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El futuro cae de maduro: comidas mutantes

Ernesto Martelli
Ernesto Martelli LA NACION
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23 de septiembre de 2018  

Ni culturalmente fruta, ni técnicamente verdura, es el más ubicuo de los alimentos de huerta y de los más extendidos y versátiles. Con esa descripción la revista Wired le dedicó su última tapa al tomate, en la evolución tecnológica de su cultivo. Llevaba un sugestivo título: "El mutante futuro de la comida".

Una nueva herramienta llamada Crispr funciona a través de una alteración genética, como un acelerador de la naturaleza.

Meses atrás, la misma publicación había analizado y advertido sobre los defectos de los tomates genéticamente modificados: esféricos, incoloros, desabridos. Ahora, ponía el foco no en los comidas que mezclan genes (las demonizadas "Frankenfoods") sino en otra técnica de manipulación, menos monstruosa. Comida mutante.

La tensión entre el paradigma sintético y el natural, clave entre el siglo XX y el XXI, en la que el plástico y otros sucedáneos de laboratorio desplazaban materiales orgánicos, entró en una nueva fase: la edición genética de los alimentos impone nuevos debates.

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