Juegos de la Juventud: preguntas y respuestas para un diagnóstico

Osvaldo Arsenio
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27 de septiembre de 2018  • 23:59

A una semana del comienzo de los Juegos Olímpicos de la Juventud, el evento multideportivo más importante para nuestra historia, hay tres preguntas que desde lo técnico son importantes para ubicarnos y orientarnos:

1.– ¿Cómo se desarrolló el proceso selectivo de nuestros deportistas?

2.–¿Qué resultados deportivos se pueden esperar?

3.– ¿Que legado y transformaciones podemos proyectar desde lo técnico?

El proceso de selección arrancó hace más de cuatro años con una batería de tests realizada con cientos de miles de niños y adolescentes de las edades previstas para estos Juegos. Esta etapa, con tests a mi juicio demasiado generales, sirvió para delimitar variables biológicas de la población juvenil, aunque difícilmente nos señalen con precisión a un talento en una disciplina. Luego dieron paso a procedimientos más específicos, cuando se comenzó a trabajar con las diferentes federaciones deportivas y sus seleccionados juveniles, así como también en la utilización de grandes torneos masivos regionales y nacionales.

Todo esto trajo como resultado la detección y seguimiento de más de 3000 talentos como posibles candidatos a representarnos, procediendo luego a sucesivas etapas selectivas internas que decantaron en la selección final. El seguimiento en esta etapa incluyó un sistema de becas, entrenamientos especiales y competencias para los atletas y sus técnicos.

En cuanto a los resultados posibles, y más allá de la dificultad de todo pronóstico en una competencia cuyos participantes están por sus edades en una constante evolución, al menos 12 deportes pueden tener posibilidades de podio. Entre ellos, vela, natación, atletismo, judo y otros deportes de combate. Y por supuesto, las disciplinas de equipo. Será entonces muy factible estar en los dos dígitos de medallas.

En cuanto a lo más importante, el legado, será decisiva una continuidad en la ayuda en edades en las que surge y se consolida el talento deportivo. También el apoyo y la profesionalización real de los técnicos y hacedores de estos juveniles. Y que el espacio ganado en estos cuatro años no se disipe una vez finalizadas las competencias, como nos suele ocurrir históricamente.

El camino recorrido ha sido bueno y es por supuesto perfectible. Los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 nos mostrarán a jóvenes talentos cuya madurez deportiva, según cada disciplina, se proyectará aún más allá de París 2024. Es una oportunidad única para no depender del azaroso surgimiento de una estrella deportiva, sino de la planificación y ayuda constante en estas edades en las que se resuelve el futuro deportivo de cualquier país.

* (Osvaldo Arsenio es exDirector Nacional de Deportes)

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