Una política exterior que alimenta el temor a un nuevo "desorden mundial"

Michael Schwirtz
Michael Schwirtz MEDIO: The New York Times
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26 de septiembre de 2018  

NUEVA YORK.- En mayo pasado, cuando el presidente Donald Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán , el embajador de Francia ante las Naciones Unidas lamentó la llegada de un "nuevo desorden mundial".

François Delattre dijo que Estados Unidos había renunciado a su papel de "protector de última instancia del orden internacional" y que poco y nada podían hacer Francia y los demás países al respecto.

Desde entonces, Estados Unidos profundizó su postura y en la ONU empezó a mandarse solo, retirando sus representantes de algunas agencias importantes y restando la financiación de otras.

Así y todo, Estados Unidos sigue siendo por lejos el mayor contribuyente individual a ese organismo mundial. Pero la administración Trump también implementó a su agenda de "Estados Unidos primero" una línea de acción que, según sus críticos, entre ellos algunos aliados cercanos, exacerbó la crisis.

Los detractores de Trump también dicen que las acciones del presidente norteamericano sumieron al Consejo de Seguridad -el órgano más poderoso de la ONU- en posiciones irreductibles que no se veían desde la Guerra Fría.

Hace un año, cuando Trump hizo su debut en la sesión de la Asamblea General , los internacionalistas convencidos, como Delattre, todavía conservaban algunas esperanzas. Trump calmó los peores temores, al menos brevemente, cuando prometió buscar cambios en la ONU para convertirla en "una fuerza mayor para la paz y la armonía del mundo".

Trump pronunció un discurso con mucho énfasis en la soberanía del Estado y, sobre todo, de los intereses norteamericanos.

En una conferencia de prensa de la semana pasada, Nikki Haley repitió un tema de discusión de sus primeros y conflictivos días como embajadora ante la ONU, cuando sugirió establecer un paralelo entre la generosidad financiera de Estados Unidos en todo el mundo con el apoyo a las prioridades norteamericanas, y prometió que "tomaría nota" de aquellos que no tenían el apoyo de Estados Unidos.

"Vamos a ser generosos con los que comparten nuestros valores, generosos con los que quieren trabajar con nosotros", señaló.

Esa tesitura se corresponde con las acciones implementadas durante el último año, cuando Estados Unidos empezó a retirarse uno tras otro de los organismos de la ONU.

Apenas unas semanas después de su primera intervención ante la Asamblea General, Trump retiró a Estados Unidos de la Unesco, la organización cultural de la ONU. Este verano boreal, Estados Unidos dejó el Consejo de Derechos Humanos, revocó el financiamiento para la agencia de la ONU que provee educación y cuidados de salud a palestinos clasificados como refugiados y boicoteó un acuerdo de la ONU sobre inmigración.

La decisión de Trump de abandonar el Acuerdo de París sobre cambio climático de 2015 y el acuerdo nuclear con Irán todavía sigue generando profundos rencores, sobre todo entre sus aliados cercanos. Y el ascenso a asesor de seguridad nacional de John Bolton, que evalúa dejar a la ONU sin financiamiento, fue recibido con un escalofrío.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, dijo que el multilateralismo estaba siendo "atacado desde muchos frentes", pero eludió diplomáticamente la pregunta sobre si pensaba que Trump era una amenaza directa. "No me gusta personalizar las cosas", dijo.

Otros fueron más terminantes.

"No solo es un retroceso", dijo Louis Charbonneau, director de Human Rights Watch ante la ONU. "Es un asalto a las instituciones más importantes con las que contamos para dar cuenta y monitorear y exponer los peores abusos de los derechos humanos que se producen en el mundo".

Son muchos los que piensan que se necesitan cambios estructurales en la burocracia de la ONU, un organismo al que Trump, ya elegido presidente, describió una vez como un club donde los diplomáticos fraternizan "y la pasan bien".

En total discreción, algunos funcionarios de la ONU incluso creen que la turbulencia causada por la administración Trump podría terminar siendo provechosa para la institución.

Pero casi dos años después de haber asumido, Trump sigue siendo una fuente de desconcierto para gran parte del mundo.

El exalto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos Zeid Ra'ad al-Hussein comparó a Trump con el chofer de un micro que "avanza a toda velocidad por una ruta de montaña entre dos precipicios", mientras la humanidad, sentada atrás, se aferra desesperadamente a sus asientos para salvar la vida.

Los grupos defensores de derechos humanos y otros críticos de la política de la actual Casa Blanca dicen que, en lo referido a la ONU, Trump y sus asesores básicamente decidieron desentenderse.

"Pienso que el ascenso de Donald Trump a la presidencia convirtió una situación ya problemática en una más problemática aún", dice Kumi Naidoo, secretario general de Amnistía Internacional. "Trump llevó la situación a un nuevo nivel de aislamiento".

La embajadora Haley, que según algunos diplomáticos hace lo mejor que puede para moderar los instintos aislacionistas del presidente, insiste en que Estados Unidos sigue comprometido con el mundo, pero en sus propios términos.

Traducción de Jaime Arrambide

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