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Hambre de futuro NOA

Vivir en El Hoyo: un pueblo olvidado en medio del monte

Micaela Urdinez
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25 de septiembre de 2018  • 09:11

Un punto perdido en medio del mapa. Un paraje abandonado dentro del monte santiagueño. Eso es El Hoyo, un pueblo en el que 120 familias viven aisladas de todo: sin camino, sin Policía y sin acceso a la salud.

"Yo siempre digo que el nombre del lugar está bien puesto porque de verdad estamos en un hoyo. Este es un lugar muy desamparado y lejos de todo", cuenta Marcos Martín Almaraz, uno de los vecinos de la zona.

No queda sobre una ruta ni de paso a ningún otro lugar. La persona que se dirige a El Hoyo, asume que va a hacer una expedición a la nada: solo se puede acceder por un camino de tierra movediza que hace que los traslados sean eternos.

Vivir en El Hoyo: un puedo olvidado en el medio del monte

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"Lo más urgente es tener un camino de ripio", dice Fabiana Rodríguez, mujer de Almaraz, con quien tiene tres hijos. "En el mapa figura como la ruta 100 y que está asfaltada pero no es así. Estamos cansados de pedir que la arreglen", se queja. Almaraz trabaja en el monte con el carbón, su mujer cobra la AUH y sus padres - que viven en la casa de al lado - tienen una pequeña despensa familiar.

El Hoyo es un lugar muy desamparado y lejos de todo, cuenta Marcos Martín Almaraz
El Hoyo es un lugar muy desamparado y lejos de todo, cuenta Marcos Martín Almaraz

Las ciudades más cercanas son Bandera Bajada a 50 kilómetros y Tintina a 60. Hasta allá tienen que ir si quieren comprar mercadería, ir a un banco o recibir atención médica.

Como las familias son tan pobres y no cuentan con un auto o una camioneta, la única manera de salir de este lugar inhóspito es pagando a los pocos que sí tienen movilidad, alrededor de $2000 para que los "saquen a la ruta". Recién ahí, pueden subirse a un colectivo de línea para trasladarse a la ciudad que necesiten. En esos viajes a la civilización, a las familias se les escapa el poco ingreso que tienen.

"En lo que más gastamos es en los viajes", dice Marta Susana Torres, madre de Almaraz. Todos los meses se va a La Banca a infiltrarse las rodillas porque casi no puede caminar y a visitar otros médicos. Con los $7000 que cobra de pensión apenas le alcanza para los viajes y los medicamentos. "Criamos los hijos con el hacha. Yo lavaba ropa para otra gente para poder comer. Eramos re pobres", recuerda Torres sobre su juventud.

Las ciudades más cercanas son Bandera Bajada a 50 kilómetros y Tintina a 60
Las ciudades más cercanas son Bandera Bajada a 50 kilómetros y Tintina a 60

Lo que tampoco llega a El Hoyo son las ambulancias ni los médicos. Desde hace cinco años tienen una posta sanitaria que funciona por las mañanas y da una atención primaria. Lo más común, es que las mujeres tengan a sus hijos en sus casas, con los riesgos que eso implica.

Este fue el caso de Rodríguez, quien recién días después se trasladó al hospital más cercano para hacerlos controlar. . Era Navidad y una de sus hijas empezó con contracciones. "Se acostó en la cama y me empezó a decir "Ya viene, ya viene". Y encima vino de colita y nació morada. Me ayudó un vecino que la empezó a ventilar. La estaban llevando a Tintina y se encontraron con la ambulancia en el camino", recuerda.

Beatriz Miranda, casi pierde a un nieto en un parto
Beatriz Miranda, casi pierde a un nieto en un parto

El miedo a la muerte es una amenaza constante en El Hoyo. Todas las familias cuentan sus casos de hipertensión, epilepsia, artritis y cáncer, como si tuvieran los días contados. "Si te enfermás acá, te morís", dice Miranda. Otra de sus hijas, Yamilia, tiene anemia y diabetes. "De noche llora como si tuviera algo mal ahí adentro. Para salir, andamos rogando a las enfermeras para que llamen a las ambulancias. Si no tenés dinero para que te saque una camioneta, te morís", dice con lágrimas en los ojos.

Atrapados

"Nadie nos viene a visitar", se queja Rodríguez, para explicar la angustia de sentirse atrapada en este lugar. Porque ella tiene muy pocas posibilidades de salir, y siempre están vinculadas a una visita médica o a una ocasión extraordinaria.

"A mí me duele el corazón por tener esta vida. Uno sufre acá", dice Beatriz Miranda, madre de 7 hijos. Viven todos juntos en una casita que pudieron levantar de material, de dos habitaciones, con su marido que hace las pocas changas que le salen. No tienen luz, ni agua, ni baño.

Al lado tienen un racho de adobe y paja que usan para comer y dormir la siesta. "El problema es que hay mucha vinchuca ahí", agrega Miranda, que cobra $7000 por la pensión de madre de 7 hijos y todo lo gasta en comida. "Poca verdura comemos aquí", cuenta. En estos rincones, solo se come guiso y fideos.

En El Hoyo también reina la aridez y la falta de agua
En El Hoyo también reina la aridez y la falta de agua

Todas son casas ranchos hechas de adobe, postes, tierra y paja. "Cada tanto hay que arreglarlas porque se cae la tierra. Y tenemos suerte si no nos pica alguna araña o un escorpión", explica Rodríguez.

En El Hoyo también reina la aridez y la falta de agua. Si bien algunas viviendas tienen cisternas que cargan con el agua de la lluvia la mayoría tiene que recurrir al agua contaminada del canal para tomar, para bañarse y para lavar.

"Nos han dicho que el agua que tomamos ni los animales la deberían tomar. Han muertos varios animales pero no sabemos por qué es", dice Almaraz.

A Beatriz Miranda y a su familia no le queda otra que consumir esa agua, que tiene olor y en donde también viven los animales. "Vamos caminando a buscar el agua más lejos, en bidones y la traemos tempranito. La colamos con trapos en las tinajas, y de ahí tomamos entre todos. Porque tiene microbios, sapitos, y las yeguas y los chanchos se bañan y se revuelcan ahí", explica.

Esa agua es la que pone en una goma para lavar a mano la ropa de toda su familia. "Algunos de mis vecinos tienen lavarropas pero yo no porque no me alcanza. Yo prefiero darles de comer a mis hijos y que la ropa me quede con olor por el agua podrida", dice.

Su hijo Iván tiene 8 años y todos los días hace dos kilómetros caminando para ir a la escuela. "Me canso mucho", dice y agrega: "Me gustaría poder tener una bici para ir".

Las ambulancias y los médicos no llegan al El Hoyo
Las ambulancias y los médicos no llegan al El Hoyo

El aislamiento también tiene un impacto negativo en la economía de las familias porque casi tienen que "regalar" la madera y el carbón a los pocos que quieran comprarlos. "Se lo tengo que vender al precio que me digan. No puedo negociar el precio. Tengo un horno en el que entran 70 metros de leña, que duele el proceso de hachar para cortarla y hay que hacerlo entre varios. Esto no nos deja ganancia pero lo tenemos que hacer para poder sobrevivir", explica Almaraz.

En El Hoyo hay jardín, escuela primaria y secundaria hasta 9no grado. Los maestros son de Tintina y se quedan toda la semana. A veces, si llueve un domingo, los lunes no pueden llegar. Para poder terminar, tienen que irse a Libertad, La Banda, Tintina o Bandera Bajada. "El tema es que no nos alcanza para poder pagarle la pensión a los chicos para que sigan estudiando, Yo les digo que tienen que estudiar, que es un bien para ellos. Yo todo lo que tengo, se los doy. Pero a veces ni me alcanza", dice Miranda.

La única salida laboral, es trabajar en los postes, el carbón o criar animales. Sino hay que migrar a otro lado en busca de mejores oportunidades. "Yo vivo en los montes y es un trabajo bruto el que hacemos nosotros hachando y cargando postes", explica Almaraz, que solo pudo terminar la primaria porque a los 12 años ya tuvo que salir a trabajar para ayudar en su casa.

Uno de los 7 hijos de Beatriz Miranda
Uno de los 7 hijos de Beatriz Miranda

Unas pocas casas tienen paneles solares pero la mayoría vive en la oscuridad. Este es el caso de Beatriz Miranda y su familia. Por las noches, usan la luz de un farol o de un mechero. "Cuando hace calor salen las víboras y todos los bichos y es muy peligroso no tener luz", dice.

Tampoco tienen Policía y eso hace que El Hoyo sea "tierra de nadie". Por eso, los vecinos se sienten indefensos y existen muchos hurtos. "Si tenés un animal, tenés que ir detrás de él porque sino te lo roban", dice Marcos Almaráz.

Elina Castillo tiene 23 años y madre soltera de tres hijos de 7, 4 y 1 año. Es una de las beneficiarias de las viviendas sociales que están construyendo desde la comisión municipal. "El comisionado me prometió que si le daba el voto, yo tenía la vivienda segura. Y también que este año, se va a hacer el ripio en el camino. Ojalá cumpla", dice con su hijo menor en brazos.

Elina Castillo es una de las beneficiarias de las viviendas sociales que están construyendo desde la comisión municipal
Elina Castillo es una de las beneficiarias de las viviendas sociales que están construyendo desde la comisión municipal

En su casa tiene una pantalla solar para la luz y dos depósitos de agua. Sus hijos van a la escuela y su deseo es que terminen. "Quiero que mis hijos estudien para que lleguen a ser algo que yo no pude. El más grande dice que quiere ser policía", agrega.

PARA AYUDAR:

La familia Miranda necesita un panel solar, una cisterna, un baño y bicis para que sus hijos puedan ir a la escuela. Los interesados en ayudar pueden comunicarse directamente con Nelson Miranda al 0385-4090421.

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