Gabriel Goity, ante uno de sus mayores desafíos teatrales

El comediante se mete en la piel de un despiadado y culto militar nazi en Las benévolas, obra de Jonathan Littell, que dirige Laura Yusem en el Teatro Nacional Cervantes
El comediante se mete en la piel de un despiadado y culto militar nazi en Las benévolas, obra de Jonathan Littell, que dirige Laura Yusem en el Teatro Nacional Cervantes Fuente: LA NACION
Carlos Pacheco
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28 de septiembre de 2018  

Tomar contacto con la biografía del escritor norteamericano Jonathan Littell puede deparar algunas sorpresas. Este judío lituano nacido en 1967 se formó en los Estados Unidos y luego se trasladó a Francia para escribir narrativa. En 1989 publicó Bad voltage. Trabajó durante varios años en la ONG Acción contra el hambre y tuvo activa participación en Bosnia-Herzovina, Chechenia, Afganistán. En 2000 escribe una novela que le da una gran proyección, Las benévolas, con la que en 2006 ganó los premios Goncourt y el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa. La obra, que en su traducción española tiene mil páginas, cuenta la historia de Maximilien Aue, un exoficial de las SS que durante la Segunda Guerra mundial participó de crímenes de lesa humanidad. Un ser extremadamente culto que, recuerda anécdotas devastadoras y que reflexiona de manera natural sobre un momento oscuro de la historia mundial. Luego de aquel proyecto Littell, que ahora reside en Barcelona, solo produjo un tercer material, Lo seco y lo húmedo, en 2009.

Las benévolas fue adaptada al teatro por el dramaturgo argentino Julián E. Ezquerra y se acaba de estrenar en el Teatro Nacional Cervantes con dirección de Laura Yusem y un elenco que integran Gabriel Goity, Raquel Ameri, Matilde Campilongo y Jazmín Diz.

La primera versión que realizó Ezquerra condensaba el primer capítulo de la novela, denominado "Tocata". Pero junto con Laura Yusem decidieron ampliarla y agregar algunas cuestiones que aparecían en otros episodios. "Sobre todo un tema en particular -explica la directora-. Este militar nazi tiene en su infancia una relación incestuosa con su hermana melliza, Una. Y además, mata a su madre y a su padrastro en clara alusión al mito de Electra, y a partir de ese momento no registra lo que hizo. En algunas versiones mitológicas se supone que Orestes está poseído por la locura. Se justifica así la no conciencia de lo que hizo. Maximilien Aue es perseguido por dos policías hasta casi el final. Son las benévolas, las diosas de la furias ya degradadas".

Para Gabriel Goity, un actor acostumbrado a interpretar comedias, este proyecto le impuso un desafío muy grande. Él dice tener un gusto particular por las poéticas oscuras. Su autor argentino favorito es Eduardo Pavlovsky y siente que Littell se asemeja a él aunque aquí con un personaje más sofisticado. "Llevar este relato al teatro implica un riesgo muy grande -comenta-. Me pareció una locura, sentí miedo porque acá no hay red. El teatro no tiene red. No solo por la cantidad de texto que tuve que aprender sino por la personalidad de este hombre. Aparte de ser un nazi, militar de alta graduación, tiene una preparación muy férrea. Es un abogado constitucionalista y eso implica una letra muy particular, difícil. Un ser al que no podés agarrar por ningún lado. Es un demonio. Diría que Ezquerra trasladó a la escena a una criatura que va a competir con cualquier otro personaje del teatro mundial. Tiene millones de aristas".

Definido como un ser oscuro, cínico, Maximilien muestra su costado más siniestro. "Lo que él dice es que cualquiera en esas circunstancias hubiera hecho lo mismo: matar cinco millones de judíos. Interpela al público varias veces como diciendo, ?¿ustedes creen que son mejores?, no. Tienen la suerte de haber nacido en otro momento'", cuenta Laura Yusem.

Al mismo tiempo la creadora explica que es un personaje que tiene cierto encanto. Una ambigüedad que está muy bien desarrollada por Littlell. "No es teatro de todas maneras -agrega-. Es literatura. Es un problema. Puede ser muy interesante o no. El público no está muy acostumbrado a esto. El público espera vínculos, acción, pasión. Acá la única pasión que hay es, primero su convicción de que todo se hizo porque había que hacerlo. Y en segundo lugar esta pasión incestuosa por su hermana".

Gabriel Goity habla de Aue con mucho entusiasmo y mientras lo hace repite fragmentos de un texto que le resulta altamente complejo pero ante el cual no está dispuesto a caer. "Este tipo tendría que estar pudriéndose en la cárcel - dice- y está confundiéndonos con su filosofía y hace chistes sobre eso. Me siento como un maratonista que está cansado pero tiene que seguir corriendo. Tengo que correr, estoy agotado pero tengo la capacidad de decir esto es un gran material y es distinto a todo. Si acá no hurgás fuerte, no sirve. Con oficio no alcanza. Tienen que aparecer los bichitos que adentro estaban dormidos, las mezquindades que nos afligen a todos, los instintos más viles. ?Si te metes en un pensamiento profundo, las cosas reflotan en oleadas densas y oscuras. De noche los pensamientos se desatan y proliferan', dice el personaje".

Y para ejemplificar aún más la personalidad de ese hombre al que tiene que ponerle el cuerpo, Goity se detiene en el siguiente fragmento: "En realidad el peligro no son los torturadores, los desquiciados, los sádicos que hay en los campos de concentración. Que hubo atrocidades las hubo, está perfecto. Pero sádicos y desquiciados hay en todas partes. Es más, nuestros barrios tranquilos están llenos de pedófilos y de psicópatas. Pero estos hombres enfermos no son nada. Los hombres comunes de los que se constituye el Estado, sobre todo en tiempo de inestabilidad, esos son el verdadero peligro".

Las benévolas

Cervantes, Libertad 815.

Jueves a domingos, a las 18.

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