recorrido de la causa ya parece trazado. Esta certeza hace que la esperanza jurídica de la defensa sea documentar todo lo que considera violaciones constitucionales, a la espera de que cambien los tiempos políticos, se revierta este proceso y Bonadio termine en un hipotético banquillo de los acusados. Cristina Kirchner mira en un espejo que ella misma contribuyó a pulir. El del exjuez del caso AMIA Juan José Galeano, removido por juicio político a instancias del kirchnerismo. Un hombre que pasó de superjuez del menemismo a acusado por el cristinismo, al punto de que hoy está en la etapa final de un juicio que se le sigue junto a Carlos Menem.

Bonadio escribió que "no se han constatado entregas de sumas dinerarias ilegítimas a manos de Cristina Kirchner. No hizo falta. Roberto Baratta entregó 87 cargamentos de dinero en la quinta de Olivos y en su departamento de la calle Uruguay, en Recoleta. A estas se suman otras entregas de Claudio Uberti, encargado de controlar/recaudar de los corredores viales, y de Ernesto Clarens, financista de los Kirchner. Hasta Parrilli admite que pudo haber coimas (aunque salve a su jefa).

La defensa de la expresidenta cuestiona las formas: señala que hay violaciones a las garantías por el fórum shopping, por los allanamientos sin presencia de la defensa, por las declaraciones de los arrepentidos, empresarios o funcionarios, que para la defensa son extorsiones. Ella asocia la negociación entre el fiscal y el arrepentido a los apremios ilegales que la policía solía disfrazar de declaraciones espontáneas del reo en los viejos sumarios predemocráticos.

La causa se desarrolla en una escenario político en el que abundan los fanáticos y se ignoran estas violaciones, dice la defensa. En el Gobierno retrucan que fanáticos son aquellos que no reconocen evidencias aun cuando las tienen ante sus ojos.

Es posible que hubiera actos de corrupción, se sinceran cerca de la expresidenta, pero creen que eso no empaña su imagen de gladiadora, blandiendo la espada, como Juana Azurduy en la estatua que ella ordenó levantar junto a la Casa Rosada y que ya no está.

La respuesta

La expresidenta pasó de ignorar el tema al enojo

Lo que dijo en Twitter

"Decidí no hacer comentarios sobre remiseros 'arrepentidos' que dicen haberme visto en pijama. Ni tampoco sobre exfuncionarios de cuarta línea, también 'arrepentidos', que nunca formaron parte de mis dos presidencias..."

Lo que dijo en el Congreso

"Si creen que con los Bonadios y los desafueros me voy a arrepentir, no. No me arrepiento de nada de lo que hice. En todo caso me arrepiento de no haber sido lo suficientemente inteligente para convencer y persuadir de que lo que estábamos haciendo era para mejorar la vida de los argentinos"

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