El campo tiene que estar en alerta

Las nuevas retenciones afectan al trigo
Las nuevas retenciones afectan al trigo Crédito: ALFIERI MAURO
Manuel Alvarado Ledesma
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29 de septiembre de 2018  • 03:30

La situación que sufre nuestro país muestra a las claras que el programa económico implementado hasta la fecha ha resultado decepcionante. Errores de apreciación sobre la gravedad del cuadro recibido más un diagnóstico errado y la aceptación de perspectivas demasiado optimistas sobre el ambiente internacional permitieron que, a lo largo de esta primera etapa de la gestión de gobierno, aumentara el desequilibrio fiscal y monetario, con endeudamiento creciente, además del déficit en la cuenta corriente de la balanza comercial.

El problema comercial era crucial fundamentalmente por el tipo de cambio, que alentaba visiblemente las importaciones y los viajes al exterior. En tanto que las exportaciones de productos primarios (PP) y de manufacturas de origen agropecuario (MOA) se redujeron por la sequía, las de manufacturas de origen industrial (MOI) y de combustibles y energía (CyE) contribuyeron a mejorar el desbalance. La gravedad no solo provenía del resultado de la sequía, también procedía del incremento en las importaciones. En suma, la seca fue un hecho imprevisible, pero las dificultades derivadas del tipo de cambio no lo fueron.

No puede dejar de mencionarse el golpe proveniente de EE.UU. por los aumentos de las tasas de interés, especialmente de la Reserva Federal (Fed), que incentivan la salida de capitales desde los países emergentes y, además, estimulan la baja de los precios de las commodities agrícolas.

Se agrega a todos estos problemas uno de difícil previsibilidad: la sequía sufrida durante el verano pasado, que redujo dramáticamente la capacidad exportadora de la agricultura en un monto cercano a 10.000 millones de dólares.

A fin de disminuir el déficit primario del Tesoro en 2019, se han aumentado los derechos de exportación de todos los productos en la suma de 4 pesos para el agro y en al de 3 pesos para el resto de las exportaciones. Ello significa una entrada de alrededor de 7000 millones de dólares. De este importe cerca de 5000 millones provendrán del campo.

Este número podrá modificarse según sean el volumen y el precio, principalmente, de los productos del campo. Como sobre el precio internacional no se puede hacer nada, el desafío de los productores y de la cadena de valor es enorme, en cuanto al volumen de producción.

Al respecto, ¿puede decirse que hay alguna buena noticia? Sí, la hay: el tipo de cambio, en términos reales, dado el cuadro macroeconómico del país, habrá de mantenerse elevado. A diferencia de lo sucedido en los últimos años, el peso se mantendrá depreciado. En el último año, ha perdido un 130% de su valor aproximadamente, en tanto que la inflación ha resultado de 45%, más o menos, muy por debajo de la variación cambiaria. En rigor, puede decirse que el tipo de cambio se encuentra ahora en el nivel adecuado, según la paridad teórica de equilibrio.

Desde hace unos treinta días, ha comenzado una corrección acelerada del déficit comercial, y es posible que a fin de año haya superávit comercial. Es cierto que durante el primer semestre el rojo del intercambio de bienes se acentuó con relación al mismo período de2017. Pero ahora la taba se ha dado vuelta, fundamentalmente por la contracción de las importaciones. Si el año pasado el déficit fue de alrededor de 8000 millones de dólares, este año seguramente cerrará con una suma positiva de 2000 millones de dólares.

La contribución del agro a la balanza comercial será decisiva. Lógico resulta esperar una campaña de clima razonable y con el ímpetu del eslabón agrario renovado. Pero...atención. La voracidad fiscal y las urgencias podrán tentar al Gobierno a elevar los derechos de exportación. Por ello, el eslabón agrario deberá mantenerse alerta.

El autor es profesor de la Maestría de Agronegocios de la Ucema

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