Razzle Dazzle o la técnica de camuflarse en un hecho teatral vivo

Luces en la oscuridad para la puesta de Trampa para fantasmas
Luces en la oscuridad para la puesta de Trampa para fantasmas
Luciana Acuña y Luis Biasotto, del prestigioso grupo Krapp, estrenaron Trampa para fantasmas, inspirándose en la técnica de Norman Wilkinson para la guerra
Alejandro Lingenti
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24 de septiembre de 2018  

En 1917, Norman Wilkinson, un pintor e ilustrador británico que sirvió en la reserva de la Royal Navy durante la Primera Guerra Mundial como capitán de corbeta, fue asignado a una unidad de patrullas que se encargaba de la detección de submarinos enemigos. Un tiempo más tarde Wilkinson se haría conocido como el inventor del Razzle Dazzle, una curiosa técnica de camuflaje inspirada en la pintura cubista y destinada a desorientar a los enemigos. "Como era imposible pintar el casco de un barco de forma que no lo avistara un submarino, había que hacer precisamente lo contrario: pintarlo no para lograr su baja visibilidad, sino de modo que rompiera su forma y confundiese al oficial del submarino enemigo", explicó Wilkinson. El resultado fue realmente llamativo: un grupo de barcos pintados con combinaciones de trazos y colores que remitían a una línea de las artes plásticas que había nacido apenas unos años antes y que dañaba la eficacia de los telémetros del adversario. ¿Puede una historia así inspirar una obra teatral? La respuesta es sí y la prueba patente es Trampa para fantasmas, una singular propuesta dirigida por Luciana Acuña y Luis Biasotto que se estrenó el sábado pasado, en El Galpón de Guevara (Guevara 326).

Fundadores del inquieto Grupo Krapp en 1998, Acuña y Biasotto presentaron en la última Bienal de Performance de Buenos Aires un trabajo que terminó siendo el germen del que acaban de estrenar. "Era un material que queríamos seguir investigando. Entonces mantuvimos a los personajes y montamos una nueva obra que propone distintas lecturas -explica Acuña-. Esta obra también habla solapadamente de cierto poder que empieza a arrebatarte cosas sin que vos veas de dónde viene".

El imaginario bélico fue entonces un importante punto de partida, tal como la dupla se encarga de remarcar en el programa de la obra: "La forma más sencilla para lograr ocultarse de los enemigos es mantenerse inmóvil, tratar de no respirar. Seres que esperan, que se mueven lento y calculan cada paso. Quizás algún imaginario de la guerra, de la naturaleza, de la disolución del cuerpo o del advenimiento del caos... Todo es parte de una gran confusión, de una sensibilidad graciosamente rota y despiadada. De este modo, la tragedia resulta absurda e inevitable y puede tornarse fantásticamente truculenta".

En un principio, Acuña y Biasotto pensaron con Ariel Vaccaro, un escenógrafo que habitualmente trabaja con Krapp, en ocultar también la escenografía, pero después terminaron descartando esa idea. "En eso tiene que ver una pregunta que nos venimos haciendo hace mucho y que ya estaba muy presente en África, otro de nuestros trabajos: cómo desaparecer en escena", señala Biasotto.

Los protagonistas de Trampa para fantasmas son Milva Leonardi, Alejandro Alonso, Francisco Dibar, Quillén Mut Cantero y Ana García, que primero aparecen camuflados con un vestuario que reproduce aquella original técnica de Wilkinson y después con unos extraños trajes, ideales para ocultarse en un bosque, y unos ojos luminosos que recuerdan a los que tenían los monos que deambulaban en Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives, la exótica película del tailandés Apichatpong Weerasethakul que ganó la Palma de Oro en Cannes en 2010.

"Nos atrae desde siempre la idea de la invisibilización, de no ser nada, nadie, de pasar inadvertido... A partir de ahí se abrió este imaginario bélico -cuenta Acuña-. Pensamos en los francotiradores que permanecen muchos tiempo ocultos y en el peligro de la muerte. La muerte es un tema que también está sobrevolando siempre nuestros trabajos. Es algo frecuente, real, universal".

Contribuyen a darle más espesor a la obra los textos que escribió especialmente Alejo Moguillansky -director de cine, pareja de Acuña hace años-, la iluminación de Matías Sendón (que en algunos pasajes toma como referencia a la del famoso capítulo 8 de la nueva temporada de Twin Peaks estrenada en Netflix) y la música compuesta por Gabriel Chwojnik, otro socio usual de Krapp (también suena en la obra una canción de Gabriel Almendros, uno de los integrantes de ese grupo). "La gente no se daba cuenta de que el cubismo, que había generado tanto escándalo en las galerías de arte, estaba operando con eficacia en el campo de batalla. Somos soldados-artistas. Artistas de la guerra", se lee en uno de los tramos de la proyección de esos textos que se cuidan prudentemente de no clausurar sentido. "En los textos está esta idea de invisibilizarse y desaparecer, pero también apareció la idea de la relación entre ocultamiento y poder -revela Acuña-. Lo que no está es lo que empieza a dominar".

Lo que produjo individualmente Moguillansky complementa la propuesta visual y de movimiento de la obra, pero notoriamente evita explicarla. "Le tenemos miedo a la solemnidad y creemos poco en la palabra -dice Biasotto-. Si el texto bajara cierta línea, en lugar de abrir espacios, hubiera sido un problema. Con nuestras obras buscamos provocar siempre esa apertura".

Producida con un subsidio de Prodanza de 80.000 pesos y ahorros que fueron reuniendo con esfuerzo, Trampa para fantasmas también significa para Acuña y Biasotto, que en los últimos años venían estrenando con Krapp siempre en el marco de teatros oficiales, la posibilidad de un reencuentro con el off. Aprovecharon una convocatoria de bailarines de Art Basel, la importante feria internacional de arte que pasó por Buenos Aires este año, para poner el cuerpo y sumarle recursos a su propia producción. "Invertimos en esta obra lo que ganamos ahí y después nos fuimos arreglando con lo que teníamos a mano. Estamos usando unos juguetes a control remoto de mi hija que están entre lo más caro de la producción", bromea Acuña. "Pero estamos felices de volver a estrenar en una sala del circuito alternativo, en un horario típico de ese circuito", agrega. "De algún modo, es una forma de resistencia en estos tiempos tan difíciles. Hay que adaptarse a lo que hay", completa Biasotto.

Trampa para fantasmas

de Luciana Acuña y Luis Biasotto.

Sábados, a las 23.

El Galpón de Guevara, Guevara 326.

Localidades, 250 pesos.

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