El paro de mañana

Una vez más la sociedad quedará prisionera de una medida de fuerza que, lejos de defender el trabajo, busca recalentar el clima social y debilitar al Gobierno
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24 de septiembre de 2018  

La CGT, la CTA y los llamados gremios "combativos" llevarán a cabo mañana un paro nacional, el cuarto contra el actual gobierno nacional, que en algunas actividades comenzará a sentirse a partir del mediodía de hoy con cese de actividades y movilizaciones. Una vez más la sociedad queda presa de la prepotencia sindical y de una medida que, antes que defender el trabajo y los intereses de los trabajadores, consiste en una clara acción política de oposición con la intención de debilitar al Gobierno recalentando el clima social.

La CGT se ha visto desafiada y obligada a confirmar el paro debido a las fuertes declaraciones de neto tono extorsivo del dirigente de los camioneros, Hugo Moyano, quien afirmó que "sería un suicidio" que la CGT suspendiera la medida de fuerza.

Luego, en el club Ferro, Moyano desafió al Presidente con manifestaciones de sesgo golpista: "Usted, Macri, no nos va a doblegar. Esto no da para más. Hay que terminar con las políticas de este gobierno. El pueblo no se puede volver a equivocar al elegir".

No es casual que muchos de los impulsores del paro procuren sembrar el caos con la esperanza de escapar de las causas judiciales en las que se encuentran acorralados.

También adhiere al paro la mesa nacional del Plenario del Sindicalismo Combativo, que procura que la medida de fuerza se transforme en un enorme pronunciamiento de la clase obrera contra el ajuste y "que sirva para superar el "colaboracionismo" de la CGT con el Gobierno. Otro apriete a la central sindical.

Para el Sindicalismo Combativo la medida es el resultado "de la resistencia a los despidos y a la destrucción del salario, que crece desde abajo", y como ejemplo mencionó la huelga universitaria y la lucha de los trabajadores del Astillero Río Santiago.

Se trata de dos pésimos ejemplos que ponen en evidencia una orfandad argumentativa y desnudan la clara intencionalidad política de la medida de fuerza.

Como todo paro, el universitario, de muy dispar acatamiento, no ha hecho más que perjudicar a los alumnos. Al respecto, el ministro de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, Alejandro Finocchiaro, se refirió a la huelga nacional y habló de clichés "como el acuerdo con el FMI y mentiras como el desfinanciamiento del sistema universitario y la eliminación del Fondo de Incentivo Docente". Afirmó que "con clichés se hacen paros y marchas, pero no se construyen sistemas educativos". Por su parte, la Unión de Trabajadores de la Educación resolvió llevar a cabo un paro de 48 horas, hoy y mañana.

El caso del Astillero Río Santiago constituye un escándalo que se quiere disfrazar de defensa de los puestos laborales.

La semana pasada unos 700 trabajadores del astillero entraron por la fuerza y con amenazas en el Ministerio de Economía bonaerense y tomaron el edificio durante más de diez horas, para exigir insumos por 49 millones de pesos y la regularización de condiciones de trabajo.

En cambio, el gobierno bonaerense afirma que la disputa no es por insumos ni en defensa de las fuentes de trabajo, sino para conservar privilegios de sindicatos que se encuentran bajo investigación judicial debido a estafas millonarias. "No se negocia bajo extorsión", advirtió el ministro de Economía bonaerense, Hernán Lacunza, y explicó que en diez años el astillero no fabricó un solo barco, pero cuenta con 3250 trabajadores y le cuesta a la provincia 3500 millones de pesos al año, casi un millón por empleado.

No hay dudas del difícil momento por el que atraviesa nuestro país en lo económico y en lo laboral. Tampoco puede cuestionarse el derecho de distintos sectores de la oposición política a disentir en todo o en parte con las medidas del Gobierno para superar la coyuntura. Pero de lo que no hay dudas es de la motivación política de un paro que no contribuirá a la solución de los problemas. Al contrario. Al mismo tiempo, sorprende que quienes critican falsamente que el oficialismo no impulsa la producción sean quienes impulsen el cese forzado de actividades.

Como hemos afirmado en reiteradas oportunidades en estas columnas, la huelga general dista de ser el mecanismo apropiado en una democracia para ejercer la oposición.

El paro es una herramienta del pasado que sobradamente ha demostrado su inutilidad. La crisis actual hunde sus raíces en la anterior administración, que usó al Estado para delinquir y al mismo tiempo para cargarlo de empleados y así hacer política de la peor calaña y a costa del gobierno que habría de sucederla.

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