Cada vez más traumático, el Brexit agudiza la crisis política y complica a May

Una marcha contra el Brexit, ayer, en Liverpool
Una marcha contra el Brexit, ayer, en Liverpool Crédito: DPA
Tras el fracaso de las negociaciones con la UE, se instala la idea de adelantar las elecciones o repetir el referéndum
Luisa Corradini
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24 de septiembre de 2018  

PARÍS.- Gran Bretaña no consigue salir de la crisis política desatada por las difíciles negociaciones sobre el futuro Brexit con la Unión Europea (UE). En las últimas horas, el país se vio agitado por intensas especulaciones, rumores y presiones sobre la posibilidad de que el gobierno de Theresa May organice elecciones anticipadas en noviembre o convoque a un nuevo referéndum.

En un esfuerzo por tratar de apaciguar ese tornado, la primera ministra apeló ayer a "controlar los nervios" y "mantener la cabeza fría": si no se logra conservar la unidad frente a los ataques de Bruselas y los partidos de oposición, hay un fuerte riesgo de que el Brexit "fracase", advirtió en un comunicado oficial.

Su posición fue respaldada por el secretario del Brexit, Dominic Raab. Ese influyente miembro del gabinete desestimó las versiones de elecciones anticipadas o que el gobierno se incline hacia un acuerdo de libre comercio al estilo de Estados Unidos-Canadá. Gran Bretaña seguirá negociando con la UE sobre la base del llamado "plan de Chequers", definido en julio por el gabinete, afirmó.

El rechazo de ese plan por parte de la UE (la semana pasada en la cumbre de Austria) fue un "bache en el camino", estimó Raab.

"Controlaremos nuestros nervios, mantendremos la calma y seguiremos negociando de buena fe. Debemos continuar con las negociaciones", precisó.

Las tensiones se intensificaron en los círculos políticos británicos cuando trascendió que el equipo de May había comenzado a evaluar planes de contingencia que incluían la hipótesis de llamar a elecciones legislativas anticipadas para noviembre, según reveló The Sunday Times.

Ese recurso radical, según los estrategas de May, permitiría fortalecer la posición del gobierno para superar el actual estancamiento de las negociaciones.

Pero la experiencia de junio de 2017 demostró que esa alternativa puede ser extremadamente arriesgada. En esos comicios anticipados, pensados para tratar de afianzar su liderazgo antes de comenzar las negociaciones del Brexit, May perdió el control del Parlamento: con solo 316 escaños sobre un total de 650, debió pactar con el partido unionista DUP, de Irlanda del Norte, que le aportó los nueve votos necesarios para conservar la mayoría. Ahora, esos votos tienen un peso fuera de lo común en toda decisión sobre el futuro de Irlanda, punto clave para llegar a un acuerdo con la UE.

Las especulaciones, sin embargo, persistieron tras la publicación de las últimas encuestas, que indican una caída de popularidad del líder laborista, Jeremy Corbyn, entre los votantes que apoyaron a su partido en 2017.

Consciente del malestar que reina en su partido por su ambigüedad sobre el Brexit, Corbyn declaró por primera vez que está dispuesto a apoyar un segundo referéndum, por encima de cualquier otro tipo de acuerdo con la UE, si la mayoría de su formación lo reclama. "Preferimos ir a elecciones legislativas, después de las cuales podríamos negociar nuestra futura relación con Europa", declaró a la BBC.

Según un sondeo, el 85% de los militantes laboristas respaldan la convocatoria de un segundo referéndum sobre la UE y pueden forzar a su propio líder a clarificar su posición en el congreso anual del partido que comenzó ayer (domingo) en Liverpool.

Su imagen se derrumbó en los últimos meses por las acusaciones de antisemitismo promovidas por la prensa conservadora y la influyente comunidad judía británica, que calificó a Corbyn de "peligro existencial". La posibilidad de llamar a elecciones anticipadas respondería justamente a la voluntad de la primera ministra de aprovechar esa aparente debilidad del laborismo.

En forma simultánea, la idea de una segunda consulta se robustece cada vez más, con el apoyo de figuras políticas de primer nivel, como el alcalde de Londres, Sadiq Khan, el exsecretario de Relaciones Exteriores David Miliband y el exprimer ministro Tony Blair.

En ese clima enrarecido, esta semana será decisiva para dilucidar la situación británica, sobre todo porque -inmediatamente después del cónclave laborista de Liverpool- el 30 de septiembre comenzará en Birmingham el congreso conservador, que permitirá determinar si May cuenta con el apoyo de su propio partido.

Para sus adversarios (los euroescépticos encabezados por el excéntrico Boris Johnson, pero también los anti-Brexit), esa será la última gran posibilidad de despeñarla del poder.

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