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Festival de San Sebastián: la película argentina Rojo tuvo su gran día

Actors Dario Grandinetti and Andrea Frigerio, producer Barbara Sarasola-Day, director Benjamin Naishtat and actor Alfredo Castro arrive to a photocall to promote the Official Selection feature film "Rojo" at the San Sebastian Film Festival, Spain, September 23, 2018. REUTERS/Vincent West
Actors Dario Grandinetti and Andrea Frigerio, producer Barbara Sarasola-Day, director Benjamin Naishtat and actor Alfredo Castro arrive to a photocall to promote the Official Selection feature film "Rojo" at the San Sebastian Film Festival, Spain, September 23, 2018. REUTERS/Vincent West Fuente: Reuters
Julia Montesoro
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24 de septiembre de 2018  • 10:28

SAN SEBASTIÁN.- El cine argentino se volvió a mostrar anoche en la Sección Oficial del festival vasco, donde sobrevoló la tensión de Rojo, la película de Benjamín Naishtat que retrata la violencia cotidiana en una ciudad del interior, en los años 70. El director cordobés y sus actores, Andrea Frigerio , Darío Grandinetti y Alfredo Castro Gómez, cumplieron con el ritual de la alfombra roja, las sesiones fotográficas y la rueda de prensa posterior a la proyección de la película en la gigantesca sala del Kursaal, donde fue calurosamente recibida por el público.

Fue una jornada casi maratónica para el equipo de Rojo, que apenas veinticuatro horas antes había llegado a Donostia para acompañar el lanzamiento europeo del largometraje, que será estrenado en Argentina el 25 de octubre, luego de su paso por Toronto y San Sebastián. La experiencia transitada en festivales ha resultado muy enriquecedora. "Hay elementos de la dramaturgia y del diseño de la película, también cierto coqueteo con el género, como para que la gente pueda engancharse, aunque no sea argentina o no conozca la época. Y en estas proyecciones de los festivales, por suerte comprobé que la película puede resonar más allá de que transcurra en un momento determinado del país", cuenta Naishtat en diálogo con LA NACION.

Trailer Rojo - Fuente: YouTube

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El cine argentino, señala el realizador de 32 años, ha transitado muy poco el período inmediatamente anterior al golpe de Estado del 76. "Me pareció interesante ocuparse de esa época, los años 74-75, donde ya estaban en marcha esos mecanismos de funcionamiento del aparato represor, y germinaron las condiciones para que luego viniera el genocidio de la dictadura", reflexiona el director de Rojo. Darío Grandinetti apura un café y se suma a la charla: "Cuando leí el guión, y vi el personaje, por supuesto que quería hablar de todo eso y me recordaba muchas cosas que había vivido -comenta el actor-. Pero viendo la película, viví el clima de esa época. Y es curioso porque Benjamín no la vivió, es muy joven. Valoro mucho la mirada que tiene y de qué modo elige hablar de ese momento tan oscuro. El cine argentino nunca había puesto el acento en la complicidad civil, en ese caldo de cultivo de lo que sobrevendría. Y el gran logro de Benjamín es que la película puede hablar de todo eso, pero sin bajar línea y con mucha precisión".

Una mirada sobre la cual el propio Naishtat había dado algunas pistas, un par de horas antes, durante la rueda de prensa: "Tengo una historia familiar, por la que me resuena esa época. Mi familia se tuvo que exiliar. Su casa fue quemada en la provincia de Córdoba por un comando paramilitar por apoyar al sindicalismo -recordó-. No necesariamente hay que haberlo vivido. Pero también porque me resonaba esa historia familiar, tenía ganas de hacer una película en torno de esa época. La pertinencia de hacer una película como ésta tiene que ver con hablar de los peligros que transitan ciertos lugares de América latina en general y de la Argentina en particular".

Andrea Frigerio, que apenas permanecerá tres días en San Sebastián debido al inminente debut porteño en la pieza teatral Cuerpos perfectos, está "feliz" de acompañar la película pese a las corridas y fugacidad de su estadía en el festival. "Siempre que puedo, me encanta acompañar las películas -dice la protagonista femenina de Rojo-. Me parece que le da más visibilidad, para tratar de que el público no sólo en nuestro país sino en el mundo, ponga el ojo en una película argentina. Siempre pienso que es una industria que hay apoyar, y ponerle el cuerpo". En este caso, le toca componer a Susana, la esposa del abogado personificado por Grandinetti en esta historia teñida de secretos y complicidades. "En 1975 yo tenía catorce años, y recuerdo perfectamente todo el clima que se vivía por entonces, que había cierta violencia pero velada, toda esa cosa sotto voce. Vivíamos una sensación de doble moral, de no preguntar o no querer saber porque podía ser peligroso. Y lo interesante de esta película es que la mirada está puesta en lo social y en cómo la sociedad y la familia, toman una posición de no saber, sabiendo", concluye la actriz, antes de continuar la serie de actividades que implica la presencia de Rojo en este festival.

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