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La salida de Caputo se hizo inevitable para acordar con el FMI

Joaquín Morales Solá
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26 de septiembre de 2018  

El anuncio que se hará hoy sobre un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es el único argumento razonable del Gobierno para justificar la renuncia del presidente del Banco Central , Luis Caputo . Caputo se iba. Lo único que debía resolverse era cuándo.

Según inmejorables fuentes oficiales, conversaciones a tres bandas entre el presidente Mauricio Macri , desde Nueva York; el jefe de Gabinete, Marcos Peña , en Buenos Aires, y el propio Caputo, también en la capital argentina, concluyeron que era mejor separar la segura renuncia del extitular de la autoridad monetaria y el acuerdo con el FMI. Caputo no coincidía con partes de ese acuerdo con el organismo, que le pondría serios límites al Banco Central para intervenir en el mercado cambiario. Caputo cree que es la conducción monetaria la que debe decidir cuándo y cuánto arriesga para mantener el tipo de cambio. Pero es el FMI el que pone los dólares (el único que los pondrá en los próximos meses) y se propone que esos billetes no se rifen en la especulación financiera argentina. O en la devoción local por la moneda norteamericana.

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En esas conversaciones se tuvo en cuenta también el aspecto de la firma del acuerdo con Fondo. Esa clase de pactos son firmados por el ministro de Hacienda y por el presidente del Banco Central. El último acuerdo con el Fondo, hace poco más de tres meses, fue firmado por Nicolás Dujovne y por el entonces presidente del Central, Federico Sturzenegger , pero este renunció pocos días después. La historia no se podía repetir con Caputo, que ya le había adelantado a Macri, hace no menos de 15 días, su decisión indeclinable de dejar el cargo.

Además de sus disidencias con el acuerdo y con el propio Dujovne, influyeron problemas familiares de Caputo en su decisión de dimitir. Estos problemas fueron confirmados por fuentes no incluidas en las disputas internas. En cuanto a las diferencias con Dujovne, era este quien más criticaba a Caputo. De hecho, dirigentes radicales que estuvieron en el caótico fin de semana de hace 20 días en Olivos escucharon a Dujovne expresar duras y persistentes críticas a Caputo.

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Caputo fue el autor intelectual de un breve mensaje que Macri difundió por YouTube en el que anunciaba un acuerdo con el Fondo que no existía y que solo se anunciará hoy. Ese mensaje le valió a Dujovne una seria reprimenda del staff del Fondo en Washington pocos días después y motivó también un reproche a Macri, esta vez más cordial, de la propia directora del FMI, Christine Lagarde . Dujovne nunca se lo perdonó a Caputo.

Sin embargo, no fueron pocas las críticas que el Gobierno recibió ayer por la falta de timing político para anunciar la renuncia de Caputo. Se dio pocos días después de que se estabilizaron el mercado cambiario, los bonos y el riesgo país. Debe reconocerse que ninguna de esas tres variables sufrió ayer grandes modificaciones por la renuncia de Caputo. La dimisión se anunció, además, cuando el Presidente estaba en Nueva York en medio de importantes interlocutores políticos, económicos y financieros. Es obvio, al fin y al cabo, que el interlocutor que más le interesa al Gobierno (si no el único en este momento) es el Fondo. Y que no quiere quedar mal con este, que conocía las disidencias de Caputo. En cuanto a la coincidencia con la huelga de la CGT, funcionarios oficiales la celebraban. "Quitamos la huelga del primer plano de las noticias", decían, mientras aseguraban que los dirigentes gremiales estaban muy molestos por haber tenido que compartir en el ámbito mediático su paro general con la caída de uno de los funcionarios más importantes de la administración. Sea como sea, debe concluirse que el Presidente tiene problemas para resolver la homogeneidad y la coherencia de su equipo económico. En menos de tres años cambió a cinco funcionarios importantes del área económica: Alfonso Prat-Gay , Sturzenegger, Mario Quintana , Gustavo Lopetegui y, ahora, Caputo.

La designación de Guido Sandleris como nuevo presidente del Central provocó también una generalizada sorpresa entre economistas, financistas y directivos del mercado. Sandleris es un académico que era hasta hace poco solo un asesor de Dujovne. Ese cargo fue ocupado históricamente por personas con conocimientos prácticos del mercado financiero y, en la mayoría de los casos, con cierto prestigio en los círculos de la economía. El nombramiento de Sandleris se interpretó como un fortalecimiento de Dujovne (era su segundo), pero esto deberá comprobarse en las próximas semanas. Dujovne fue desgastado también por el curso zigzagueante de la crisis cambiaria y económica y por sus disputas con Caputo. No es una novedad que en aquel complejo fin de semana de principios de mes estuvo a punto de perder el cargo. Ninguna noticia es la última cuando la crisis todavía está en desarrollo y cuando el Presidente acaba de anunciar que definitivamente será candidato a la reelección el año próximo.

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Es cierto que la renuncia de Caputo les sacó protagonismo a los dirigentes sindicales. No por eso la huelga fue menos importante. Hay un dato cierto: los salarios han quedado desactualizados después de la megadevaluación y de la consecuente inflación. Ningún aumento salarial, acordado con anterioridad a la crisis, compensa las consecuencias del conflicto económico. También se registra un goteo permanente de pérdidas de trabajo, según los datos de la propia Secretaría de Trabajo. En ese contexto, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica , convocará la próxima semana a un diálogo con los dirigentes gremiales. Jorge Triaca , a su vez, está a punto de anunciar una revisión de todas las paritarias. Esa es una parte objetiva de la realidad. La otra parte, no menos decisiva, es que los gremios más razonables (los Gordos, los independientes, los de energía y los de transporte) son empujados hacia la rebeldía por el moyanismo, el cristinismo, las dos CTA y la izquierda trotskista. La huelga fue claramente inoportuna porque coincidió con el viaje del Presidente a los Estados Unidos. Lo peor de todo, no obstante, lo deparó un dirigente que tenía fama de razonable: Pablo Micheli , dirigente de una de las CTA, aunque ya fagocitado por la otra CTA, la más cristinista. "O cambia el modelo o cambia este gobierno", exclamó. Dijo eso poco antes de que una banda de encapuchados intentara prenderle fuego a una dependencia de la Gendarmería. Los gremios tienen el derecho de defender a los trabajadores, pero no tienen ninguna facultad para decidir las políticas del Gobierno. Para eso están los gobernantes que eligió la sociedad. Las palabras de Micheli y los posteriores hechos violentos significan una clara ruptura del contrato democrático por parte de un sector del sindicalismo.

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