¿Será Macri el bombero de su propio incendio?

Sergio Doval
Sergio Doval PARA LA NACION
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24 de septiembre de 2018  • 15:31

Allá por los años '80, The Police nos regalaba la historia de un desamor en la imagen de un naufrago que envía un mensaje en una botella con la esperanza de obtener ayuda, de escapar de su soledad.

Pocos días atrás, mientras escuchaba la canción, leía los titulares de los diarios que se hacían eco de los últimos anuncios presidenciales resaltando lo escueto de sus palabras a la sociedad y lo vacío de sus explicaciones, profundizando la sensación de soledad en la que se percibe al gobierno. Era imposible evitar el paralelismo, imaginaba a ese náufrago utilizando esa botella para enviar mensajes de ayuda al mercado, al FMI, a los inversores y a los votantes. Una botella con quebraduras y agua filtrándose en su interior, generado por una falla evidente de resultados exitosos en materia económica que repercutía de manera proporcional en la percepción de su liderazgo. ¿Era tan equivocado todo lo realizado por el gobierno?

Tomando distancia de la escena, y ampliando el panorama como dice la canción, se encuentran varias botellas dispersas en el mar. Y este sí, es el gran acierto invisible del gobierno. El escenario político actual está representado por numerosos jugadores, implicando que no existe aún un espacio aglutinado que genere una fuerza con suficiente capacidad para demandar al gobierno un cambio específico, o incluso para pararse en la vereda de enfrente como opositor firme de cara a las próximas elecciones (salvo el conveniente esquema de la grieta). Ante este escenario angustiante de la política interna, el oficialismo comienza la carrera con una ventaja: ser consciente de esta ausencia de una masa crítica en los espacios opositores, y fundamentalmente, del silencio que él puede ocupar sólo con el hecho de ser quien gobierna.

En ese marco, el famoso concepto de "Divide y reinarás" explica mucho de la actualidad política de nuestro país. Pero lo novedoso de esta situación, es la manera en la que Cambiemos aborda la escena a diferencia de como lo hizo el kirchnerismo. Este último aprovechó ese vacío construyendo relato y liderazgos épicos, el macrismo hace exactamente lo contrario, pareciera llevar a un extremo una máxima en la producción musical: menos es mas.

Ante la percepción de inestabilidad del ejecutivo debido a la crisis económica y la supuesta falta de liderazgo y el creciente descontento social, las posibilidades de ocupar ese espacio estaban disponibles para cualquiera, lo curioso es justamente el hecho de que ningún líder político ha intentado hacerlo de manera determinante: ¿Que los detiene?, ¿la falta de alianzas sustentables?, ¿perciben el hartazgo ciudadano?, ¿es demasiado temprano?

Multiplicidad de actores actuando por su cuenta, movimientos sociales no capitalizados por partidos, pequeños estallidos disparándose por doquier pero ningún big bang que lo aglutine. Se advierte entonces que el pequeño espacio oficial de poder sigue siendo lo suficientemente importante para sostenerse a sí mismo, siendo que no dependen (por el momento) de un tercero para su triunfo o derrota.

No hay que olvidar que, además de esa botella que envía el Gobierno, con el pedido de ayuda, también están las botellas de quienes depositaron en esta administración el SOS frente a la política tradicional y eso Cambiemos lo sabe, y el ministro Rogelio Frigerio lo dice abiertamente, si el Gobierno sortea la crisis actual, será natural el apoyo del sector de la sociedad que los eligió para gobernar los destinos del país. Finalmente, el presidente podría volverse el salvador de su propio incendio, y eso en términos electorales, es un relato muy poderoso.

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