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Nadie ganó: perdió el país

Cuando la Argentina necesita con urgencia fomentar la producción y brindar certezas, el paro general de ayer solo provocó cuantiosas pérdidas
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26 de septiembre de 2018  

El cuarto paro general que el sindicalismo llevó a cabo contra el actual gobierno nacional mostró ayer la inevitable y patética imagen de estas medidas de fuerza cuando reciben la adhesión de los sindicatos de los distintos medios de transporte: un alto porcentaje de trabajadores como rehenes de los gremialistas e imposibilitados de concurrir a desempeñar sus tareas.

Lo que no se vio, en cambio, fue el altísimo costo económico que tuvo el paro, que el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, calculó en nada menos que 31.600 millones de pesos, una pérdida que se registra cuando el país atraviesa un duro contexto recesivo y necesita más que nunca incrementar su producción, no interrumpirla, y brindar señales de confianza.

Perdió el país en todos los órdenes y nada ganó la oposición sindical, pues el Gobierno obviamente no cambiará su política. En una democracia, los cambios se proponen, se analizan, se discuten y se consensúan, o no, en el Congreso y en el ámbito de los partidos políticos, al tiempo que los gobiernos pueden ser revalidados o castigados en las urnas.

El paro proviene, en todo caso, de un intento de extorsión, motorizado especialmente por quienes temen tener que rendir cuentas ante la Justicia por sus actos de corrupción. De ninguna manera es una medida en favor de aquellos a quienes sus organizadores dicen defender cuando, en realidad, solo hacen política de la más baja especie.

Por eso, ayer, el triunvirato que dirige la CGT criticó al Presidente, destacó el éxito del paro y pidió cambiar el plan económico, pues "ha fracasado". Por su parte, el jefe del gremio de camioneros, Hugo Moyano, afirmó que el pueblo "está diciendo basta" y el jefe del gremio de los bancarios, Sergio Palazzo, advirtió: "Si el Gobierno no da respuestas, vamos a buscar una mayor unidad para que la próxima medida tenga mayor intensidad en el plan de lucha para que escuchen los reclamos del pueblo". Una clara amenaza.

Todo paro es una derrota y como tal tiene sus cifras. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), los comercios y la industria ayer perdieron ventas y producción por 20.941 millones de pesos. Las pymes atraviesan momentos difíciles y lo que menos necesitaban era un cese de actividades obligado. Según la CAME, anteayer (Día del Comercio) y ayer el 73,2% de los comercios del país abrieron, por lo general atendidos por sus dueños, pero vendieron en promedio un 52% menos de lo que hubieran vendido sin el paro. Para la Fundación Observatorio Pyme, la pérdida del sector, con exclusión de la agricultura y la minería, fue de 30.000 pesos en cada microempresa, de 250.000 pesos en las pequeñas y de 1.250.000 pesos en las medianas.

Fue sintomático el hecho de que el profundo malestar de tantas personas perjudicadas por el matonismo sindical se volcara en Facebook y Twitter, donde los usuarios convirtieron en trending topic líder el hashtag #YoNoParo. De ahí que tanto en el centro como en los barrios de la ciudad de Buenos Aires se vieran supermercados, locales de comida, quioscos y farmacias abiertos como en un día normal.

Como expresamos anteayer en esta columna, no hay dudas acerca del difícil momento que atraviesa el país en lo económico y en lo laboral. Tampoco puede cuestionarse el derecho de distintos sectores de la oposición política a disentir de las medidas del Gobierno. Pero al mismo tiempo debe calificarse de hipócrita la actitud de quienes le cuestionan a la actual administración que no ponga el acento en la producción mientras ellos impulsan paros que, por desgracia, se han convertido en parte de nuestro paisaje político. Una parte patológica que ha demostrado largamente no ser una herramienta de cambio y sí un arma para extorsionar.

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