Quién es el futbolista de Gimnasia que hundió a Boca y cobraba un dólar por mes en su país

El venezolano Hurtado se destapó en la Copa Argentina y emuló algunos logros futbolísticos en su país
El venezolano Hurtado se destapó en la Copa Argentina y emuló algunos logros futbolísticos en su país Fuente: FotoBAIRES
Máximo Randrup
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28 de septiembre de 2018  • 12:10

"Tenía la posibilidad de ir a tres clubes de Europa, pero me decidí por Gimnasia porque acá podía crecer y jugar", exclamó el venezolano de extenso nombre, Jan Carlos Hurtado Anchico, cuando fue presentado en el conjunto tripero. Esa frase llamativa, porque casi todos los futbolistas sueñan con llegar al Viejo Continente, no era demagogia. Tenía la posibilidad de arreglar con un par de equipos europeos, es cierto, pero para desenvolverse en elencos juveniles (las categorías más grandes de las divisiones inferiores o lo que en la Argentina sería la Reserva) o bien desembarcar en La Plata para ser parte de un plantel superior.

El delantero no lo dudó. Apostó por el Lobo y de entrada exteriorizó su entusiasmo: "Llego con muchas ilusiones, estar acá es un gran crecimiento".

Para Gimnasia también representaba una apuesta riesgosa. Significaba contratar a un futbolista ignoto, con poca experiencia en primera división, que llegaba con un año de inactividad con respecto a partidos oficiales (estaba entrenando en el Brujas de Bélgica) y que -para colmo- estaba inhabilitado por un conflicto con el Deportivo Táchira de su país.

La comisión directiva albiazul hizo los deberes, puso el papelerío en orden y Hurtado quedó a disposición de Pedro Troglio, quien enseguida lo tuvo en consideración. Claro, ya lo había visto en las prácticas y el atacante le había demostrado que detrás de su juventud (18 años), de su sonrisa sincera y de su portentoso físico (1,81 mts. de pura fibra), había un futbolista incisivo. Una solución.

Hurtado, nacido en El Cantón en el estado de Barinas, debutó hace menos de dos semanas en la Superliga y ayer se destapó en la Copa Argentina; para alegrar al Tripero, para ensanchar la herida del Xeneize. Algo similar le había ocurrido en su país, donde metió su primer gol en la Copa Venezuela. Eso fue hace poco más de dos años, a mediados de 2016. Luego de ese grito bautismal, llegaron otros con la camiseta del Táchira y sus destacadas actuaciones lo llevaron a las selecciones juveniles de la Vinotinto. De hecho, fue parte del histórico sub-20 venezolano que obtuvo el segundo puesto en el Mundial 2017.

No pudo festejar con el bailecito en la cancha, pero sí después

La crisis de Venezuela lo alejó de su tierra (según sus palabras, llegó a cobrar apenas un dólar por mes en Táchira, debido a la creciente crisis), probó suerte en Europa y se enamoró de la propuesta de Gimnasia. Enfrentar a equipos como Boca le provocaba un deseo irrefrenable y se dejó llevar. Los dirigentes del Lobo, que se codeaban cuando aparecían videos con interesantes movimientos del delantero, hicieron lo mismo y se tiraron el lance.

En esta historia, todos asumieron riesgos. En esta apuesta, ganaron las dos partes.

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