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Con Hermafrodita, su nueva obra, Francisca y los Exploradores cambia de piel y crece

El arte de tapa del cuarto disco de la banda, que une los intereses del nuevo indie con la tradición del rock local
El arte de tapa del cuarto disco de la banda, que une los intereses del nuevo indie con la tradición del rock local
Influidos por American Dream, de LCD Soundsystem, y apadrinados por Fito Páez, que canta en un tema, registraron su cuarto álbum en México, al calor de su primera gira internacional
Alejandro Lingenti
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24 de septiembre de 2018  

Casi sin darse cuenta, Franco Saglietti saltó de la tranquilidad de una casita de campo en Brandsen al gran escenario del Foro Sol en México. En aquel refugio de la provincia de Buenos Aires, este joven músico cordobés hijo de un carnicero y un ama de casa grababa hace unos meses, con el resto de Francisca y los Exploradores -Bruno Dante (batería), Niko Garay (teclado), Ítalo Luciano Ferro (guitarra) y Kevin Boresztein (bajo)-, el cuarto disco de la banda, Hermafrodita, hoy recién salido del horno.

En el enorme estadio de la Ciudad de México se mostraba por primera vez en el Vive Latino, un festival masivo en el que hubo, en marzo pasado, otras bandas argentinas, como Los Pericos, La Beriso, Las Pastillas del Abuelo y Él Mató a un Policía Motorizado, y números internacionales de peso, como Queens of the Stone Age, Morrissey y Gorillaz. "Después de preproducir en Brandsen a lo largo de una semana, viajamos a México y grabamos los temas allá. Fue un proceso muy lindo, y eso se nota en las canciones. Se percibe esa fraternidad entre nosotros. Técnicamente, la diferencia con grabar en la Argentina quizá sea mínima, pero la idea era cargar el disco de esa mística grupal, que apareciera el resultado de ese laburo en equipo bien fraterno y condensado, toda la ilusión de cinco chabones que están yendo por primera vez de gira, que tocan en el Vive Latino... Todos esos condimentos potenciaron el disco", explica Fran, a cargo de la voz y los sintetizadores y autor de todas las canciones de Hermafrodita.

Producido por el rosarino Gonzalo Aloras y con Fito Páez como invitado estelar, el flamante álbum de Francisca y los Exploradores privilegia los sintes y las bases electrónicas, en línea con la música que últimamente viene capturando la atención de Saglietti: "El último disco de LCD Soundsystem, American Dream, me pegó mucho. Fue bueno tenerlo bien presente y tratar de darles esa dirección estética y sonora a mis canciones. El trabajo de Gonzalo, a quien conozco desde hace unos cuantos años, fue muy importante. Tenía un repertorio muy ecléctico, no sabía cuál era el hilo conductor. Y él se encargó de eso y sumó mucho".

La experiencia en el Vive Latino parece haber sido muy positiva en el ánimo de la banda. Para una banda independiente argentina, llegar a ese festival significa abrir una puerta en el mercado más importante de la región para los artistas de habla hispana. "Es un festival muy picante, y a mí esa industria me interesa bastante -admite Fran-. Fue determinante el apoyo de nuestro sello, Geiser Discos, que confió en nosotros y nos ayudó económicamente para la grabación del disco y para el viaje. El Vive Latino es exorbitante: a la tarde, cuando tocamos, ya había unas cuarenta mil personas dando vueltas por el estadio. Y a la noche ya eran cerca de cien mil. Tengo unos flashbacks muy hermosos del show de Gorillaz, de estar cerca de un montón de músicos grosos en los camarines. Y el fan mexicano es muy fiel, no es tan snob como en otros lugares. Si le gusta, compra de una y estudia a la banda, se sabe todas las letras, sabe hasta dónde naciste. Después, hicimos una girita por México. Tocamos en lugares muy cualca y en lugares muy geniales. Estuvo buenísimo".

Instalado en Buenos Aires desde hace unos años, Saglietti es notoriamente el cerebro de Francisca y los Exploradores: compone, decide cada paso del proyecto e incluso traba relaciones productivas con músicos de otra generación (Aloras, Páez, Adrián Dárgelos, quien puso la voz y una parte de la letra de "El destino", un muy buen tema de Franco, el disco anterior del grupo). "Estoy superabierto a que mis compañeros traigan cosas -señala-. De hecho, cuando laburamos en Brandsen salieron dos tracks que no quedaron en este disco nuevo, pero que seguramente vamos a mostrar más adelante. Eso fue pura creación colectiva. Pero es cierto que uso la cinta de capitán, que me pongo la banda al hombro, que Francisca y los Exploradores es algo muy mío".

Igual que otras bandas contemporáneas de la escena independiente (Usted Señálemelo, Perras on the Beach, Juan Ingaramo, Luca Bocci), Francisca y los Exploradores no oculta el diálogo con la tradición clásica del rock argentino, un vínculo del que buena parte del indie local se había alejado voluntariamente durante años. "Creo que ya pasó el tiempo necesario como para retomar esa tradición -opina Fran-. Hasta no hace mucho te podían decir 'ah, es igual a Fito'. Pero creo que la generación millennial tiene menos prejuicios. Hay más fusión gracias a internet, son tiempos que propician que nos acerquemos a las raíces del rock de acá, que podamos revelar nuestro orgullo por Páez, por Cerati, por Calamaro, por Charly". García es, de hecho, uno de los referentes más importantes para Saglietti: "Lo escucho todo el tiempo, pero lo más loco es que no me dan ganas de ser como él, más bien me impulsa a ser yo. Escucho a Charly y me dan ganas de hacer canciones mías. Lo fui a ver hace poco y tocó increíble los sintes. Estaba bien, muy lúcido. Canta poco, pero transmite tanto que en cada show se arma una especie de karaoke colectivo. Pero también me gusta mucha gente de mi propia generación: Él Mató, Maxi Prietto, Simón Poxyrán, Bandalos Chinos, Indios... Ellos también son una inspiración. Se está armando algo muy lindo en el rock argentino".

Con Hermafrodita, Francisca y los Exploradores cambió la introspección y cierto aire experimental de trabajos anteriores ( Franco, Barbuda) por canciones con letras más directas y ritmos más acelerados. "Se empezó a filtrar la realidad, me parece -analiza Fran-. Hace un tiempo que empecé a flashear con las letras de Andrés Calamaro y entonces traté de darles a las mías una perspectiva un poco más cotidiana, más real, sin tanta fantasía. Entre lo que pasa a tu alrededor y lo que ya llevás adentro se arma una sopa divina".

Ese viraje se produjo después de vivir unos años en Buenos Aires, una ciudad llena de ruido, estímulos e inequidades que Saglietti define sin ambages como hostil: "Es un lugar pesado -argumenta-. Yo la amo profundamente, pero claro que es hostil. El maltrato está muy cerca, a flor de piel, entonces aparece lo peor de vos. Es una ciudad muy egoísta. Obvio que yo me incluyo. Siento que el pibito de pueblo que vino acá hace unos años ya se ensució bastante y se encontró con cosas de él que no están tan buenas. Hay un nivel de violencia que me supera, pero a la vez siento que Buenos Aires también tiene muchísimo para dar porque está muy cargada culturalmente. Viajar me sirvió para darme cuenta de que el under de Buenos Aires es el mejor de América Latina. Capaz que no hay tantas marcas poniendo guita ni mucho apoyo de los medios, pero hay mucha gente con energía para hacer cosas todo el tiempo. Esos músicos del rock nacional de otra generación que plantaron bandera en épocas difíciles, como la de la última dictadura militar, son un ejemplo. Me gusta mucho sentir que estamos tomando esa posta".

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