Daniel Veronese se multiplica entre la Argentina y España

Daniel Veronese, en el centro de Madrid
Daniel Veronese, en el centro de Madrid Crédito: Alex Puyol
El director montó tres obras en Madrid y planea estrenar cuatro propuestas en la cartelera porteña, con un regreso al ámbito que lo hizo prestigioso: el teatro independiente
Laura Ventura
(0)
24 de septiembre de 2018  

MADRID.- A fines de los años setenta Moris escribió en este local madrileño, uno de los pocos bares que trasnochaban, su tema "Nocturno de Princesa". A sus espaldas unos adolescentes trepan por esa escultura cuyo diseño inconfundible le merece el nombre popular y no oficial de "la Plaza de los Cubos". Daniel Veronese se integra a este paisaje desde hace varias décadas y mientras habla de las tres obras que montó en España y de las cuatro próximas que se estrenarán en Buenos Aires, su conversación se detiene. Curioso, con el oído desplegado en todas sus dimensiones -la palabra, el acento y la intención- y su mirada pendiente de tantos detalles, siente terror. Mutis por el foro una pequeña con pañales juega con una botella de vidrio a la que hace rebotar sobre las baldosas como si se tratara de una pelota. El director la busca con su mirada hasta que aparece un adulto en escena y con él, el equilibrio. Entonces Veronese vuelve a hablar de aquello que respira, palpa, escucha, imagina, escribe y sueña: el teatro.

Aunque había viajado varias veces con El Periférico de Objetos, fue en 2005, con El túnel y Héctor Alterio, su primer desembarco en España como director. Desde entonces, Veronese no para de sumar capítulos más allá del Atlántico y de batir récords personales como ocurre en el presente con la multiplicidad de propuestas que llevan su firma. La primera obra que presentó este año es Todas las mujeres, de Mariano Barroso (presidente de la Academia de Cine de España) y Alejandro Fernández. Veronese convocó a Fele Martínez (el rebelde sin causa de Tesis y el dramaturgo de La mala educación, de Pedro Almodóvar), con quien ya había trabajado en la versión española de Bajo terapia. La obra parte en una gira por el país hasta julio de 2019. En un comienzo, Veronese pensó en montar esta versión de la obra -tiene un sutil y significativo cambio en el final- en Buenos Aires, pero por el momento deberá esperar. Todas las mujeres es también un guion que se adaptó al cine, en una película protagonizada por Eduard Fernández. Un veterinario comete un pequeño crimen y desde el inicio hasta el final comienza una espiral frenética por salvarse, mientras acude a un grupo de mujeres cruciales en su vida. "Es un tipo que tiene calidez, no es un hijo de puta. Pobre tipo y pobres también todas sus mujeres. Se va metiendo cada vez más dentro de en una ciénaga".

La segunda obra de Veronese en España, de gira por el país, es Espía a una mujer que se mata, su versión de Tío Vania, con un elencazo: Jorge Bosch, Pedro García de las Heras, Ginés García Millán, Malena Gutiérrez, Marina Salas, Susi Sánchez y Natalia Verbeke. "Fui al Centro Dramático Nacional y les dije que, como se cumplían diez años desde Mujeres soñaron caballos, quería volver a Chejov, y les pedí hacer una obra en la misma sala, con la misma escenografía, y junté actores con los que ya había trabajado en La gaviota". Veronese presentará su tercera propuesta en breve, en los Teatros del Canal: Siete años, de José Cabeza. Cuatro socios que efectuaron un desfalco intentan "rifarse" la pena de prisión que debe recaer sobre uno de ellos.

En Buenos Aires lo espera a su regreso una agenda apretada. Tal como lo adelantó este diario, prepara para enero una comedia, posiblemente en el Picadero, con producción de Sebastián Blutrach, de título tentativo Terapia amorosa, de Daniel Glattauer, con Fernán Mirás, Benjamín Vicuña y Violeta Urtizberea. Veronese trabaja también con la adaptación de dos textos de David Foster Wallace: La persona deprimida, que será interpretado por María Onetto, y Encuentros breves con hombres repulsivos, que contará con Marcelo Subioto y Luis Ziembrosky. Además, lo entusiasma otro proyecto: Los arrepentidos, del sueco Marcus Lindeen, sobre dos personajes que transitaron un cambio de sexo, una pieza que en algunas funciones será interpretada por hombres y en otras, por mujeres. "¿Qué es el género? ¿Qué es la sexualidad? Tenemos que empezar a pensar de otra manera. Aprendo con los espectáculos y a través de Los arrepentidos lo que más me interesa es hablar de la dignidad de elegir". El cuarto proyecto es una versión de Pequeños burgueses, de Máximo Gorki, que se llamará Estrellas de corazones tristes, cuyo estreno está previsto para la segunda mitad de 2019.

-¿Por dónde va tu búsqueda como director en la actualidad? ¿Por qué elegiste estos textos?

-Son obras duras que ponen en jaque el carácter dramatúrgico que uno está acostumbrado a ver. Son experiencias dramatúrgicas más conflictivas para el espectador. Hice mucho teatro comercial, me ganó en un momento, y tengo necesidad de volver a afincarme en lugares de conflicto con el espectador, que algunos queden afuera o que piensen si eso les interesa o no. El teatro comercial tiene que ser complaciente, tiene que ser bueno, claro, pero no puedo espantar al público, no puedo forzar la máquina.

-¿Cambia en algo tu modo de dirigir según la modalidad de producción?

-No. Soy el mismo cuando hago teatro comercial, donde estoy contratado, y en el otro, donde elijo a mi elenco, cuánto va durar la obra, cuánto va a salir la entrada, etcétera. Comparto esas decisiones con los actores. Somos nosotros dueños del producto.

-¿Qué diferencias hay entre España y la Argentina a la hora de dirigir?

-En España les atrae que no hago lecturas. El primer día empezamos a ensayar con letra sabida, caminando, y a los diez días ya está montada la obra. Para ellos es una cosa impensable. Estoy acostumbrado a los veinte días a hacer una muestra para amigos. Expongo a los actores a que vayan probando con el púbico cómo funciona la cosa. Diría que los actores argentinos son más proclives a improvisar, a proponer. En España son muy obedientes, pero también esa obediencia me permite armar esta estructura más rápido y después, con todo construido, los empujo a que se ensucien. En la Argentina trabajo ya con bordes imprecisos desde el comienzo.

-¿Te dan ganas de actuar, de meterte en el escenario?

-Sí, mientras dirijo, les actuó a los actores, pero solo ahí. Yo sé lo que quiero, pero también lo sé cuando estoy viendo. Al ser dramaturgo, siempre hago una versión pensando en las acciones, pero sobre todo pensando en las palabras. Y una vez que tengo una versión dramatúrgica, hago una versión escénica y cambio, cambio, cambio cosas que antes no veía. Paso de una necesidad literaria a una necesidad escénica. Me atrevo a pasar por encima de la obra y necesito actores que comprendan eso.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.