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Río de Janeiro militarizada: el lado oculto de la ciudad maravillosa

Facundo Lo Duca
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28 de septiembre de 2018  

No fueron los tanques de guerra. Tampoco el caudal de soldados con armas y granadas que llegaban detrás en camionetas, ni siquiera la orden de un coronel que gritaba por un megáfono: "¡Todos a sus casas! La pacificación de la favela empezó". Lo que a Rene Silva, en ese entonces de 17 años, le molestó aquella mañana de 2010 -en el Complexo do Alemão, donde nació y se crió- fue que lo llamaran "corresponsal de guerra". Así lo apodaron en Twitter, mientras relataba desde su celular, y en tiempo real, la ocupación militar que sucedía en la puerta de su casa. Sus seguidores se multiplicaban por minuto: le llegaban mensajes de gente que no conocía preguntándole qué pasaba, lo retuiteaban famosos y hasta le ofrecieron dinero por las fotos. Ese día, luego de que cinco tanques estacionaran cerca de su calle, hizo un último tweet, ofuscado, y dedicado a los 35.000 seguidores nuevos que ya tenía: "No soy un corresponsal. Soy la voz de mi comunidad".

La historia de Rene

Son las 11 de la mañana de un martes de agosto y el cielo nuboso de Río de Janeiro anticipa lluvia. Apenas unos rayos de sol caen sobre el Complexo do Alemão, un conjunto habitacional de 13 favelas donde viven más de 400.000 personas en la zona norte de la ciudad, a 25 km de las playas Copacabana e Ipanema. La inmensidad del barrio puede dividirse en tres sectores principales: a los costados, dos morros enfrentados; en el medio, como una extensa línea recta, la avenida principal, Estrada do Itararé, para ingresar. Es angosta y exhibe los locales típicos de cualquier barrio: farmacias, bares, peluquerías, talleres mecánicos. Hay vendedores que pasan en bicicleta arrastrando un carro con frutas o artículos de limpieza; también puestos de agua de coco y cerveza, pero, más que todo, hay ferias. En cada cuadra, un cúmulo de gente se amontona sobre artesanos o comerciantes con puestos y mantas ofreciendo desde gallinas hasta iPhones. El ambiente es festivo. Un grupo de tres músicos con un cavaquinho (una guitarrita estilo ukelele) y un tambor improvisan una samba. A pesar del amontonamiento, la gente no se desespera y pide permiso al pasar.

En julio de este año, cinco personas fueron ejecutadas por la policía a pocas cuadras de la avenida principal.
En julio de este año, cinco personas fueron ejecutadas por la policía a pocas cuadras de la avenida principal. Fuente: Brando - Crédito: Bruno Itan

La escena se contrapone con lo que sucedió el mes pasado, a pocas cuadras de la avenida principal: cinco personas fueron ejecutadas por la policía, por "traficantes", en un episodio confuso que se suma a las 403 muertes por enfrentamiento armado en la ciudad tan solo en el mes de julio. La mayoría, vinculadas a alguna de las 830 favelas militarizadas de la región carioca. El año pasado fueron asesinadas más de 60.000 personas en el país, según cifras del Ministerio de Salud, y el número podría ser más alto al finalizar el 2018.

-Lo que ocurre en las comunidades solo lo saben los propios vecinos. Ningún medio informa con veracidad. Solo se preocupan por hablar del narcotráfico y de la tarea de la policía, ¿saben que acá hay personas que aún no tienen agua potable o servicios básicos de salud?

Dice Rene Silva Dos Santos, desde un sillón en la redacción de Voz das comunidades, el periódico que creó en 2005, a los 11 años, en la escuela y que hoy funciona como el principal medio para contar las noticias dentro de Alemão y otras favelas. Hoy, con 24 años, es un referente social por los derechos de los habitantes en su comunidad: "El diario nació por la necesidad de contar lo que ocurría acá adentro, sin estigmatizar, ni caer solo en lo negativo, lo que ningún medio hacía. Siempre leí desde muy chico el diario y las noticias sobre favelas eran solo de muerte y delincuencia. Nadie hablaba de saneamiento, nadie escribía una historia de vida de algún vecino. Con ayuda de profesores, e internet, decidí fundar el diario. Comencé con una tirada de 50 ejemplares en la escuela y hoy tenemos 3.000 mensuales con un equipo de cuatro personas".

Rene Silva Dos Santos creo el periódico Voz das Comunidades en la escuela. Este año fue elegido como una de las 100 personalidades afrodescendientes más inlfuyentes del mundo.
Rene Silva Dos Santos creo el periódico Voz das Comunidades en la escuela. Este año fue elegido como una de las 100 personalidades afrodescendientes más inlfuyentes del mundo. Fuente: Brando - Crédito: Bruno Itan

Rene Silva Dos Santos creó el periódico Voz das comunidades a los 11 años, en la escuela, y hoy funciona como el principal medio para contar las noticias dentro de Alemão.

Este año Rene fue distinguido dentro de las 100 personalidades afrodescendientes más influyentes del mundo. El premio llegó desde Mipad (Most Influential People of African Descent), en Nueva de York, una organización mundial dedicada a premiar las contribuciones en la sociedad de la gente con orígenes afro.

-Un poco fue por lo del 2010 -dice mirando para abajo, con cierto pudor. Ese año, la Policía Pacificadora (PP), creada en 2008 como una fuerza estatal para la lucha contra el narcotráfico en los barrios periféricos de Río, ocupó Alemão de un día para el otro. Ahí fue cuando Rene narró todo lo que sucedía desde su cuenta de Twitter.

-Ninguna cadena tenía alguien allí durante la ocupación, tampoco luego. Yo contaba lo que pasaba para mis amigos, no pensaba que podía viralizarse. Pero fue bueno porque se pudo dar a conocer nuestro diario a gente de otros estados y encontraron en nosotros, como vecinos permanentes, lo que no tienen O Globo o Folha.

Respecto de los resultados de la intervención policial en la comunidad, Rene se muestra escéptico:

-Creo que había ilusiones, en un principio, pero los números hoy muestran que fue un fracaso. La violencia institucional aumentó notablemente en nuestra comunidad y también lo hizo el narcotráfico. Hay niños de entre 7 y 10 años que trabajan para traficantes y que nacieron, o se criaron, en el mismo año de la intervención de la PP. Entonces ¿para qué sirvió todo?

De repente, dos golpes secos en la puerta enmudecen la redacción. Rene se levanta curioso y abre. Es una mujer de unos 30 años. Habla apurada, dice que lo necesitan en un centro de asistencia social, que hay un niño perdido de entre 2 y 3 años, que está deshidratado y no saben cómo encontrar a los padres. Rene agarra su cámara fotográfica y, antes de salir, publica por las redes sociales del diario que hay un niño extraviado y que pronto va a subir fotos para que se compartan. Repite lo mismo en su cuenta personal.

-Ya está. Si los padres viven en Alemão, se van a enterar de dónde está -dice la voz de la comunidad.

La historia de las mujeres

Terezinha de Jesús tuvo un escalofrío en la espalda en la mañana del 2 de abril de 2015. Había escuchado el disparo fuera de su casa como el susurro al oído de un mal presagio: no eran habituales a esa hora del día. Atravesó de un salto el humilde comedor hasta la puerta, abrió y, desde entonces, las imágenes la persiguen hasta dormida: 10 policías rodean su casilla, le apuntan; en el suelo de la entrada, acostado sobre un charco de sangre, está su hijo, Eduardo de Jesús, de 10 años. Se desploma sobre él. Ve la bala en su sien, pero igual le habla. Le acaricia las manos, que están frías. Grita y pide ayuda mientras los policías se van y queda sola en la inmensidad del morro. El sol quema y Terezinha, en su última imagen, arrastra el cuerpo de su hijo a la sombra, donde termina de desangrarse.

Terezinha de Jesús, parada donde mataron a su hijo.
Terezinha de Jesús, parada donde mataron a su hijo. Fuente: Brando - Crédito: Gentileza Bruno Itan

-La PP me arruinó la vida. Mi hijo de 10 años estaba sentado fuera de la casa sin hacer nada y llegan 10 policías disparando. El morro era tranquilo antes de que lo invadieran. Los chicos podían salir a jugar. Ahora no. Porque esos cobardes primero disparan y luego preguntan. Porque eso es lo que son: unos cobardes.

Terezinha habla rápido y con bronca desde la puerta de su casa, donde vivió hasta aquel fatídico día. Está ubicada en la ladera de uno de los morros de Alemão. Para llegar, hay que subir por caminos empinados y pasillos tan angostos que se tocan las paredes con estirar los brazos. Hoy vive en el estado de Piauí, en el Noreste: no podía convivir con tantos recuerdos ni con las amenazas anónimas por pedir justicia. Pero regresa, habitualmente, para reclamar por el juicio pendiente a la policía, hoy archivado por un Tribunal Superior.

-Está comprobado que la bala que lo mató salió del arma reglamentaria de un policía, pero la justicia en este país es una mierda y archivaron la causa por falta de pruebas. Ser pobre y negro en Brasil es el peor destino. Sueño con cada imagen de ese día y la pregunta es la misma: ¿cómo 10 policías pueden asesinar a un niño?

La primera vez que Denize Moraes tuvo miedo en su favela fue cuando vio a las fuerzas de la policía militar BOPE (Batallón de Operaciones Especiales) pasar por su casa. Su hijo, Caio, con 6 años, jugaba afuera y ellos, vestidos de negro en pleno día, con el símbolo de una calavera en los hombros y las armas largas, llegaban a toda velocidad. Denize los escuchaba por el techo, luego en su patio, mientras se encerraba en su cuarto junto a su hijo y rezaban para que se fueran. Pero ese miedo volvería para quedarse 14 años después: "En el 2014, estaba trabajando en la administración de una inmobiliaria cuando mi hijo me llamó y me dijo que iba para una manifestación en la estación de la Policía Pacificadora. Habían detenido injustamente a cinco personas, acusándolas de traficantes, y el barrio protestó. Él amaba a su comunidad, disfrutaba mucho vivir acá. Me dijo que no me preocupara, que iba a ser algo tranquilo. Fue la última vez que escuché su voz", recuerda Denize. Ese día de mayo, Caio, de 20 años, estaba frente al cuartel de la PP, en la avenida principal de Alemão, junto a un grupo de 30 personas, pidiendo la liberación de unos vecinos. Un carro de policía escoltaba la manifestación cuando el primer tiro se escuchó. La gente empezó a correr, pero hubo un segundo disparo. El último, de la policía, dio en el hombro de Caio, que cayó al suelo. Murió esa misma noche en un hospital.

Denize Moraes, madre de Caio, asesinado en 2014.
Denize Moraes, madre de Caio, asesinado en 2014. Fuente: Brando - Crédito: Gentileza Bruno Itan

-Mataron a mi único hijo en una manifestación pacífica. No estaban en una confrontación. La policía dice que hubo un disparo primero que no saben de dónde salió, pero no es razón para disparar a alguien desarmado. Tengo 52 años. Nací, me crié y fui muy feliz en esta comunidad. Ahora parece que es una guerra. Todo empeoró más desde que la PP llegó. Acabaron con la poca paz que le quedaba al complejo.

La muerte de su hijo en 2015 movilizó a la comunidad en contra de la represión institucional con distintas marchas en la comisaría, pero una llamada en particular le dio ánimos a Denize en su camino por obtener justicia: la de la concejal y defensora de derechos humanos Marielle Franco.

-No sé cómo consiguió mi número, pero hablamos un largo rato y me aconsejó para que el culpable que le disparó a mi hijo vaya preso. Actualmente, hay un juicio popular por homicidio culposo a un oficial y grandes chances de que lo condenen.

La figura de Marielle Franco dio vuelta al mundo el pasado 14 de marzo cuando fue asesinada a los 39 años de cuatro disparos en un ataque sicario que aún no tiene detenidos. Concejal de la Asamblea Legislativa de Río por el PSOL (Partido Socialismo y Libertad), había denunciado la brutalidad e intervención policial en varias comunidades. Militante por los derechos de los grupos LGTB, en los actos públicos dejaba en claro el orgullo, como decía, de haber nacido en una favela. Cinco meses después de su muerte, la Cámara Municipal de la ciudad votó y aprobó cinco proyectos de ley que fueron impulsados por ella. Los más destacados fueron la instauración del Día de la Mujer Negra, la campaña de sensibilización sobre el acoso y la violencia sexual en espacios y transportes públicos, y el dosier de la Mujer Carioca, donde se resguardan los derechos de las víctimas de violencia de género.

Levantado entre morros, Complexo do Alemão está formado por 13 favelas.
Levantado entre morros, Complexo do Alemão está formado por 13 favelas. Fuente: Brando - Crédito: Gentileza Bruno Itan

En 2016, un año después de la muerte de Caio, se creó en Alemão el colectivo social por los derechos humanos Caio de Moraes, en homenaje al hijo de Denize, integrado por 25 mujeres de distintas profesiones, como abogadas, psicólogas y asistentes sociales, que viven dentro del complejo y que buscan la concientización de los vecinos. Eluana Ferreira, abogada y miembro fundadora de la organización, explica que en Brasil se habla mucho sobre los derechos humanos, pero los que viven dentro de la comunidad no los reconocen:

-Se aceptaron distintos tipos de violencia acá dentro por el simple hecho de nacer en una favela o ser pobre. El Estado los convenció de eso. Y no solo es la violencia policial, también la doméstica. Brasil tiene uno de los índices más altos del mundo en violencia de género. Por eso, como vecinas, decidimos unirnos y colaborar para mejorar nuestro hogar. Dictamos talleres de prevención de violencia y damos asistencia social al que lo necesite. Esa es nuestra arma, no el fusil.

Historia del Alemão profundo

Entrar al Complexo do Alemão no es sencillo. El narcotráfico domina territorios que dividieron a la comunidad en dos bandos enfrentados, con reglas claras: ninguno puede cruzar al lugar del otro. En el medio, está la policía. Los tres se disputan el barrio permanentemente. Entrar a una zona "tomada" por el narcotráfico para alguien de afuera significa pasar con autorización. En determinados puntos hay "guardianes" -jóvenes de no más de 25 años- en ojotas, musculosa y con armas de guerra. Con tan solo una mirada ellos aceptan, o no, que sigas adelante, que conozcas el Alemão profundo. Primero es un descenso constante hasta llegar a un barrio que está abajo, como si fuera el fondo de una olla. El camino es sinuoso; calles terrosas, luego cemento, a veces un charco.

En Complexo do Alemão viven 400.000 personas.
En Complexo do Alemão viven 400.000 personas.

-Yo debería estar viviendo en la casa de mis padres, pero los narcos me la compraron a la fuerza porque era de dos pisos y tenía una vista "estratégica". Le hicieron agujeros que usan como miras para los rifles -dice Lucio, fumando un cigarrillo en la ventana de su casa; la vista solo da a un pasillo angosto en bajada. Es menudo, con movimientos toscos.

-Este es el peor lugar del complejo. Se inunda, estás lejos de la ciudad y, si hay una balacera, no tenés para dónde correr. Estás atrapado.

Cuando no se puede bajar más, es que se llegó. Hay locales comerciales de todo tipo, como arriba, pero también más "guardianes". Uno en un bar jugando al pinball, con el rifle colgado del hombro. Otros en pasillos finos y oscuros, tomando cerveza, bailando la música de los celulares, con las ametralladoras brillando al sol. Postal perfecta de la alegría brasileña fundida en la violencia armamentista.

En una de las paredes de salida de Alemão se pueden ver los rostros de Marielle Franco y Caio.
En una de las paredes de salida de Alemão se pueden ver los rostros de Marielle Franco y Caio. Fuente: Brando - Crédito: Gentileza Bruno Itan

Para salir del complejo, una vez arriba, se debe tomar la avenida principal que lo conecta con el resto de la ciudad. Sobre una pared en esa calle, hay un mural con siete caras agigantadas: están Marielle Franco, Caio Moraes y otras cinco personas, también asesinadas en tiroteos. La pared es larga. Como si todavía faltaran pintarse más rostros.

El efecto Bolsonaro

El 7 de octubre se celebran en Brasil las elecciones para presidente, como también las de legisladores del Congreso Nacional y gobernadores estatales. Lula da Silva, recluido en la cárcel de Curitiba desde abril, recibió su último revés luego de que el Tribunal Superior Electoral negara su inscripción por seis votos contra uno. A horas del cierre de las listas, ungió a Fernando Haddad como candidato, que en pocos días se ubicó en zona de ballotage. Del otro lado se encuentra Jair Bolsonaro, diputado y candidato por el PSL (Partido Social Liberal), quien puso en primera plana la violencia cuando fue apuñalado el 6 de septiembre pasado, mientras hacía un acto de campaña en una ciudad del estado de Minas Gerais. El ex capitán del Ejército de 63 años, ultraderechista, defensor de la dictadura y repudiado por un amplio sector de mujeres p or sus declaraciones misóginas fue atacado cuando una multitud lo cargaba en andas. Mientras lo ingresaban al hospital, las encuestadoras ya calculaban cuánto le había favorecido el hecho. Al momento de su detención, el agresor se justificó con la siguiente frase: "Fue por orden de Dios".

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