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Boca-River. En la Bombonera se preparó una fiesta, pero todo se tiñó de rojo y blanco

Boca-River, el superclásico dentro del vestuario
Boca-River, el superclásico dentro del vestuario Crédito: Prensa River
Franco Tossi
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24 de septiembre de 2018  

El clima del superclásico tiene condimentos que invitan a contar, aunque emana emociones que no son simples de proyectar. En pequeños detalles se advierte el pulso de semejante cita. Pero cómo transmitir con qué intensidad se acelera el pulso de los hincha. En la Bombonera y en Núñez se cortaba el aire, se respiraba tensión. Ansiedad, esa palabra tan conocida, pero tan compleja de domar, es sinónimo de clásico. Y bueno, se trata de Boca y River , es lógico aguzar los sentidos.

La casa de Boca era una caja de resonancia de pasión. A las 15 se habilitaron los accesos a la Bombonera, pero los alrededores transpiraban en azul y amarillo. Desde afuera del estadio se escuchaban gritos voraces pidiendo por una victoria que River cerca de las 19 se iba a encargar de ahogar.

Tuvieron su momento Agustín Rossi y Franco Armani . Para el arquero de la selección argentina: chiflidos ensordecedores y gritos de goles ante cada pelota que entraba en su arco tras los remates de su entrenador de arqueros. Para el castigado Rossi, el regalo llegó con un coro perfectamente claro: "¡Olé, olé, olé, olé, Rossi, Rossi!".

Se advirtió la necesidad de imprimir energía positiva dentro del estadio. Los dirigentes xeneizes le hicieron un homenaje a los campeones de la Intercontinental de 1977: Roberto Mouzo, Jorge Ribolzi, Mastrangelo, Pernía, Carlos Salinas, Carlos Álvarez, Zanabria, Veglio y Daniel Pavón. Y con un sincronía perfecta, Boca recibió a River con bandera con el slogan: "El único grande".

Y detrás de ese primer indicio de burla xeneize, llegaron otros tantos, ya que desde que el conjunto millonario perdió la categoría, los hinchas xeneizes se los recuerdan cada vez que pisan la Bombonera. Una bandera con el dibujo de un escritorio (en alusión a la serie de los octavos de final de la Copa Libertadores 2015 que los cruzó y que quedó en manos de River por el suceso del gas pimienta) y el escudo riverplatense por encima, con una letra "B" en el centro.

Duró poco esa sensación de alegría en la Bombonera y la angustia se desparramó por las tribunas cuando el bombazo de Gonzalo Martínez quemó la red del arco de Rossi. Alguno se debe de haber restregado los ojos pensando que se trataba de un flashback del clásico anterior en la Bombonera en el que los de Núñez habían vencido 3-1. Desde allí, todo fue decepción y los ánimos estuvieron alterados. Sobre todo, en cada pelota que Boca tocaba en la mitad de la cancha con inseguridad.

Ante la desesperación de un resultado nuevamente desfavorable ante River, los hinchas xeneize encontraron en Mauro Vigliano al enemigo ideal, ya que el árbitro del superlcásico no advirtió dos penales para los de la Ribera: una mano de Ponzio y un empujón Casco sobre Pavón. Y como si no fuera suficiente tanto castigo, apareció Nacho Scocco para anudar los estómagos de los hinchas xeneizes que se miraban casi sin poder comprender cómo era que se le escapaba otro clásico.

Apenas algunas discusiones en las plateas, pero nada demasiado importante. Quizá las medidas de seguridad para este duelo hayan ayudado para poder disfrutar de un acontecimiento semejante sin tener que lamentar disturbios. Para el operativo se utilizaron algo más de 1000 efectivos, una cifra que solía destinarse cuando la hinchada visitante concurría en cada fin de semana. Incluso, se detuvieron 10 ómnibus para realizar controles, en los que se les solicitó a los pasajeros sus DNI, la habilitación del vehículo y se requisaron los colectivos.

Otra jornada con un sabor de boca dulce para River y en la casa xeneize. Un escenario ideal para semejante gesta. Otro superclásico para Boca con un cachetazo de esos que duelen. Una fiesta más en la que la pelota no fue sólo la protagonista. Un espectáculo único.

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