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Yoga y atención plena, dos técnicas para aprender a relajarse

Si bien no deben sustituir ningún tratamiento, pueden ser útiles para reducir los niveles de estrés
Si bien no deben sustituir ningún tratamiento, pueden ser útiles para reducir los niveles de estrés
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24 de septiembre de 2018  

Desde hace unos años, el yoga, la meditación y el mindfulness (o la atención plena) comenzaron a volverse cada vez más populares. Pero ¿en qué medida contribuyen esas técnicas a reducir el impacto del estrés en niños y adolescentes?

Marina Lisenberg, psicóloga y especialista en mindfulness, explica que esa práctica se vincula, básicamente, con aprender a observarse y conocerse a uno mismo, así como a regular el modo en que nos relacionamos con nosotros y con los demás.

"En la medida en que un chico es consciente de su cuerpo, sus necesidades, pensamientos y emociones en el mismo momento en que suceden, se le abre un menú de opciones sobre cuáles son las mejores maneras de responder", sostiene Lisenberg, autora del libro Atención plena para niños y adolescentes. Prácticas de mindfulness en la crianza, la salud y la educación.

"Cuando uno activa mediante la respiración u otra técnica la respuesta de relajación del cuerpo, consigue un efecto de despeje, la posibilidad de recalcular y controlar las reacciones", agrega la psicóloga.

Para la especialista, lo que gana el niño o adolescente son "recursos para afrontar y aprender a regular el estrés". Sin embargo, advierte que el mindfulness no se consume "como una pastilla". Tampoco supone una curación para todos los males ni sustituye un tratamiento de salud física o mental.

"Requiere disciplina y motivación. En poblaciones que sostienen su práctica de forma regular y son asistidas por profesionales, está demostrado científicamente que es útil como complemento en tratamientos integrativos, que incluyen el alivio del dolor y el manejo del estrés y de la enfermedad", asegura Lisenberg.

Repensarse en el aula

Contener y guiar a los alumnos en el desarrollo de sus habilidades socioemocionales y facilitar su adaptación a los desafíos del entorno que los rodea: ese es el objetivo de la Asociación Civil Programa Yoga en la Escuela ( facebook.com/programayogaenlaescuela), que empezó a trabajar en 2009 en la Escuela Primaria Nº 25 de la villa La Cava, en San Isidro, donde llega a 160 alumnos. Además, actualmente tiene presencia en un colegio privado de Pacheco y en una escuela especial.

"Lo que hacemos tiene que ver con una forma de encarar la vida y la actividad escolar de otra manera, de abrirse a tener un momento para descubrirse a uno mismo y repensarse, de relajación y descanso sin creer que es una pérdida de tiempo", describe Geraldine Ferretto, del departamento directivo de la asociación.

Según los profesores de yoga, los efectos de la práctica en los chicos son notorios. "Facilita el desarrollo de la creatividad, la empatía, la autoestima y la comunicación, entre otros. Los ayuda a autorregularse y responder ante distintas situaciones sin usar la violencia", cuenta Ferretto. "Ver los rostros de los chicos en la relajación final de la clase y la paz interior que transmiten es muy emocionante", agrega.

Cecilia Carrano, una de las impulsoras de la iniciativa, recuerda el caso de un alumno que durante cinco años participó de las clases de manera comprometida, pero que no quería hacer la relajación: no podía acostarse ni cerrar los ojos.

"Después, la maestra me contó que había sufrido de abuso en su familia. El año pasado, por primera vez, puedo hacerlo, y cuando terminó me dijo: 'Seño, esto está buenísimo'. Había experimentado un momento de paz y calma. Para mí, ese fue un logro y un cambio inmenso", confiesa Carrano.

A más de 1700 kilómetros de La Cava, en la localidad de Rada Tilly, Chubut, está el Complejo Educativo Everardo de Casa Tilly ( facebook.com/everardodecasatilly.edu).

Comenzó a funcionar en 2000, con el foco en las llamadas habilidades blandas, al igual que en el concepto de las neurociencias. "Sin conocer esos términos, trabajábamos desde nuestra propia intuición y poco a poco fuimos capacitándonos todo el equipo", recuerda Marina Cuzen, que fundó la escuela junto a su marido, Héctor de Orta.

"Pensábamos que lo importante no eran solo los contenidos curriculares obligatorios. Nos dimos cuentan de que además de los hábitos del cuidado de la ecología y la higiene personal, era clave que los chicos aprendiesen a respirar y a practicar mindfulness", dice Cuzen.

A la institución, que es privada, asisten 450 alumnos de los niveles inicial, primario y secundario. "Estas propuestas hacen que las relaciones interpersonales funcionen más dinámicamente, así como la sensibilización y las relaciones más allá de las redes sociales. En ninguno de los niveles tenemos conflictos", subraya Cuzen.

Por su parte, Lisenberg concluye: "Las práctica del mindfulness nos permite ir aprendiendo a reconocer la manera en que cada uno afronta los estresores, qué herramientas y estrategias tiene para manejar la situación, su estado emocional y cuáles son sus hábitos, condicionamientos y conductas".

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