La crisis financiera internacional y la carta del Vaticano (I)

Orlando J. Ferreres
Orlando J. Ferreres PARA LA NACION
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26 de septiembre de 2018  • 02:15

La crisis económica y financiera internacional produjo su explosión en 2007 y 2008, y ha durado hasta ahora aunque en forma más atenuada. Su origen se remonta a mucho tiempo atrás, quizás a muchas décadas antes. Ahora tenemos conceptos que antes no todos eran considerados como problemas. En esta lista incluimos: la crisis de la subprime; la caída de Lheman Brothers y otras entidades financieras y de seguros; el incremento de los Credit Default Swaps; la variación excesiva de la composición de carteras; la reducción de la tasa de interés de política monetaria tanto del dólar como del euro y otras monedas las que llegaron a casi 0% anual o incluso valores negativos en el rendimiento de sus bonos; el manejo no confiable de las tasas de interés -por ejemplo de la Libor, las inversiones de bancos, empresas y fondos en lugares offshore-; la separación de los bancos en Bancos Comerciales y Bancos de Inversión que no ocurrió; cambios en la estructura financiera internacional que requerían un ajuste importante en las leyes internacionales y las de cada país; las cuentas de apoyo de los gobiernos locales a los Bancos Internacionales o domésticos que se fueron aplicando hasta ahora.

El 17 de mayo de este año fue publicado el documento Oeconomicae et Pecuniariae Quaestiones, "Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero", aprobado por el papa Francisco, y redactado por el obispo Luis F. Ladaria (Prefecto de la Congregación Para la Doctrina de la Fe) y el cardenal Peter Turkson (Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral).

En este trabajo se describe la necesidad de un cambio de mentalidad que se les pide a todos los católicos y a todo el mundo sobre los criterios de inversión financiera en los que muchos han caído en las últimas décadas. Las recomendaciones para esta parte del documento pueden verse en la Doctrina Social de la Iglesia, la que debe ser estudiada de una manera profunda.

Se pide también en el documento vaticano que las Universidades, sobre todo las Facultades de Economía, realicen un tratamiento profundo de todos los aspectos de las crisis, y que eso sea bien establecido por dichas entidades universitarias; no sólo como algo secundario, sino como tema principal de su lista de estudios obligatorios.

En definitiva, podemos ver que el documento tiene dos partes: la primera, que es considerar el cambio conceptual en lo relativo a economía y finanzas -que depende mucho para su mejora de las enseñanzas de la Iglesia-; y una segunda parte en la que se tratan los distintos problemas que se han generado con el despilfarro de las finanzas internacionales y de cada país.

En la primera parte se describe la idea de que el mercado financiero, si bien es correcto en varios aspectos, no siempre se desarrolla normalmente, entonces hay que apelar a los valores fuera del sistema económico, principalmente a la Iglesia para tener una enseñanza correcta y adecuada.

En las listas de problemas que hay que solucionar, además de creer en que los hombres y las mujeres católicos puedan despeñarse con normalidad, hay que favorecer criterios de equidad para el ser humano que hasta hoy no han sido completamente recordados. Es una cuestión ética la que deben superar aquellos que operan o intervienen con los mercados económico-financieros, aunque se sabe que los errores o pecados son parte inherente de la historia y de todos los hombres.

Es bueno que el dinero pueda servir, pero no es bueno que pueda gobernar sin ninguna restricción. El rendimiento del trabajo, de ser un bien se ha ido convirtiendo en un medio, con el cambio de ese sistema. Los excluidos no son solo explotados, sino que además son descartados, sobrantes. Pensemos que sólo en las calles de Buenos Aires se estima que habría más de 1200 personas que viven en las veredas y que es muy difícil llevarlos a los lugares donde puedan vivir una vida mejor.

¿Ahora, qué hay que hacer? Hay que señalar aquellas empresas y bancos que operan con normas claras, especialmente para aquellos que tienen un mercado favorable a los mercados financieros locales o internacionales.

La conciencia de las personas del mundo, aunque su fuerza parezca frágil, tienen que unirse para lograr un conjunto de normas y su cumplimiento que hagan posible una realidad mejor. En esto se apoyan en Aquel, que es Señor bueno de la historia, y que es lo que necesitamos para vivir bien y nutrir una esperanza fiel de personas. En los próximos artículos nos vamos a referir a cada uno de los problemas que trata el documento del vaticano.

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