La tormenta era una crisis

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION
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27 de septiembre de 2018  

Nicolás Dujovne y Christine Lagarde anunciaron ayer los términos del nuevo acuerdo con el FMI y explicitaron su objetivo principal: despejar las dudas sembradas en el mercado sobre la capacidad de la Argentina para pagar su deuda. Con ese propósito se adelantarán de 6000 a 13.400 millones de dólares los desembolsos previstos para este año. Y de 11.400 a 22.800 los previstos para el año próximo. Además, para que las dudas sobre la solvencia no se trasladen a 2020 y 2021, el préstamo se incrementará en 7100 millones de dólares. Y una novedad crucial: Dujovne consignó que los recursos provistos por el Fondo no tienen un carácter precautorio. Es decir, se los puede utilizar para cumplir con los acreedores. Esta modificación, que tranquilizará a los tenedores de bonos, agrava el diagnóstico sobre la economía nacional. La tormenta es en realidad una crisis. Y el problema cambiario amenazaba con derivar en un nuevo default.

En un documento que circuló anoche entre los funcionarios sobre el programa financiero que se deriva del nuevo entendimiento con el Fondo, se lee lo siguiente:

"El nuevo acuerdo alcanzado con el FMI nos permitiría prácticamente no hacer colocaciones en el mercado en lo que resta de 2018 y en la totalidad de 2019. Los desembolsos de 2018 y 2019 serán más del doble que los pautados originalmente.

Con el mayor financiamiento disponible de 2018 podremos reducir el uso de caja y comenzar 2019 con un saldo disponible cercano a los US$ 5.400 millones, lo que nos da mayor flexibilidad financiera.

Todo esto permite que en 2018 solo necesitemos refinanciar el 50% de las LETE en dólares y el equivalente al 100% de las LETE en pesos, y en 2019, el 60% de las LETE (en pesos y dólares). Podríamos afrontar menores refinanciamientos haciendo un mayor uso de caja.

Con este programa financiero recién tendríamos que volver a realizar colocaciones netas en el mercado en 2020".

La primera persona del plural en la última frase corrobora la apuesta que hizo Macri en Nueva York por su reelección.

Nicolás Dujovne y Christine Lagarde anunciaron ayer los términos del nuevo acuerdo con el FMI
Nicolás Dujovne y Christine Lagarde anunciaron ayer los términos del nuevo acuerdo con el FMI Fuente: AP - Crédito: Andres Kudacki

A cambio del incremento y la aceleración del crédito, Dujovne se comprometió a realizar un esfuerzo fiscal que ayer calculó en 3 puntos del producto, para alcanzar el déficit cero en 2019. Hay economistas que calibran ese ajuste en 3,7 puntos del PBI.

La otra innovación de ayer es la autorización otorgada por el Fondo para que el Banco Central intervenga en el mercado de cambios cada vez que el dólar supere los límites de una banda de flotación. La contracara de esta "conquista" es una política monetaria muy restrictiva, que se obliga a congelar la cantidad de pesos en poder del público o depositados por los bancos en el Central.

Macri logró que se aceptara su malhadada solicitud del 29 de agosto, que formuló sin negociación previa. Aquel pedido no solo fue precipitado. También fue incorrecto. El adelantamiento de los giros aumentaba el problema que se quería corregir. El mercado entendió que el presidente que gobierne después de 2019, que podría no ser el actual, iba a quedar sin financiamiento. Todo empeoró. La aceleración de los desembolsos obligó a incrementar el monto de la asistencia. Fue indispensable también que el dinero pudiera aplicarse al pago de deuda. El propósito central de estas cláusulas es que descienda el índice de riesgo país, que afecta la cotización de los títulos públicos y encarece el financiamiento internacional del sector privado.

El otro éxito del Gobierno fue que el Fondo acepte algo parecido a una banda cambiaria. Si bien el Banco Central no garantizará con sus intervenciones un límite a la cotización del dólar, se le autoriza a vender US$150 millones para cuando supere los $44. Lagarde dejó entrever la reticencia del organismo cuando dijo que habrá flotación libre, a secas. Los topes virtuales de esa flotación fueron negociados por Dujovne con el vicedirector David Lipton, que representa a Estados Unidos y pretende que el precio del dólar sea fijado por el mercado. Lipton terminó aceptando que, en una economía zamarreada por expectativas sin control, conviene anclar la variable cambiaria en términos nominales. En Hacienda creen que condicionar el precio del dólar solo con una tasa de interés extravagante crearía la impresión de una economía inviable por completo. El Gobierno pretende bajar el costo del crédito antes de que colapse el sistema productivo. El financiamiento del capital de trabajo supone hoy un esfuerzo insoportable, del 5% mensual, que amenaza con castigar la cartera de los bancos por la multiplicación de los morosos.

Anoche algunos expertos observaban las limitaciones que presentan las nuevas reglas para alcanzar ese resultado. Uno de ellos razonaba así: "Si el dólar supera los $44 pesos y no se lo detiene con la venta de US$150 millones, tendrán que subir la tasa de interés. Y si compran divisas para que no perfore el piso de $34, para esterilizar los pesos que compraron también deberán subirla". Corolario: la confianza que inspiren las nuevas normas será crucial para que no se profundice la recesión.

El Fondo volvió a demostrar que Macri consigue en el mundo político el respaldo que le ha negado el mundo financiero. Sobre todo, por el aval del gobierno de los Estados Unidos. Para entender ese acompañamiento basta con leer el discurso de Donald Trump ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Allí señaló que "todas las naciones del mundo deberían resistir el socialismo y la miseria que trae para todos". Cuando los funcionarios argentinos solicitan el auxilio norteamericano, suelen explicar que "si nosotros fracasamos vuelve el socialismo". A veces dicen "comunismo". Soluciones imperfectas para una dificultad retórica: con la gente de Trump no se puede denostar el "populismo".

La generosidad del Fondo se explica también por la peripecia de Lagarde. Su compromiso con la Argentina ha sido tan audaz, que ella también sería arrastrada por un eventual fracaso del programa. Y ella también está en campaña para octubre del año próximo. Es la única mujer postulada para presidir el Banco Central Europeo. Esa encrucijada explica el enojo de esta abogada ante el anuncio unilateral que Macri de fines de agosto: sospechó que los argentinos se aprovechaban de que, por su propia vulnerabilidad, debería conceder lo que le pidieran.

La condescendencia del Fondo asomó en otra curiosidad. Nadie puso el grito en el cielo por cierta irreverencia hacia la independencia del Banco Central, que para ese organismo parecía sacrosanta. El capítulo monetario y cambiario fue negociado por Guido Sandleris, cuando todavía era funcionario de Hacienda.

El desplazamiento de Luis Caputo comenzó a hacerse evidente después de aquella conferencia de Macri que, además de disparar el dólar, desató una crisis con Dujovne y, en especial, con el Fondo. El primer indicio fue que se excluyó a Caputo del viaje del ministro de Hacienda a Washington, el 2 de este mes, para abrir la negociación. En su lugar fue el vice del Central, Gustavo Cañonero. Una versión surgida de la Jefatura de Gabinete, afirma que para esas horas Marcos Peña comunicó a Caputo la necesidad de su alejamiento. A algunos colaboradores de Macri que viajaron con él a Mendoza el pasado 6 les llamó la atención una charla a solas de casi una hora con Caputo, quien se encontraba en la ciudad por la conferencia del IAE. Quizás allí se decidió la partida.

La explicación oficial es verdadera. La situación del presidente del Central fue decidida hacía ya tiempo. Pero el anuncio estaba programado para ayer. ¿Por qué Caputo se fue un día antes, cuando el Presidente estaba en Nueva York? La sorpresa contradijo el espíritu del viaje: demostrar previsibilidad ante el mercado. Se trata de una renuncia significativa. Caputo es primo hermano del "hermano de la vida" del Presidente: Nicolás Caputo. Macri logró retenerlo en el Gobierno a pesar del alejamiento de su amigo Alfonso Prat-Gay, de quien fue secretario de Finanzas. Caputo formó un bloque con otro desplazado: Mario Quintana. Ausencias que llora Horacio Rodríguez Larreta, íntimo amigo de ambos. A Larreta le atribuyen haber sido, en la turbulencia de fines de agosto, el principal impulsor del frustrado desembarco de Carlos Melconian para reemplazar a Dujovne.

Sandleris sabía desde hacía tiempo que iría al Central. Y después de que Cañonero rechazó la oferta, sabía que reemplazaría a Caputo. Dada su buena relación con Dujovne, podría ser la primera vez en que Hacienda y el Central están sintonizados en la era Macri. Hay otra novedad: la incorporación de una mujer, Verónica Rappoport, como vicepresidenta segunda del banco. Rappoport se graduó con un máster en la Universidad Torcuato Di Tella, de donde proviene Sandleris. Y se doctoró en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, como Federico Sturzenegger. Reconocida por su talento y su capacidad de trabajo, hasta ahora enseñaba en la London School of Economics. Su relación con Sandleris es antigua. A fines de los años 90, ambos trabajaron bajo la tutela de José Luis Machinea en la Fundación para el Desarrollo con Equidad. En 1999 colaboraron con él en el Ministerio de Economía. Rappoport trabajó en Defensa de la Competencia con Carlos Winograd.

Interesada por la agenda política y defensora de la igualdad de género, Rappoport representa una tácita conquista de Lagarde. La directora del Fondo es una abanderada de los derechos de la mujer. Se lo hizo saber a Dujovne, al preguntarle: "¿No debería tener más mujeres en su equipo?". Desde Londres ha llegado la respuesta.

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