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En solo diez meses, Lanús viajó del sueño de la Copa Libertadores a la pesadilla de los promedios

El plantel de Lanús que el 22/11/2017 jugó la primera final de la Libertadores ante Gremio
El plantel de Lanús que el 22/11/2017 jugó la primera final de la Libertadores ante Gremio
Alberto Cantore
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27 de septiembre de 2018  • 23:59

De subcampeón de la Copa Libertadores 2017 a mirar con preocupación la tabla de los promedios. Diez meses, tiempo en que el dolor por aquella doble derrota con Gremio, en los juegos de la llave final, se reconvirtió en temor por una posición deportiva incómoda, a la que el club se desacostumbró. Los 26 años en primera, periodo en los que Lanús protagonizó los impactos consagratorios, con festejos de títulos y reconocimiento nacional e internacional, entraron en un espacio de incertidumbre. Un derrumbe impensado y vertiginoso en el que la economía y el proyecto futbolístico dejaron de caminar a la par y el objetivo debió ser rediseñado. Sin gradualismo, un recambio profundo.

Al comparar nombres y cifras queda expuesto el nuevo escenario. El turbulento presente futbolístico se despega del pasado reciente de éxitos, pero la fórmula que se aplica tiene como meta que el ciclo se oxigene y se repitan los triunfos en el futuro. "No es nuevo, a excepción de River y de Boca, el resto de los clubes no podemos sostenernos en el tiempo, porque no se generan ingresos que puedan sostener el gasto. Nosotros hicimos un esfuerzo, invertimos durante dos años. pero ese ciclo se terminó con la final de la Copa Libertadores. Los futbolistas se cotizaron en ese tiempo y los contratos en dólares empujaron a tener que achicar el plantel", es el razonamiento que el presidente Nicolás Russo le hace a LA NACION. Y para ilustrar el delicado momento apela a lo que fue la campaña en la temporada 2000/2001, cuando Lanús disputó la Promoción con Huracán (de Tres Arroyos) y cinco años después festejaba el histórico primer título, al gritar campeón en la Bombonera.

El reacomodamiento económico repercutió en la campaña deportiva. Lanús privilegió el campeonato que se juega en la tesorería porque el promedio le ofrecía aire, aunque el desguace que sufrió el plantel precipitó la caída. Las estadísticas enseñan las razones de la debacle que motiva preocupación. Cada dato hace que el cuchillo se hunda un poco más en un cuerpo que no presenta las defensas altas como se ofrecía hace un tiempo atrás. Cuatro caídas en cadena y sin convertir goles, el primer análisis; si se mira un poco más lejos, la serie sin victorias acumula 13 partidos. Casualmente, la última vez que Lanús ganó por la Superliga fue ante River, el rival de hoy, a quien superó por 1-0, con gol del uruguayo Alejandro Silva. Pero si la mirada es más abarcadora y se fija en lo que resultó la tarea de Ezequiel Carboni al frente del plantel, las dos victorias y 10 empates apuraron esta actualidad impensada. Entrenador de la Reserva, el ahora DT de Argentinos tenía argumentos para ser el conductor de un grupo de jugadores que estuvieron bajo su mando también en las divisiones inferiores. Pero el reto los superó.

De nombres y presupuesto

El exitoso y elogiado ciclo de Jorge Almirón se desmanteló. Lanús se desprendió de Andrada, Braghieri, Marcone, José Sand, Fernando Monetti, Alejandro Silva, Germán Denis, Román Martínez, Velázquez, Aguirre. Hoy, el emblema es Lautaro Acosta y los estandartes los lucen futbolistas de recorrido corto como Tomás Belmonte, Gastón Lodico, Leandro Maciel, Pedro De la Vega, Gabriel Carrasco, Nicolás Thaller. Las contrataciones de Guillermo Sara, Marco Torsiglieri, Lucas Mugni, Facundo Quignon, Pereyra Díaz, el goleador uruguayo Sebastián Ribas y Fernando Coniglio deberán ofrecer sustento para que el peso de una campaña compleja no recaiga en los juveniles.

Tras la derrota con Aldosivi, se fue Carboni

"No estamos bien en la tabla de posiciones ni en el promedio, no podemos ocultar esa realidad, pero no teníamos el dinero para equiparar el plantel con futbolistas de la jerarquía de los que se fueron. Por eso optamos por promover a los juveniles, de los cuales muchos ni se entrenaban con la primera hace un año atrás y tuvieron que hacer un proceso de adaptación y de crecimiento muy rápido", esgrime Russo, que como contrapartida expone que la tesorería está transitando por un "momento histórico". "Se canceló la deuda de 60 millones de pesos con la AFA; los sueldos del plantel y de los 700 empleados [$25 millones] están al día. Mantenemos la cuota social en $500, aunque debería costar $640: preferimos que no disminuya el número de socios [23 mil], una cifra en la que nos estabilizamos hace dos años. En otro contexto, jugando una final de Copa Libertadores y habiendo ganado los dos títulos locales en 2016, tendríamos que haber sumado unos siete mil nuevos asociados. Y después hay números sobre los que el hincha de fútbol no se detiene, como que de pagar 95 mil pesos de luz ahora abonamos $675.000".

Diez puntos separan a Lanús de San Martín, de San Juan, que ocupa la última plaza de descenso. En el recambio de piezas, algunas se marcharon molestas, destratadas por la falta de comunicación, el equipo ingresó en un camino culebrero. Un hijo dilecto como Luis Zubeldía asumió el compromiso para revertir el rumbo deportivo, mientras los dirigentes proyectan a futuro. "Por ahora no se dieron los resultados, pero con una tesorería ordenada el éxito está asegurado", declama sin nerviosismo el presidente Russo.

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