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Aun con datos malos, hay que mirar hacia adelante: el horizonte es marzo de 2019

Guillermo Oliveto
Guillermo Oliveto PARA LA NACION
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24 de septiembre de 2018  

¿Qué perdimos en 2018? De todo. La sociedad, poder adquisitivo en pesos y, sobre todo, en dólares. Los más perjudicados perdieron el empleo. Entre enero y junio, de acuerdo con los datos oficiales, cayeron 91.000 puestos de trabajo registrados en blanco.

Las empresas, tanto grandes como pymes , perdieron ventas y, especialmente, rentabilidad. Todos perdimos estabilidad, confianza, energía y, quizá lo más trascendente, horizonte.

El martes 21 de agosto la cotización del dólar era de $30,60. El miércoles 29 subió a $34,30. Y el jueves 30, al mediodía, cotizaba a $42 y subiendo. Cerró finalmente, después de una jornada casi surrealista en la que el miedo se apoderó del sentir colectivo, a $39,88. Un 30% más en apenas 8 días hábiles. En las últimas semanas volvió a corcovear superando los $40, hasta que llegó cierta calma el miércoles pasado.

En un contexto tan inestable es directamente imposible pensar a largo plazo y aflora el sentimiento más primitivo de todos: la supervivencia.

Los datos que publicó el Indec la semana pasada son definitivamente malos. La economía se contrajo 4,2% en el segundo trimestre de este año. Había crecido 3,9% en el primero. El descenso en apenas tres meses fue de vértigo.

Para quien aún niegue la importancia estratégica de la presencia del campo en el entramado productivo argentino, quizás su "ausencia" sea la prueba más contundente de cuán relevante es. Impactado por la violenta sequía, el sector agrícola cayó 31,6% en el período.

El desempleo subió de 8,7% en 2017 a 9,6% entre abril y junio de 2018. Es decir, pleno impacto de la sequía y de la primera corrida cambiaria. La inflación de agosto fue de 3,9%, y acumula 24,3% en lo que va del año. Ecolatina prevé una pérdida de poder adquisitivo en el año cercana al 6%, similar a la de 2016.

Es muy probable que los datos generales que veamos durante los próximos meses sean aun peores. El último salto en la cotización del dólar ya tiene y tendrá traslado a los precios. Difícilmente pleno, porque la restricción del poder de compra la limita. Pero sí parcial, porque también la pérdida de rentabilidad tiene un límite.

El presupuesto nacional que el Gobierno acaba de enviar al Congreso prevé una caída del PBI del 2,4% en 2018. El acumulado en el primer semestre es de -0,5%. Estima entonces un segundo semestre con un descenso pronunciado.

Esta es la foto de hoy. Mucho peor que cualquier previsión. El interrogante sobre cómo serán los próximos meses ya ni siquiera es una incógnita, es prácticamente un dato. Peores, difíciles, complicados. Por lo tanto, "la pregunta" que cabe hacerse ahora es: ¿qué viene después? Porque una cosa es "cruzar a ciegas" y otra muy distinta es hacerlo teniendo algún horizonte.

Aun asumiendo que cualquier tipo de proyección es condicional, salvo en la emergencia, ninguna empresa, grande o chica, se piensa para el día a día. Tampoco la vida de los más de 31 millones de argentinos que están fuera de la extrema fragilidad. Prever y planificar es necesario.

Repasemos otros datos recientes que, sin negar la dura realidad actual, pueden contribuir entonces a imaginar el horizonte de mediano plazo.

Confianza financiera

El primero de ellos, sin dudas, es que hay indicios de cierta calma y dominio del frente financiero. El mercado no solo dejó de castigar y de sobrecastigar a la Argentina, sino que lentamente estaría volviendo a confiar. De mínima, porque entiende que sus activos "están baratos" en dólares. De máxima, porque da por superada la crisis. Lo muestran las fuertes recuperaciones, "desde el segundo subsuelo", del valor de las acciones de las empresas argentinas, tanto en el mercado local como en Wall Street. El índice Merval, que el 28 de agosto tocó los 25.000 puntos, cerró el viernes en 34.327 puntos, +37% en menos de un mes. Del mismo modo, el riesgo país, que llegó a superar los 770 puntos aquel fatídico fin de agosto, concluyó la semana por debajo de los 600 puntos. Y, sobre todo, lo más importante para la economía real y para el ánimo social: el dólar no solo dejó de subir, sino que bajó y parecería encontrar un precio en el que podría estabilizarse, cerca de los $38.

Motores encendidos

Más allá de que hoy no se vean y de que en el cortísimo plazo vayan a verse aún menos, los motores de la potencial recuperación de la economía están encendidos: el campo, que no solo es la soja, sino también el trigo, el maíz y la carne; el turismo receptivo, el turismo interno -atención al verano en la costa atlántica, Córdoba y Bariloche, entre otros-, Vaca Muerta.

La construcción pública no está parada, como lo muestran datos de agosto: cemento, 1.117.000 toneladas, igual que 2017; acero, 455.000 toneladas, +9%; las exportaciones industriales, las de servicios y las de las economías regionales, entre otros sectores. El dólar a $38, aun con retenciones, define una agenda productiva y exportadora muy diferente que la del dólar a $18. Incluso en el mercado interno, desalienta tanto las importaciones como las compras en dólares en el exterior.

El mismo presupuesto nacional que prevé un año 2019 con caída del PBI de 0,5 puntos tiene en su estimación una proyección de crecimiento que comenzaría en el segundo trimestre. El economista Orlando Ferreres, que cuando pocos lo veían, previo a las elecciones de 2017, dijo que luego de votar vendría una devaluación importante del orden del 30% y que las acciones argentinas en dólares estaban en máximos históricos e iban a caer, continúa reafirmando que en abril, cuando llegue la cosecha gruesa, estaremos "del otro lado". No es el único. El consenso de economistas publicado por Latinfocus en septiembre prevé que la economía caerá en el orden del 3% en los próximos tres trimestres, pero que comenzará a recuperarse en abril, para concluir 2019 creciendo cerca del 3%.

Publicidad "sensible"

La publicidad argentina, que una vez más muestra su mejor veta creativa en momentos duros y que suele ser muy sensible para captar la sensibilidad y la vibración de la época, durante las últimas semanas puso en la tanda tres avisos que de alguna manera envían el mismo mensaje.

Coca-Cola dice: "Te tocó nacer en Argentina. Está complicado. Pero tenemos algo que no tiene nadie, siempre le encontramos la vuelta a todo. Cuando no queremos que nadie se quede afuera, cuando sentimos que hay que ir para adelante, cuando no alcanza y nos tenemos que apretar y cuando hay que bancar, por más difícil que esté la cosa. Juntos vamos a encontrar la manera". Por su lado, vino Toro, en su comercial "Remadores", muestra a mozos que reman para ganarse la propina porque no está garantizada, gente de sistemas que rema para dar soporte 24/7 y peluqueras que reman para embellecer lo imposible, porque "en este país laburar cuesta el doble y hay que remarla más que en cualquier otra parte del mundo". Y la pickup Chevrolet S10 afirma que si alguien sabe de tiempos duros, esa es la gente de campo, porque "en el campo, desde el día en que nacés, aprendés a pensar en una sola cosa: seguir adelante. Así fue que sacamos al país de todas las crisis. Sí, de todas".

Las marcas salieron a la cancha para interpelar a una sociedad atemorizada y angustiada, con realismo y sin desconocer las dificultades del difícil momento que atraviesa el país. Al unísono están diciendo que, como lo hicimos tantas veces, con esfuerzo y trabajo, y poniendo otra vez la mirada en el futuro, vamos a salir. El 65% de la población argentina coincide con ellas.

Para cruzar habrá que trabajar, cuidar y contener. Mucho. Si solo los convencidos convencen, a los primeros que tendremos que convencer es a nosotros mismos. Hay que llegar a marzo.

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