Michel Temer, la figura a la que nadie quiere quedar pegado en la campaña

Los candidatos evitan que sus nombres queden vinculados al del presidente, con un alto nivel de rechazo
Los candidatos evitan que sus nombres queden vinculados al del presidente, con un alto nivel de rechazo Fuente: AFP - Crédito: Archivo
Alberto Armendáriz
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28 de septiembre de 2018  

RÍO DE JANEIRO.- La figura del presidente Michel Temer se ha vuelto tan tóxica en esta campaña electoral que hasta su poderoso exministro de Economía Henrique Meirelles, responsable de haber puesto fin a la recesión más profunda en la historia de Brasil , rechaza ser asociado con el impopular mandatario.

"No soy parte del gobierno", subrayó anteanoche el candidato presidencial del oficialista Movimiento Democrático Brasileño (MDB), durante el debate en la cadena televisiva SBT.

Y cuando se le preguntó si consideraría incluir a Temer en un eventual gabinete suyo si ganara los comicios del 7 de octubre para extender los fueros privilegiados del actual presidente, denunciado por corrupción, asociación ilícita y obstrucción de la Justicia, Meirelles evitó contestar de forma directa, pero sus palabras fueron igualmente demoledoras.

"Todos los que trabajan conmigo son personas de alto desempeño; competencia e integridad personal son mis características", dijo el aspirante al Palacio del Planalto, que de todas maneras, con apenas un 2% de apoyo, se ubica octavo en las encuestas encabezadas por el ultraderechista Jair Bolsonaro , del Partido Social Liberal (PSL), con el 27%, y el izquierdista Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), con el 21%.

Esta semana, el último sondeo de Ibope reiteró que Temer mantiene una tasa de rechazo récord, del 82%, entre los que consideran su gobierno "malo" o "pésimo". Así, a diferencia de otros ciclos electorales en los cuales los candidatos oficialistas aprovechaban la maquinaria propagandística estatal y buscaban ser vinculados con quien estaba a cargo del Poder Ejecutivo, esta vez Temer se ha vuelto un paria y cualquier mención de su nombre es considerada una mala palabra.

"Cuando asumió el poder, en mayo de 2016, en medio del impeachment a Dilma Rousseff, Temer prometió que su gestión serviría para solucionar los problemas políticos y económicos que atravesaba el país. Nada de eso sucedió. La polarización política es más profunda que nunca, los escándalos de corrupción en su gobierno se acumularon y la recuperación económica ha sido la más lenta en la historia de las crisis brasileñas, no dio los resultados que se esperaban", señaló a LA NACION la economista Laura Carvalho, profesora de la Universidad de San Pablo.

Además de golpear a varios colaboradores, las acusaciones de irregularidades llegaron hasta el mismo Temer el año pasado. La Procuraduría General de la República presentó dos denuncias por corrupción, asociación ilícita y obstrucción de la Justicia contra Temer por el escándalo del frigorífico JBS. Aunque el Congreso lo blindó y evitó que esas acciones prosperaran, Temer tendrá que responder a ellas -y a otras dos investigaciones- una vez que deje el poder.

Si bien durante su gobierno se logró controlar la inflación (10,7% poco antes de asumir; 4,1% ahora) y se revirtió la recesión de dos años de duración (el PBI, que cayó 3,6% tanto en 2015 y 2016, creció 1% el año pasado y el pronóstico es de 1,4% este año), el desempleo se mantuvo en alza: del 11,5% en 2016 pasó al 12,3%. Hay 13 millones de brasileños para quienes la desocupación es un drama diario y para muchos más, un temor constante.

"Temer impulsó el congelamiento del gasto público, la flexibilización laboral y la incumplida reforma previsional con la idea de que eran sacrificios necesarios para recuperar la credibilidad, retomar el crecimiento y crear empleos. Pero eso no sucedió. No se generaron puestos de trabajo formales y el mercado se paró, se precarizaron los contratos de empleo, la desocupación creció, la desigualdad aumentó y los servicios públicos se degradaron. En la memoria del electorado, hoy se está peor que en las elecciones de 2014", dijo Carvalho.

Más allá de la oposición, encabezada por el PT, que acusó de "golpista" y "traidor" a Temer, exvicepresidente de Rousseff, incluso los exaliados del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) atacan hoy con dureza al gobierno.

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