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Juegos y pausas

María Zysman
María Zysman PARA LA NACION
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25 de septiembre de 2018  • 09:46

"¿María, le podés decir a mis papás que el Fortnite no se puede pausear?" Así expresaba un niño de 12 años su ansiedad en relación a uno de los juegos en red más difundidos últimamente. No pueden parar, no pueden detenerse ni siquiera para explicar cómo juegan y con quién.

Los chicos viven conectados a las redes sociales, eso no es novedad. Juegan, se divierten, se conocen, intercambian, migran de una red a otra, de un juego a otro. Se mueven como pez en el agua entre diferentes aplicaciones mientras prueban nuevas maneras de ser y de estar en un mundo cada vez más acelerado.

Chatean con conocidos y, mal que nos pese, también con desconocidos. Juegan y los juegos más populares les exigen conseguir herramientas para subir de nivel y alcanzar objetivos. Aunque nos cueste comprenderlo, eso muchas veces se convierte en prioridad absoluta para los chicos.

En la Web, todos disponemos de música, películas, series, libros, imágenes; es tanta la oferta que sentimos que no nos alcanzará la vida para ver y conocer todo lo que allí se nos presenta. Nos resulta difícil concentrarnos en una actividad y profundizar, sentimos que "nos perdemos otras cosas" al focalizar en una. Nos vemos interrumpidos constantemente por mensajes escritos, audios y videos.

Los chicos no están exentos de estas sensaciones de la época. Quieren disfrutar de todo lo que hay a disposición, pero a una velocidad mucho mayor que la nuestra. Cuando juegan, si se aburren o se les complica el juego, van a otro. Saltan entre actividades a un ritmo vertiginoso. Además, deben cuidar sus logros (herramientas, armas, monedas) permanentemente. ¡Un corte de luz puede ser fatal!

¿Cómo los desaceleramos? ¿Cómo les ofrecemos un recreo en la vorágine? ¿Es posible pausear esta realidad? Sí, es posible y necesario ofrecerles espacios y palabras. Conectarnos con los chicos para que puedan disfrutar de otro tipo de actividades y para que puedan hablar de aquello que les sucede cuando están "apantallados" por los dispositivos tecnológicos.

Para lograrlo, comencemos por dejar nuestras propias apps un ratito. Hagamos pausas en nuestras actividades, encontrémonos con nuestros hijos mirándolos a los ojos. Con todo el cuerpo.

La autora es directora de Libres de Bullying y autora de Bullying. Cómo prevenir e intervenir en situaciones de acoso escolar y Ciberbullying. Cuando el maltrato viaja en las redes, de Editorial Paidós.

www.libresdebullying.com.ar

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