La premier de Nueva Zelanda es una sensación mundial, ¿y puertas adentro?

Jacinda Ardern viajó a Nueva York para la Asamblea de la ONU y participó en un foro sobre desarrollo sustentable
Jacinda Ardern viajó a Nueva York para la Asamblea de la ONU y participó en un foro sobre desarrollo sustentable Fuente: Reuters
Charlotte Graham-McLay
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27 de septiembre de 2018  • 16:19

WELLINGTON, Nueva Zelanda.- En un video que compartió en vivo por Facebook, donde se la veía sentada en un sillón meciendo a Neve, su beba nacida hace apenas diez días, la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, celebró el lanzamiento de un nuevo paquete de ayuda para las familias.

Entre chistes sobre la maternidad y explicaciones sobre la implementación de sus nuevas políticas, Ardern dijo que el paquete de 5000 millones de dólares de subsidios y rebajas impositivas era "el cambio más importante en muchas décadas del sistema de bienestar del país ". De todas las medidas de su gobierno, "esta es la que más me enorgullece", dijo, antes de disculparse con la gente por su aspecto cansado, ya que no se había maquillado.

Primera ministra de Nueva Zelanda lleva a su bebé a ONU - Fuente: AFP

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Video

Ese video de Ardern de julio es solo un ejemplo de sus intentos para tantear el alcance de lo que describe como una política "con un poco de corazón".

En muchos sentidos -temperamento, estilo y políticas públicas, entre tantos otros-, Ardern es la contracara del presidente norteamericano, Donald Trump , y de otros petulantes líderes varones.

Ardern tiene fascinado al mundo por sus valores progresistas, su juventud, su carisma y su condición de flamante madre, lo que atrajo sobre ella más atención que la que haya concitado anteriormente cualquier líder de ese pequeño país insular del océano Pacífico.

La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, fue con su bebé a la ONU
La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, fue con su bebé a la ONU Fuente: Reuters - Crédito: Don Emmert

Esta semana, acompañada por su pareja y su hija, que ahora tiene tres meses, Ardern alzó su voz en Nueva York, donde tendría hoy la posibilidad de hablar en nombre de Nueva Zelanda ante la Asamblea General de las Naciones Unidas .

Ardern también participará en entrevistas en The Today Show, con Christiane Amanpour y con Stephen Colbert. Los medios de prensa internacionales quieren presentarla como un nuevo tipo de líder poco convencional del siglo XXI: la madre soltera y analista política que cuando estaba embarazada se puso un manto tradicional maorí para visitar a la reina Isabel en el Palacio de Buckingham.

Pero mientras su estrella brilla en el extranjero, Ardern tiene cada vez más problemas en su propio país. Los intereses de las corporaciones se están alineando en contra su agenda: en julio, el índice de confianza de negocios en el país cayó a su punto más bajo en 10 años. Según cifras publicadas este mes, la confianza ahora empezó a repuntar, pero sigue siendo frágil. Todavía se están discutiendo políticas importantes, incluida una reforma fiscal, y los críticos se preguntan si Ardern será capaz de mantener la disciplina dentro de su coalición de gobierno.

Los expertos señalan que Nueva Zelanda es un buen ejemplo de las dificultades que entraña implementar una agenda progresista en una época en que la política está fracturada y los conservadores de todo el mundo están envalentonados. Quienes apoyan a Ardern dicen que tiene que ir más a fondo con su cambio transformador.

"Los gestos de bondad y de cuidado a veces tienen que ir acompañados de aspectos más concretos y significativos de bondad en la práctica", explicó Max Harris, becario del All Souls College, de Oxford, y autor de The New Zealand Project, un libro sobre las políticas de ese país. Harris agregó que el verdadero éxito de las políticas de Ardern requiere cambios estructurales en el sistema social y económico, y todavía no queda claro si la mandataria podrá llevarlos a cabo.

"Jacindamanía"

Ardern, de 38 años, creció en la Nueva Zelanda rural, estudió comunicación en la universidad y ya de joven se afilió al Partido Laborista.

Toda su carrera profesional la hizo en la política. Trabajó en el equipo del exprimer ministro británico Tony Blair y luego en el de Helen Clark, exprimera ministra de Nueva Zelanda, antes de entrar al Parlamento, en 2008.

Ardern llegó al poder de Nueva Zelanda en octubre pasado. Tras nueve años de gobierno de la centroderecha, obtuvo la victoria con su partido en base a la promesa de un pacto social más favorable para la gente de a pie, especialmente los marginados y los más vulnerables.

Pero su poder aún es limitado. En Nueva Zelanda, un partido no tiene que ganar la mayoría absoluta para gobernar. Los laboristas llegaron al poder formando una coalición con partidos menores, y en las últimas semanas, las disputas entre el partido de Ardern y el de Winston Peters, el viceprimer ministro cuyo apoyo fue crucial para su victoria, se volvieron más frecuentes, y algunos críticos hasta se preguntan si Ardern está efectivamente a cargo del gobierno.

Neve, la hija de la primera ministra de Nueva Zelanda Jacinda Ardern
Neve, la hija de la primera ministra de Nueva Zelanda Jacinda Ardern Fuente: AFP

La imagen de Ardern en su país sufrió un nuevo golpe el mes pasado, cuando dos de sus ministros se vieron obligados a dejar el gobierno: uno fue acusado de tener un altercado con un miembro de su equipo, y el otro no informó de la reunión que había mantenido con accionistas empresarios para hablar de temas legislativos.

Ardern dijo que en ambos casos actuó con decisión, pero sus detractores resaltaron que mostró debilidad y que le faltó liderazgo para conducir a su equipo de gobierno.

Los legisladores del Partido Nacional también condenaron su tendencia a conformar paneles de expertos para investigar decenas de temas, mientras que los detalles sobre cuestiones esenciales, como las cargas impositivas, siguen siendo difusos.

"Los que apoyan al gobierno tienen la expectativa de que suceda un gran cambio, pero todavía no sé si este es un gobierno transformador o no", dijo Bryce Edwards, analista político de Nueva Zelanda. Respecto a los grupos de trabajo, agregó: "Da la sensación de que evitan algunos de los temas difíciles y se los derivan a los tecnócratas".

No obstante, la agenda del primer año de Ardern al frente del gobierno estuvo cargada: aprobó un programa de inversión en las regiones rurales de Nueva Zelanda, implementó programas de vivienda accesible y créditos impositivos para padres recientes y familias vulnerables, y frenó nuevas perforaciones de petróleo y gas en mar abierto.

Una de sus frases más frecuentes es "Lo correcto es hacer esto". Este mes usó esa frase cuando anunció que a partir de 2020 Nueva Zelanda aceptaría 500 refugiados más por año, llevando el cupo anual a 1500 migrantes nuevos. La frase también volvió a aparecer cuando anunció el congelamiento de los salarios de los legisladores y el aumento de la licencia parental con goce de sueldo.

Política y maternidad

Ardern es la segunda mujer de la era moderna que tuvo hijos durante su mandato, después de la paquistaní Benazir Bhutto, en 1990.

La premier anunció su embarazo en enero pasado, tuvo a su hija a fines de junio y volvió al trabajo en agosto. Entretanto, apareció en vivo en Facebook durante su licencia por maternidad para anunciar el plan de asistencia familiar.

Su condición de primera ministra y madre al mismo tiempo es motivo de debate a nivel internacional sobre el papel de las mujeres en el trabajo, y se advierte que tanto ella como el resto de Nueva Zelanda siguen explorando los límites de lo que implica.

Jacinta Ardern, de 38 años, está en pareja con el periodista Clarke Gayford
Jacinta Ardern, de 38 años, está en pareja con el periodista Clarke Gayford

Para Ardern, su misión es mundial. Es una férrea defensora del multilateralismo, y si bien Nueva Zelanda es una pequeña nación insular acostumbrada a no ser "la voz más poderosa de la sala, ahora el poder circula de muchas maneras", señaló.

Y agregó que Nueva Zelanda no es la única nación que puede beneficiarse con más gestos inspiradores y menos amedrentamiento. "Para mantener la fuerza de la democracia, la gente tiene que creer en ella y tiene que creer en los políticos", dijo Ardern antes de dejar la Asamblea General de la ONU. "Y me niego a aceptar la idea de que el poder no puede ir acompañado de nociones como la compasión, la bondad y la empatía", subrayó.

Traducción de Jaime Arrambide

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