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La perseverancia

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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27 de septiembre de 2018  • 00:04

El ser humano posee el atributo de la perseverancia. Y aun así, uno de los grandes problemas que muchos tienen es el de la inconstancia. Algunas personas comienzan un estudio y pronto lo abandonan. Otros elaboran un proyecto personal con mucho entusiasmo y lo dejan a mitad de camino. Y otros forman pareja y enseguida se separan. ¿La razón? La inconstancia.

Lo opuesto de la inconstancia es precisamente la perseverancia, que indefectiblemente nos conduce al éxito. Como reza el dicho tan conocido: "Persevera y triunfarás". Es decir, si uno no persevera, si no desarrolla la capacidad innata de continuar con la que todos nacemos, raramente logrará alcanzar aquellas cosas importantes que se propone en la vida. Todos conocemos a esa persona maravillosa que al principio promete mucho, pero es "de mecha de corta duración". Arranca con fuerza pero el entusiasmo le dura apenas semanas o meses. Es el que, por ejemplo, expresa: "Contá conmigo para lo que necesites" y, por lo general, es el primero que abandona.

¿Cómo podemos entonces convertirnos en personas más perseverantes para seguir adelante y, a su debido tiempo, cosechar lo que sembramos? He aquí algunos principios para considerar en nuestra vida:

Ser agradecidos

La gente agradecida tiene mejor perspectiva de vida. Para lograr una existencia de agradecimiento constante, necesitamos posicionarnos en las cosas buenas que tenemos. Cuando decidimos ser agradecidos por todo lo que hoy está en nuestras manos, es decir, estar satisfechos con nuestra vida tal como es, nuestra existencia se ensancha. Toda vez que alguien o la vida nos da algo, se genera una deuda. Cuando yo recuerdo una bendición recibida, mi mente activa la deuda, ¿y cómo se salda esa deuda? Capitalizando lo que me dieron para ayudar a otros y avanzar. Dicha actitud activa la perseverancia. La gratitud es el motor que nos impulsa a no bajar los brazos.

Fijar metas claras

Se descubrió que la gente que establece una meta específica es más perseverante. Aquel que declara: "Quiero viajar", es muy probable que pueda alcanzar esa meta. ¿Te gustaría alcanzar ese proyecto que siempre te propusiste? Es probable que lo logres. Si vos tenés una meta definida, vas a ser más perseverante que si simplemente decís: "Quiero disfrutar este momento y que sea lo que sea en el futuro". Quien piensa de este modo, casi siempre, se deprime o estanca en el ahora. Está bien conectarse con el presente, pero también debemos pensar en el mañana. Lo ideal es disfrutarlo plenamente, pero también esperar un futuro mejor. En otras palabras: avanzar mirando la meta. Porque aquel que persigue un sueño es perseverante. El sueño es como un imán invisible que nos empuja a jamás desistir. El depresivo y el melancólico no tienen sueños y no esperan ni ven nada para adelante. Llenate siempre de sueños y nada te detendrá.

Desarrollar la capacidad de renunciar

Nadie puede hacer todo en la vida. Tal vez vos tenés la meta de viajar, pero te gustaría comprarte un par de zapatos. O te encanta ir a comer afuera. Sin embargo, hay que priorizar. ¿Por qué? Cuando tenemos un objetivo puntual, necesitamos aprender a renunciar a lo pequeño por algo más grande que nos espera. Muchos carecen de perseverancia porque quieren todo: esa es -por lo general- una actitud adolescente. El adolescente quiere todo y todo es nada. Renunciar a cosas es lo que hacemos cuando estudiamos una carrera universitaria. En más de una oportunidad el estudiante dice "no" a una salida con amigos porque escoge quedarse a preparar un parcial o un final, es decir, renuncia a algo en pos de otra cosa que ganará más adelante. Esta actitud siempre trae sus beneficios a largo plazo. Aunque algunos lo perciban como una pérdida, en realidad, con el tiempo terminamos obteniendo una ganancia. No se trata de una renuncia melancólica, sino de una renuncia serena en pos de algo mejor.

Siempre que tomamos una decisión algo ganamos y algo perdemos. Y en eso consiste la renuncia, en dejar de lado una satisfacción inmediata por algo mayor a largo plazo. Los que amamos el ajedrez sabemos que existe una apertura que se llama "gambito de rey". Esta serie de movimientos consiste en sacrificar un peón al comienzo de la partida para ganar luego una posición más estratégica. Esta es una metáfora que describe lo que implica la renuncia.

Aunque queramos, no podemos tener todo. Todo es nada. Necesitamos dejar algunas cosas en pos de otras mucho más grandes, más importantes, más trascendentes.

Apoyarse en los demás

Está demostrado que la persona que entrena o practica un deporte de manera individual, solo, abandona antes que el resto. Esta es la razón por la que hay tanta gente que corre o se ejercita en grupo. El otro nos potencia. Somos seres sociales: copiamos, contagiamos y nos contagian las emociones.

Somos seres emocionales y emocionables. Entonces, rodearnos de gente perseverante, que nos motive, que nos aliente, que nos recuerde que a pesar del presente difícil, hemos atravesado con éxito muchas pruebas y, por lo tanto, tenemos los recursos internos para dar batalla a las que hoy nos están sucediendo.

Dar el máximo

Es interesante el concepto de agonía. El término "agonía" en el griego clásico significaba "esforzarse al máximo" y se aplicaba al atleta. Así, decir que alguien "está agonizando", significa que esa persona "ha alcanzado su nivel máximo de esfuerzo", es decir, ha dado todo de sí.

Un esfuerzo agónico implica, en el lenguaje futbolístico, dejar todo en la cancha. ¿Querés ser perseverante y llegar a la meta? Entonces tenés que darlo todo, sin guardarte nada. Aun cuando sintamos que no podemos resistir más, todos poseemos la capacidad de funcionar con agonía, dándolo todo, porque la energía que llevamos en nuestro interior es como un dínamo. Y nosotros mismos activamos ese dínamo sumándole fuerza a lo que hacemos. Es como el dínamo de la bicicleta que transforma la energía mecánica en eléctrica. Yo pedaleo y, mientras lo hago, activo el dínamo que traduce energía para que se encienda la lamparita y pueda ver.

El principio de la agonía es siempre saldarlo con uno. Si hice lo que más pude según mis fuerzas y mi momento evolutivo, estoy contento, pero eso significa permanecer siempre allí. Buscaré mejorarme pero lo haré desde la paz y desde el saldo conmigo mismo.

Cuando doy "mi máximo", aunque no gané el premio, gané conmigo mismo, porque sé que lo di todo. Entonces, estoy en paz conmigo mismo, y aunque haya perdido, me siento ganador. Ahora bien, ¿qué pasa si doy "a media máquina"? Mi alegría dependerá del premio, y aun cuando lo gane, habré perdido conmigo mismo, porque internamente sé que no di mi máximo potencial.

¡Nunca dejes de perseverar!

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a bernardoresponde@gmail.com

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