El problema de Boca no es de actitud, sino de juego

Christian Leblebidjian
(0)
28 de septiembre de 2018  • 11:27

En general, cuando Boca falla en los duelos mano a mano, de eliminación directa, se apunta que al equipo le faltó actitud, que "no se jugó como una final". Y los protagonistas xeneizes además destacan que el adversario de turno sí lo hizo. Sucedió en Córdoba, tras la eliminación de la Copa Argentina contra Gimnasia en la edición 2018, pero también antes, en las derrotas ante Rosario Central de 2016 y 2017. Y el análisis volvió a resonar con fuerza en los pasillos de la Bombonera luego del superclásico del domingo pasado, en el cual River lo venció 2-0. Aparecieron voces como las de Carlos Tevez y Darío Benedetto haciendo autocrítica por la falta de actitud o la poca presencia para disputar esta clase de encuentros. Sin embargo, y por lo visto desde que arrancó la Superliga para acá, el problema de Boca no parece ser la falta de actitud, sino que juega mal. Y lo que antes resolvía con goles, voluntad y variantes ofensivas de jerarquía, ya no le resulta tan sencillo de lograr.

¿Qué se entiende por jugar mal? Que le cuesta muchísimo primero jugar como quiere Boca, imponer su estilo. Luego, que le cuesta generar situaciones de riesgo elaboradas, que las sociedades ofensivas que supo crear para ser bicampeón (y que nacían desde sus laterales) perdieron solidez, entendimiento y hasta fueron condicionadas por lesiones y bajones anímicos. Y que defensivamente sufre aunque el adversario no lo acorrale con muchas situaciones. Lo lastiman (y vulneran) sin llegarle tanto.

Pero lo que más está sufriendo Boca desde el juego es que sus delanteros, esa principal virtud en todo el ciclo de Guillermo Barros Schelotto, los mismos que antes por su jerarquía individual desequilibraban en el uno contra uno y eran capaces de empezar a ganar un partido casi sin merecerlo, con una primera situación de riesgo generada a los 30 minutos del primer tiempo, hoy están más individualistas que nunca. En lugar de pretender que el equipo los rescate a ellos, todos piensan que serán ellos los que van a salvar a Boca del mal momento, los que -con una genialidad, sacando un conejo de la galera- lo van a devolver a la victoria. Y esa fórmula nunca llega a terminar bien en el largo plazo. Quizás pueda causar un impacto durante un partido, pero no más que eso. Porque hasta la mejor individualidad, en la adversidad, es cuando más necesita del respaldo colectivo (cualquier similitud con la situación de Lionel Messi en el último Mundial no es mera coincidencia). Como ejemplo vale el gol de Mauro Zárate a Cruzeiro: si el exVélez es, por condiciones técnicas, uno de los futbolistas más determinantes, para hacer ese muy buen gol en la ida de los cuartos de final de la Libertadores, para convertir ese tanto en la Bombonera, también previamente tuvo que tirar una pared con Pablo Pérez. Solo no hubiera podido hacerlo.

Frente a River y también ante Gimnasia, a Boca no pareció faltarle actitud para trabar en las divididas, para intentar marcar y atacar y ser protagonista. Sí hubo abusos de intentos individuales de Cardona, Zárate y Pavón a 30 metros del arco de Alexis Martín Arias. Y lo que no tuvo fue juego ni plan B estratégico para reacomodarse ante la adversidad o en los momentos en donde se vio superado. Y en las definiciones de eliminación directa, el problema sigue siendo el juego, la diferencia es que tiene menos tiempo para reactivarse y buscar soluciones: y ahí queda expuesta la falta de variantes para torcer el rumbo desde los cambios del DT, las modificaciones tácticas o la toma de decisiones de los futbolistas para vulnerar a equipos que lo presionan bien a Barrios y le achican los espacios en los últimos 30 metros. Se sabe: una cosa es Pavón, Tevez y Zárate jugando con mucho espacio para correr hacia delante, y otra cuando tienen que desequilibrar ante dos líneas de 4.

En medio de un juego flaco, sí llamaron la atención las declaraciones de Izquierdoz, que acaba de llegar a Boca y pronunció frases duras como si hace diez años defendiera la camiseta xeneize. ¿Para quiénes fueron/son las críticas? El defensor no hizo más que profundizar el mensaje de Benedetto, Tevez y Cardona de las últimas horas. Pero no es normal que suceda eso en Boca: eso, más que reflejar la falta de actitud del equipo, muestra una falta de liderazgo interno. Porque en la actualidad, ni Gago, ni Tevez, ni Benedetto, ni Pablo Pérez ni Goltz tiene la voz de mando. En las palabras, Boca confirma el reflejo de lo que sucede sobre el césped: en la cancha tiene la misma confusión que dentro del vestuario.

Mauro Zárate, demasiado lejos del área vs. Gimnasia

El mapa de calor de Zárate vs. Gimnasia; por dónde se movió
El mapa de calor de Zárate vs. Gimnasia; por dónde se movió

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.