Llevó a juicio a su expareja por violar a su hija y ahora ayuda a mujeres que buscan justicia

Sara Barni, una mujer que luchó por su hija y hoy acompaña a otras madres
Sara Barni, una mujer que luchó por su hija y hoy acompaña a otras madres Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
Sara Barni denunció al padre de su hijo menor, un expolicía metropolitano, que fue condenado a 14 años de prisión; creó Red Vida, una ONG que asiste a otras víctimas
Gastón Rodríguez
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24 de septiembre de 2018  

Sara Barni sostiene que, a pesar de todo, es una iluminada. Tras un doloroso proceso legal, pudo probar el abuso sexual sufrido por su hija adolescente a manos de quien era su pareja, un efectivo de la ex-Policía Metropolitana; logró que lo condenaran a 14 años de prisión. Ahora, desde Red Viva, la organización que fundó, ayuda a otras madres y víctimas a obtener esa justicia que a veces resulta tan esquiva.

"Hay que desterrar el mito del despecho de la mujer. A nosotras nos arruina la vida hacer una denuncia de abuso de nuestros hijos", dice.

Según la sentencia unánime del Tribunal Oral en lo Criminal Nº 13 porteño, el agente David Antonio Coronel "desplegó todo tipo de contactos y acciones atacando la integridad sexual" de la chica desde los 9 hasta los 14 años de ella. Coronel convivió con su víctima desde que la niña tenía dos años y era el padre de su hermano menor.

"En ese momento, tu hija te dice que la persona que fue tu pareja durante 12 años y que es su padrastro abusa de ella, que todo pasaba cuando yo no estaba en casa, que el hermano más chico era testigo porque a veces abría la puerta de la habitación y los veía en la cama. Uno no se puede enfrentar a esa verdad. Hasta que llegué a la declaración de mi hija en cámara Gesell tenía fe en que no fuera cierto", confiesa Sara.

El 14 de septiembre de 2014, Sara denunció en la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) la aberrante costumbre de su pareja. Por tratarse de un miembro de una fuerza de seguridad, y entendiendo que existía una situación de alto riesgo para la denunciante, la víctima y el hijo de la pareja, una jueza dispuso de inmediato una orden de restricción.

Luego de los peritajes psiquiátricos y psicológicos, el Cuerpo Médico Forense concluyó que la chica había sufrido los abusos sexuales que describió. También se probó que no tenía lesiones neurológicas que explicaran los ataques de epilepsia que padecía frecuentemente, sino que eran una manifestación frente a los ataques de Coronel. "Descubrimos que el día que se le despertó la epilepsia él había intentado penetrarla. Y cada vez que la nena quedaba internada él se quedaba siempre a su lado. Lo hacía para que cuando se despertara no hablara", se lamenta Sara.

Ocho meses después, la Justicia procesó a Coronel y elevó la causa a juicio oral. El acusado llegó al debate libre porque la fiscal Mariana García hizo lugar al pedido de eximición de prisión de la defensa, alegando que siempre estuvo a derecho y que no existía peligro de fuga.

"Hoy todavía deja su camioneta estacionada a 300 metros de mi casa -cuenta Sara-, que es la distancia que le impuso la perimetral. Tengo custodia, pero es una formalidad, porque son sus propios excompañeros y no están nunca. Y cuando están me tocan el timbre a las tres de la mañana, a las seis, lo hacen a propósito para molestarme. Él fue echado de la fuerza y le quitaron el arma reglamentaria, pero todavía tiene una escopeta. Puede matarme en la esquina de casa".

La sentencia

En junio de 2016, Coronel fue condenado por "abuso sexual con acceso carnal agravado por haber sido cometido contra una menor de 18 años aprovechando la convivencia preexistente, en concurso ideal con corrupción de menores". Pero así como llegó a la sala de audiencias se fue. Mientras el fallo no quede firme, seguirá gozando de la libertad. Su única obligación es presentarse cada 15 días en el juzgado.

Sara insiste en que tiene suerte porque solo en el 1% de los casos denunciados el abusador recibe una condena. Lo sabe porque trabaja para cambiar esta realidad.

"Lo que me motivó a fundar Red Viva -cuenta- fue ver a todas esas madres con las que me encontraba en el juzgado y me contaban que el juez no las había escuchado, que el asesor de menores nunca se había presentado, que la fiscalía no había acompañado sus denuncias. Es lo que llamamos 'la ruta crítica', que es ir a los juzgados, llevar a tus hijos a declarar, someterlos a peritajes. Una madre no conoce los procesos legales y por eso nosotros la acompañamos".

En la actualidad, la organización tiene más de 100 causas y la propia Sara, junto al resto del equipo, estudia los expedientes, lee los fallos, descubre irregularidades, solicita nuevos peritajes y arma las diferentes estrategias legales para lograr el castigo de los abusadores. Hasta hace un tiempo tuvieron abogados que también se ocupaban de los casos, pero no pudieron seguir pagándoles sus servicios.

Asistencia

"Esperamos que alguna vez nos den un subsidio, pero mientras tanto vendemos lo mucho o poco que tenemos. Ahora tengo un trabajo de cuatro horas, que es una changa. Si tengo un trabajo fijo, no puedo acompañar a las madres, pero a la vez necesito trabajar porque mis hijos están en edad escolar. Se hace muy difícil", reconoce Sara.

-¿Con qué se encuentra en la mayoría de las causas que recibe en la organización?

-No se cumplen los procesos legales, no se piden peritajes, los fiscales hacen caso omiso de las pruebas y no escuchan a los chicos. Eso es lo más grave, porque los chicos no pueden sostener algo que no han vivido.

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