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River, el señor del superclásico: noqueó a Boca con dos voleas

Argentina Superliga
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Boca Juniors

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River Plate

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  • Gonzalo Martínez /
  • Ignacio Scocco
Claudio Mauri
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23 de septiembre de 2018  • 17:45

Dos voleas para noquear a Boca en la Bombonera. Un zurdazo del Pity Martínez y un derechazo de Scocco para este River de mano pesada, piernas templadas, corazón caliente y cabeza en su sitio. Supo jugar para ponerse en ventaja, sufrir ante las oleadas ofensivas de Boca en el comienzo del segundo tiempo y ejecutar ante el primer respiro que le dio el rival. Como hace algo más de un año, River volvió a cantar victoria en la Bombonera. Un triunfo que le sirve para reposicionarse en la Superliga , en la que habitualmente no le cierran las cuentas, y para recargar la confianza de cara a la Copa Libertadores.

Una Bombonera repleta, efervescente, es una vara de medida. Sometido a esa exigencia, River hizo un primer tiempo de un equipo adulto, compacto, macizo, cerebral. Jugó con la seguridad y convicción que se le podría ver en el Monumental. Los nervios e inseguridades quedaron para Boca, como si estuviera en un entorno ajeno, o si la presión y responsabilidad lo hubieran desbordado.

En los primeros 45 minutos, River lo superó en cohesión y fluidez. Más ordenado y mejor posicionado, cubrió el campo con sentido colectivo y ejerció la presión para quedarse con varias pelotas.

Gallardo siempre deja alguna impronta en sus planteos. La sorpresa fue la ubicación de Pratto casi como un wing derecho, con retroceso para anular un par de proyecciones de más. River se juntaba mejor en el pase, abría la cancha y buscaba la definición por adentro.

Boca transmitía nerviosismo, la inquietud del que sabe que no hace las cosas bien. Los volantes se veían en inferioridad; Barrios quedaba muy solo para la recuperación, Almendra no encontraba su lugar y Nandez se paraba como si fuera un extremo derecho. La defensa local se veía en apuros, los laterales hacían agua y los centrales respondían sobre la cornisa. Rossi, muy apoyado por los hinchas en el calentamiento, erraba en el cálculo al cortar un centro.

El plan de River dio frutos: presionó a Pavón en campo local, la jugada derivó al área y un rebote le quedó al Pity Martínez para una deliciosa volea cruzada, que hizo recordar a un gol suyo en el 3-1 anterior en la Bombonera.

Boca era un par de desbordes de Pavón a Montiel y la amenaza de Benedetto. Muy poco de Tevez, salvo dos cambios de frente. Hasta que los imponderables empezaron a reacomodar el partido. Martínez, con una lesión muscular, le dejó su lugar a Quintero, con lo cual Pratto pasó a la izquierda. El Mellizo movió el tablero táctico: Cardona por el descontrolado Jara, Nández se retrasó al lateral, el colombiano se ubicó sobre la izquierda y Pavón se mudó a la derecha.

No faltaron rispideces, que dejaron muy mal parada a la autoridad y el criterio de Vigliano, que fuera del cobijo del VAR del Mundial de Rusia se reveló como un juez de campo muy mediocre. No castigó con expulsión un grosero manotazo de Cardona a Enzo Pérez ni un penal por mano de Ponzio.

Boca tuvo una importante reacción anímica en el segundo tiempo. Empujó a River sobre su terreno, que dejó de controlar y pasó a aguantar. Rossi le quedaba lejos. Fueron 20 minutos en los que se ilusionó con el empate y más cuando Zárate reemplazó al intrascendente Tevez.

Gallardo puso pulmones frescos para la contención con Zuculini y repitió la fórmula ganadora de la Supercopa Argentina: un rato de Scocco para sentenciar la historia. Con el 0-2, Boca se apagó tanto como las tribunas, como si asumiera su destino de derrotado, salvo con dos cabezazos del final, que mostraron las dos versiones de Armani: lo poco que sale a cortar centros (la pelota dio en el travesaño) y lo inexpugnable que es bajo los tres palos (impresionante estirada). El bicampeón completaba 90 minutos muy desteñidos, casi de un equipo inmaduro. River infló el pecho, fue el señor del superclásico

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