María Eugenia Vidal enfrenta la tensión de un conurbano distinto

Jorge Liotti
Jorge Liotti LA NACION
Crédito: Prensa PBA
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23 de septiembre de 2018  

Mientras en la Casa Rosada almuerzan con la vista clavada en las pantallas que informan la cotización del dólar y el riesgo país, en la oficina de María Eugenia Vidal lo hacen frente a un virtual tablero de comando que mide el clima social en el conurbano. Reuniones constantes con los ministros Carolina Stanley y Santiago López Medrano, con los intendentes, con la Pastoral Social y con los movimientos sociales; recorridas sorpresas y sin prensa por los lugares más afectados; reasignación de partidas presupuestarias.

En el entorno de la gobernadora admiten que no hay tema en el que ella sea más demandante. Pesa el perfil que ha cultivado siempre como dirigente: la cuestión social es "su" tema. Pero sobre todo influye la sensación de que el extenso conglomerado urbano que rodea la capital es un polvorín en tensión constante. "Van a ser los tres meses más largos de la historia", resume un ministro bonaerense al hablar de los desafíos que le quedan hasta fin de año.

Vidal asume que en el delicado momento económico que atraviesa el país, hace falta muy poco para encender la mecha que podría comprometer la estabilidad de su gobierno y su futuro político. No tiene herramientas estructurales para revertir la recesión y el desempleo, que como demostró la última medición del Indec impactó allí con especial fuerza (casi tres puntos por arriba del promedio nacional). Por eso se refugia en la contención social. Asistencialismo, comida, planes. La red básica para evitar desbordes. Vive al día.

Los episodios de violencia de las últimas semanas dejaron en evidencia la transformación social que sufrió el conurbano profundo en los últimos años. Las amenazas a una docente de Moreno, la quema de una escuela en Berazategui, los robos a los supermercados bajo el formato de saqueo, y hasta la escalada del conflicto por el astillero en Río Santiago expresaron dinámicas diferentes a las conocidas hasta hace poco tiempo.

La principal novedad es que a diferencia de las épocas en las que el conurbano era el reino de los barones que administraban la violencia en los municipios y los punteros políticos eran la principal referencia, ahora se impone la anarquía de la delincuencia común y de las bandas narco.

En la gobernación de La Plata aseguran que todos los actores orgánicos están cooperando para evitar que la situación se descontrole. No solo la Iglesia -que lo hizo históricamente-, sino también intendentes opositores y movimientos sociales, más allá de las demandas públicas para que se declare la emergencia, están en esa sintonía. Este es el dato positivo.

El negativo es que hay un sector social totalmente desclasado que ya no responde a ninguna de esas organizaciones. "Son los hijos de la crisis del 2001", define la propia Vidal. La lucha es desigual: el Estado ofrece una AUH mensual por $1684 y los dealers les pagan $5000 cada viernes a los adolescentes del escalón más bajo de la estructura, que ni siquiera tocan la droga y solo se dedican a vigilar la zona de venta.

El mismo dilema enfrentan los movimientos sociales, que han perdido representatividad en los sectores más marginales. "No hay conflicto con ellos, porque cada vez repartimos más comida y eso está articulado con los grupos como Barrios de Pie y el Movimiento Evita. El problema es que se distribuyen 200.000 planes entre todas las organizaciones, y la población es de 17 millones de personas, de las cuales al menos el 30% es pobre", se resigna un importante funcionario de la provincia.

La amenaza inasible de esas bandas inorgánicas desconcierta a las autoridades. Todavía no tienen certeza de dónde vinieron las agresiones a la maestra Corina De Bonis, que fue secuestrada y tajeada. Hubo otros episodios similares que no se conocieron y todos sospechan de una pandilla que vende droga en la zona.

El fiscal a cargo todavía no aportó datos definitorios sobre el caso y eso impacienta en La Plata. Sí está comprobado que en el barrio La Perla hay grupos con conexiones con Los Monos de Rosario, una ramificación temible. Moreno se transformó en tierra liberada, con una pésima gestión del camporista Walter Festa y una dinámica social agravada en las últimas semanas por la falta de clases que sucedió a la explosión de una escuela el mes pasado, que dejó dos muertos.

Fuente: LA NACION

El incendio del establecimiento en Berazategui tuvo rasgos mafiosos. Usaron útiles escolares que se habían comprado hace poco para montar una gigantesca fogata que incendió cinco aulas. El mensaje caló hondo. Vidal fue esta semana para la reapertura del colegio pero encontró maestras devastadas por los destrozos. En cada uno de estos acontecimientos, apareció después el dirigente docente Roberto Baradel para fustigar al gobierno de Vidal, pero en La Plata están convencidos de que se trata solo de un intento de aprovechamiento político posterior, al igual que en el resto de los casos. "Hay problemas crónicos y estructurales, que detonan en circunstancias de fragilidad económica por actores delictivos, a los que después se suman los intereses políticos", explica la gobernadora.

Las imágenes de robos a algunos supermercados del conurbano agitaron los fantasmas del pasado. Pero la geografía es diferente al 2001. "Fueron pibes de 15 a 20 años que vieron que había clima de tensión y aprovecharon para robar. Por eso no se extendieron los casos", explican los funcionarios. Pero igual creen que pueden repetirse los episodios, con el agravante de que hoy hay un riesgo de réplica muy veloz. Todo está demasiado sensible.

Incluso el caso del astillero Río Santiago, que esta semana terminó con la ocupación del Ministerio de Economía durante seis horas, exhibe elementos de descomposición social. Francisco Banega, secretario general de ATE Ensenada, es considerado un dialoguista por la administración bonaerense. Pero hay sectores muy agresivos que no le responden, los mismos que terminaron saltando arriba de un patrullero hace algunos días.

A eso se suma la influencia en el conflicto de otro gremio belicoso: la Uocra de La Plata. Ocurre que cuando se terminó de construir el Estadio Único de La Plata, Daniel Scioli acordó con Juan Pablo "Pata" Medina el traslado al astillero de 800 trabajadores para mantenerles las fuentes de trabajo. Con su jefe preso por corrupción, sus herederos quedaron acéfalos. El sindicalismo también está desmembrado como factor de referencia social.

Hace menos de dos meses Vidal ordenó presentar una denuncia penal contra los dirigentes gremiales del astillero por administración fraudulenta. Habían encontrado una amplia gama de irregularidades en el comedor (figuraban muchas más raciones que las provistas), convenios con empresas ligadas a referentes del gremio, liquidaciones de sueldos injustificadas, jubilaciones anticipadas de personas aún activas, entre otros desmanejos. Un reciente allanamiento en el que se incautó valiosa documentación habría actuado como desencadenante del conflicto.

El presidente Mauricio Macri entendió rápido la advertencia que le hizo Vidal: el conurbano está en un extremo de tensión. Por eso las únicas partidas que se salvaron del brusco ajuste presupuestario fueron las sociales. Pero aún así persiste el desafío de averiguar si la plata de los planes puede alcanzar para contener un territorio que cambió su fisonomía y sus dinámicas en forma definitiva.

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