La fábrica de chocolates

Franco Varise
Franco Varise LA NACION
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28 de septiembre de 2018  

La histórica y difícil guerra entre músicos y productores finalmente quedó zanjada en favor de los segundos. Si uno mira los charts de la música comercial de hoy notará que existe una mayoría de artistas solistas que cultivan alguna variante de la amplia avenida del centro del hip hop. No es casual, sino parte de un proceso que comenzó con el derrumbe de la industria musical y del rock como género global indiscutido a la hora de vender. Así fue como un día en los líquidos 2000 algún gerente de un compañía decidió cortar el asunto de raíz: "¿Para qué seguimos lidiando con los energúmenos de las bandas y sus delirios artísticos si podemos hacer todo con uno de los nuestros?" Los productores actuales son muy distintos de los famosos George Martin, Jhon Leckie, Phil Spector, Brian Eno, Nick Rubin o Nigel Godrich, por mencionar algunos famosos personajes que lograron destilar grandes obras a partir de esa extraña sociedad entre la bohemia, los caprichos y vicios artísticos de los músicos, y las necesidades del mainstream. Ahora la cosa es bien distinta. Los productores, en general expertos en tecnología y sonido, funcionan como un algoritmo humano. Un artista (preferentemente solista) envía sus maquetas a la compañía y el productor toma el material para transformarlo según los criterios que supuestamente funcionan en el mercado. El modelo algorítmico incluye sonidos sintetizados que se repiten en todos los discos, estructuras de canciones remanidas y hasta el tipo de vibración (beat) que debe contener un tema para ser un éxito. Las canciones, entonces, son fabricadas como una golosina. Por eso han empezado a surgir críticas tardías y un poco resentidas -porque en verdad el tema viene de lejos- acerca de estos nuevos modelos de producción. Solo bandas grandes y consagradas aún pueden imponer el control sobre sus discos, pero son cada vez más escasas. Es cierto que la creatividad decrece, pero seamos sinceros, ¿quién le va a discutir a un algoritmo que quizás está equivocado?

Sin embargo, no todo está perdido, las plataformas de streaming posibilitaron que sellos gourmet (con métodos "artesanales") pudieran promocionar y comercializar a sus artistas. Hoy buena parte de la música más innovadora, y quizá con mayor futuro por lo menos en el rock y el indie, aparece en esos segmentos de nicho, pero al alcance de todos. Y no es poco.

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