La pelea con el Fondo por el manejo del dólar, clave de la salida de Caputo

Javier Blanco
Javier Blanco LA NACION
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25 de septiembre de 2018  • 11:19

Luis Caputo renunció anoche a la presidencia del Banco Central (BCRA), aunque difundió hoy la misiva mediante la que comunicó su decisión.

Lo hizo tras comprender que el nuevo acuerdo que el Gobierno se apresta a suscribir con el Fondo Monetario Internacional ( FMI ), con modificaciones al firmado a mediados de junio, no lo habilita a tener "manos libres" para intervenir en la plaza cambiaria local como buscaba y pretendía.

Para Caputo, sólo estableciendo un sistema flotación sucia y acotada del tipo de cambio el país estaría en condiciones de dejar atrás la corrida cambiaria y la economía quedaría en condiciones de recuperar alguna previsibilidad en materia de precios y tarifas.

Las reflexiones de Luis Caputo sobre el FMI y la ayuda financiera al Gobierno

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Lo contrario es intentar vías intermedias (como el modelo de subastas que sugirió el FMI y permitió que el valor del dólar pase de $25 a $40) o dejar que el tipo de cambio lo fije el mercado. La Argentina se trata (como muestra la experiencia histórica) de una plaza con peculiaridades, en la que el dólar es más demandado cuando sube, lo que hace que el nivel técnico de lo que los economistas denominan overshooting (sobrereacción) sea tan alto que provoca un fuerte impacto en el resto de las variables de la economía.

Los desencuentros entre Caputo y el FMI se hicieron visibles en las últimas semanas. El ahora expresidente del BCRA había retomado un sistema de intervenciones directas para controlar el precio del dólar días antes del arribo de la misión del FMI a Buenos Aires para renegociar el acuerdo.

Lo hizo confiado en que el resultado de esa jugada (que hizo bajar al dólar 5% en unos días) iba a servir para convencer a los técnicos del organismo sobre la necesidad de que, al menos por un tiempo prudencial, le permitan al BCRA tener injerencia en el precio del dólar. Pero no funcionó.

La posibilidad de intervenir marcando precio fue siempre muy resistida por el equipo del FMI comandado por el italiano Roberto Cardarelli que, no en vano, eligió como "base de negociación" una oficina del propio BCRA para dar esa batalla. Los choques fueron constantes y los reproches terminaron por alcanzar al ministro de Hacienda, encargado de retrasmitirle a Caputo las duras quejas de Cardarelli.

Los reproches constantes generaron un ríspido cruce días atrás. Fue cuando Nicolás Dujovne , recordándole que lleva las riendas de la negociación con el FMI, lo conminó a cesar con este tipo de intervenciones. "Nicolás, ni lo sueñes: prefiero pedirles perdón antes que pedirles permiso", fue le cortante respuesta de Caputo antes de terminar con la comunicación.

En los días siguientes Caputo diseñó el plan para cumplir con la segunda etapa del desarme de Lebac y siguió habilitando intervenciones sobre el mercado cambiario desde la mesa de dinero del BCRA, es decir, dando señales de precio.

Lo hizo cada vez que lo juzgó necesario, hasta el mediodía de ayer, cuando debió suspender ese tipo de ventas por una instrucción llegada desde Nueva York y enviada por el propio presidente Mauricio Macri.

Así, y tras haber vendido apenas US$8 millones, las posturas vendedoras del BCRA desaparecieron de las pantallas del Siopel.

El repliegue del Central no pasó inadvertido para los operadores, que sumaron desconcierto cuando la entidad anunció que volvió al sistema de subasta y ofrecería US$250 millones de sus reservas en una licitación que se abriría tres minutos antes del cierre del mercado.

Esa señal terminó con la tendencia alcista que, hasta allí, venían mostrando los bonos de la deuda argentina en el exterior y fue la que disparó una suba del 4% en la tasa de riesgo país, al final del día. La primavera fue demasiado efímera .

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