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Bienestar

Sanó sus heridas del pasado y junto a su familia adoptó un estilo de vida nómade

Jimena Barrionuevo
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25 de septiembre de 2018  • 00:35

Habían pasado más de tres años desde que Corina y Carlos decidieran construir la casa de sus sueños en Roldán, Santa Fe. Cada detalle había sido pensado con un claro propósito. Juntos, habían seguido prolijamente el libreto de la vida. Ella, en particular, no estaba dispuesta a perder años sin que el balance fuera productivo, su pensamiento era demasiado estructurado como para mover una ficha de lugar. " El disfrute sólo es posible después de cumplir con la responsabilidad, me decía ese pajarito mental que a todos nos habla bastante seguido al oído. Después llegó la pareja, el trabajo, la casa y un hijo", recuerda Corina Valdano. Y los sueños quedaron archivados en un cajón. Viajar y conocer el mundo era una idea demasiado arriesgada para una vida tan encaminada.

Pero una noche en la que estaban por terminar de desembalar todas sus pertenencias tras la mudanza a la casa nueva, relajados despues de concretar la ansiada meta, Corina y Charly se miraron fijo a los ojos y se preguntaron. "¿Y si nos vamos? ¿por qué no? Lo que nos parecía una locura, se transformó en una posibilidad y a esa posibilidad le fuimos dando forma hasta convertirla en realidad". Como familia, la decisión de dar un giro a su vida, en gran parte tuvo que ver con preguntarse qué los hacía felices y dejar de seguir a ciegas el deber ser, sin interrogarse por miedo a las respuestas. "Así fue que juntamos coraje y cuando todos nos preguntaban ¿para cuándo el hermanito?, nosotros armamos las valijas y nos fuimos de gira sin saber demasiado qué nos esperaría". Corina siempre había deseado hacer una experiencia en otro país, sin embargo nunca había sido el momento indicado.

Había recorrido un largo y dificil camino en la vida hasta que finalmente conformó su familia. Logró salir adelante fortalecida de experiencias que marcaron su historia personal y transformó su dolor en una vocación a la que se dedica con pasion. Encontró en la psicología transpersonal un camino para bucear en su interior y profundizar en el sentido de la vida. "Todo por lo que pasé me sirve hoy para empatizar con mis pacientes y ver más allá de lo que muchos ven. De esa adversidad y dolor hice una vocación. Amo a ayudar a los demás porque sé lo que se siente haber estado del otro lado y sentirse incomprendida. Cuando vuelvo la mirada atrás, puedo decir que soy una agradecida... tanto dolor me permite hoy disfrutar de la vida y apreciarla con otra mirada".

Abrirse a la aventura

Por eso se dejó llevar por su deseo y con su marido no dudó en armar las valijas y entregarse a la aventura. "Dejar de contarnos el cuento de que lo queríamos sería para un más adelante que nunca llegaría fue la promesa que nos hicimos. Esa es en definitiva, la manera más inteligente de hacerse cargo de lo que uno quiere y siempre termina postergando. Nosotros dejamos de pensar qué lindo hubiese sido viajar. Y nos dijimos: viajemos como familia ¿por qué no? En ese momento decidimos embarcamos en esta gran aventura que fue sin duda la mejor decisión que hemos tomado hasta hoy".

Iniciaron el recorrido por España, Escocia, Inglaterra y República Checa, luego decidieron saltar a Turquía y de allí a la India, Malasia, Tailandia, Vietnam, Indonesia, Camboya, Laos y Taiwán. Actualmente se encuentran en Australia, en Perth, haciendo un house sitting (una modalidad que nació de la unión de dos necesidades, del que debe buscar un lugar para alojarse, y del que se va de su casa y quiere dejarla al cuidado de alguien responsable). "La casa es hermosa, en medio de la naturaleza, al lado del mar. Nos han dejado bajo nuestro cuidado la casa con todos los juguetes de los niños para que Joaquín, nuestro hijito, pueda usar, más lavarropas, heladera, espacio de sobra, bicicletas, ¡hasta el auto! Las personas que ofrecen sus casas suelen ser muy generosas y extremadamente serviciales, tal es así que han llenado la heladera antes de irse y nos hicieron una cena de recibimiento para conocernos con toda la familia. Estaremos un mes aquí, luego conseguimos un house sitting en Sidney y Brisbane, y ya tenemos confirmado dos más en Nueva Zelanda para diciembre y enero. No en todos los países esta disponible la modalidad, generalmente se da en lugares donde la seguridad está garantizada y la confianza es marca registrada".

A la hora de elegir el destino se aseguran que la velocidad de internet sea la adecuada para poder cumplir con eficientemente con el trabajo. Carlos es ingeniero en sistemas y trabaja para emprendimientos internacionales de manera online. Por su parte, Corina, como psicóloga, atiende por Skype a personas de habla hispana de diferentes países. Su perfil como terapeuta viajera le permitió abrir fronteras y mucha gente expatriada, radicada en diferentes países que busca hacer terapia en su idioma natal, la contacta a través de Facebook para iniciar sesiones online. A su vez, está en proceso de publicación de su primer libro y escribiendo el segundo acerca de la experiencia de viajar en familia.

Por eso para instalarse en algún país se inclinan por los espacios donde puedan combinar la posibilidad de tener privacidad para poder lograr concentración para trabajar y ella tener sus sesiones por Skype. "Lo fundamental es la disciplina y la organización. Muchas veces terminamos trabajando mucho más porque no postergamos nada y tratamos de adelantar. El disfrute y el trabajo son compatibles y no hay una absoluta diferenciación. No estamos deseando terminar de trabajar para después disfrutar, porque amamos lo que hacemos. Puedo ponerme a escribir cuando estoy en la playa o en la montaña, he tenido sesiones en medio del silencio de la naturaleza y mi marido reuniones en bares, hasta en el subte".

En cuanto a la educación de Joaquín, ellos mismos se ocupan de darle clases. Buscan contenido de internet y se dejan guiar por docentes que los ayudan en el proceso. El chiquito aprendió a leer y a escribir en el viaje. "Aprendió muchísimas cosas en la escuela de la vida, conoce la historia de Buda, aprende historia de cada país al que vamos. Nos guiamos también por sus intereses y motivaciones y hacemos de cada ocasión de viaje un aprendizaje. También aprendió a hablar inglés. Se fue siendo un niño tímido y ahora baila en el tren haciéndose el gracioso mientras le sacan fotos. Además, alivianar equipaje le enseñó a Joaquín a ser creativo y a jugar con lo más simple, construye edificios con plastilina y escarbadientes, arma pistas con maderitas y vuela aviones de papel como si tuviesen la más grandiosa tecnología".

Romper el molde

No se transformaron en hippies, aclaran que son una familia normal que un día decidió ser nómade digital. Por eso, los gastos del viaje los solventan trabajando y les alcanza. No gastan dinero en cosas que no necesitan, van livianos y "si algo entra, algo sale". Aseguran que no acumulan y que en los países más costosos como Australia y Nueva Zelanda, se ahorran el alquiler haciendo house sitting.

Partieron con la idea de viajar durante 6 meses y ya llevan 2 años recorriendo el mundo. "La casa que construímos espera por nosotros aún sin estrenar. Fue como si luego de tildar el casillero casa propia, nos hubiésemos relajado para hacer lo que deseábamos hacer. La familia nos decía: ¡si acaban de mudarse! ¿Y? Armamos las valijas y en menos de dos meses nos llevamos nuestra vida por ahí. ¡Romper ciertos moldes que resultan limitantes se siente tan liberador! Como seres humanos tendemos a pensar la vida en polaridades: todo o nada, blanco o negro, ahora o nunca, y esta mirada dual nos coloca entre la espada y la pared, sin escapatoria. Sin embargo, se pueden tener responsabilidades y no esperar a la jubilación para disfrutar de lo que nos gusta, sin culpa. Nosotros aprendimos a escuchar nuestras emociones con esa dosis de prudencia que nos permite hoy proyectar y vivir a la vez cada momento con intensidad".

Haber tenido la oportunidad de recibir las enseñanzas del Dalai Lama y que acariciara el rostro de su hijo, fue una vivencia que Corina nunca olvidará. Como tampoco la aventura de dormir en carpa en las montañas del Himalaya, volar en parapente en la India, caminar por los arrozales, abrirse paso en la selva, bucear en las profundidades de las aguas de Tailandia. "Estas experiencias no requieren más dinero del que se hace trabajando. La inversión más difícil es la inicial: animarse a soltar la comodidad, acostumbrarse a vivir con poco y estar livianos de equipaje. No hay nada extraordinario, se trata más bien de elegir hacer lo ordinario de manera extraordinaria".

La voz del especialista

Blas Briceño es Licenciado en Ciencias de la Computación (Universidad de Buenos Aires), forma parte de la Comisión Directiva de la Cámara de Empresas de Software y Servicios informáticos (CESSI). En este audio reflexiona sobre las nuevas modalidades de educación y las posibilidades que brinda lo digital para el aprendizaje.

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