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El libro de las muertes en San Isidro

Octubre de 1934. Frente a la iglesia parroquial de San Isidro, el cortejo fúnebre de Ángela Scipione de Nervegna, cuyo obituario figura en el diccionario.
Octubre de 1934. Frente a la iglesia parroquial de San Isidro, el cortejo fúnebre de Ángela Scipione de Nervegna, cuyo obituario figura en el diccionario. Fuente: Archivo - Crédito: J. Kovensky
Daniel Balmaceda
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25 de septiembre de 2018  • 00:30

Llegó el día en que Teodorito dejó de mendigar por San Isidro. La información la dio un medio local, el 26 de noviembre de 1932:

En nuestro número anterior se nos pasó por alto dar la noticia del fallecimiento del anciano Teodoro Pontié de Pombal, ocurrido en el Asilo Marín, a donde se había refugiado hacía algunos meses.Teodoro Pontié era una figura popular en San Isidro, cuyas calles cruzó durante muchos años, implorando la caridad pública de puerta en puerta. No era sin embargo un limosnero vulgar. En su persona y en su porte había cierto aire de distinción, y grandes y chicos se detenían a su encuentro para depositar un óbolo en las manos de "Teodorito". Así se le nombraba cariñosamente al popular pordiosero, que acaba de morir santamente, lo que no a todos les está reservado. Y, a falta de lágrimas y flores, que nada aprovechan al espíritu que sale del cuerpo deleznable para volar al reino de la inmortalidad, se han elevado dulces y fervorosas plegarias en descanso de su alma.

El obituario fue publicado en el periódico San Isidro: Semanario Parroquial de Propaganda Social, Moral y Religiosa, pero que nosotros hemos tomado de un magnífico libro de reciente edición. Se trata del Diccionario necrológico sanisidrense, una compilación monumental realizada por Sebastián Freigeiro, bibliotecario de profesión y miembro del Instituto Histórico Municipal de San Isidro.

Freigeiro revisó cada ejemplar de las publicaciones periodísticas de dicha localidad, durante el período 1920-1952, y de esta manera logró reunir más de cinco mil fichas que se incorporaron al libro de unas 850 páginas (de paso aclaramos que su precio es irrisorio, por lo bajo). Como la noticia del deceso del padre de Victoria Ocampo, ocurrido el 18 de enero de 1931:

En la mañana del lunes, en la necrópolis del norte, se realizó la inhumación de los restos del ingeniero Manuel S. Ocampo, fallecido ayer en San Isidro. Durante toda la noche fueron numerosas las personas que desfilaron por la Villa Ocampo, en San Isidro, donde había sido instalada la cámara mortuoria, y esta mañana, en el acto del sepelio, se renovó la manifestación del sentimiento de hondo pesar causado por su fallecimiento. A las 9 partió la comitiva fúnebre de San Isidro, y se dirigió a la iglesia de las Catalinas, en esta capital, donde fue oficiada una misa de cuerpo presente, a las 10, que congregó a distinguidas personas de nuestros círculos sociales, a los que se hallaba estrechamente vinculado el extinto. Terminada la ceremonia religiosa fueron conducidos los restos al cementerio de la Recoleta, donde aguardaban la llegada del cortejo fúnebre altos funcionarios de las Obras Sanitarias de la Nación, así como el decano de la Facultad de Ciencias Exactas, varios profesores de la misma y otras numerosas personas.

También figura aquella mujer, la primera que usó el nombre Malvina (en realidad, así la llamaban, pero originalmente fue Matilde). Nos referimos a Malvina Vernet, quien nació en las entrañables islas cuando su padre, Luis Vernet, era gobernador de las mismas.

Vernet de Cilley, Malvina (falleció 29-09-1924)

A la avanzada edad de noventa y cuatro años falleció en la madrugada del día 29 de septiembre, en su residencia de este pueblo, la querida anciana que durante su larga existencia, rodeó su persona de la simpatía entrañable de cuantos con la suya alternaron su vida, conquistada con sus bellísimas cualidades de alma y relevantes dotes de carácter, atrayendo con las cariñosas irradiaciones de la bondad inagotable de su corazón. Su fallecimiento ha sido profundamente lamentado en nuestra sociedad, no solo por hallarse extensamente ligada a ella con vínculos de parentesco, sino también porque se le miraba como una de nuestras más veneradas figuras. Llegue a sus deudos nuestra condolencia por tan triste pérdida y nuestra plegaria por su eterno descanso.

Recopilación de tres décadas de obituarios en San Isidro.
Recopilación de tres décadas de obituarios en San Isidro. Fuente: Archivo

El Diccionario necrológico, atractiva fuente para historiadores, genealogistas y curiosos, atesora innumerables puntas de ovillo para la investigación. Por ejemplo, en mayo de 1942, la familia Anchorena se enlutó por la muerte de Domingo Gazzaneo:

Después de sufrir con ejemplar entereza la larga dolencia que le obligó a permanecer en su lecho por espacio de varios años, ha fallecido el señor don Domingo Gazzaneo, antiguo y estimado vecino de esta localidad, cuyo deceso ha causado hondo sentimiento de pesar. Don Domingo fue un fiel servidor de la familia Anchorena, de esta localidad, donde se conquistó la estima y confianza de sus servidos y de sus compañeros de trabajo, por las relevantes condiciones que le distinguían. Formó un hogar numeroso, a costa de sus trabajos, en su vida cristiana la mejor herencia que les deja a sus hijos, y su recuerdo intachable el mejor homenaje a su memoria. En su larga enfermedad recibió repetidas veces, a su pedido, la visita de Jesús-Hostia, que le consolaba ayudándole a continuar su paso por el mundo. De don Domingo bien podemos decir: "Bienaventurados los que mueren en el Señor". Sus restos fueron traídos hasta el templo parroquial, donde se ofició un responso, para luego ser llevados al cementerio local.

¿Qué historias habrá tejido este fiel empleado de los Anchorena? ¿Las conocerán sus descendientes? Sería útil para el conocimiento del pasado que el trabajo de Freigeiro -un libro que pudo publicarse gracias al aporte de la Municipalidad de San Isidro- pudiera multiplicarse en otras localidades.

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