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El boom de los cursos de RCP

Fuente: LA NACION - Crédito: Shutterstock
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28 de septiembre de 2018  • 15:01

Hace unos años, la mamá de Agustina Ramos Mejía tuvo un ACV. En ese momento estaba en su casa con otra de sus hijas, médica, que de inmediato comenzó las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) y logró mantenerla con vida hasta que llegó la ambulancia. "Desde entonces nunca dejé de preguntarme qué hubiera pasado si era yo la que estaba con ella", cuenta Agustina, para agregar con un suspiro: "Hubiera salido corriendo a pedir ayuda, y en el proceso se hubiera muerto".

Cuatro años más tarde, Agustina es el alma tras la cuenta de Instagram @look_connected, que además de abordar temas de maternidad organiza talleres sobre estos. Y entre los más requeridos resalta el de primeros auxilios pediátricos y RCP, que ya ronda la 15ª edición. Los realiza junto al pediatra Eduardo Moreno Vivot y al experto en RCP Diego Rodrigo Pereyra, y abarca tanto las maniobras de resucitación para lactantes y niños como cuestiones de primeros auxilios pediátricos.

"Empecé hace dos años con un grupo de 50 personas que agotaba el cupo apenas abríamos la convocatoria. Hoy buscamos espacios más grandes y llegamos a 100", relata la influencer. Entre los asistentes hay madres y padres, pero también abuelos, hermanos, tíos y cuidadores de los chicos. "Tengo cuatro hijos chiquitos, y decidí anotarme en el curso porque sentía que no podía desconocer las respuestas básicas ante una emergencia. Me gustó porque, además de enseñar RCP, se habló de las situaciones típicas que enfrenta cualquier madre, desde golpes en la cabeza hasta fiebre y quemaduras, y fue un ámbito totalmente abierto a las preguntas", describe Mercedes Gándara, que asegura que volvió a su casa sintiéndose mucho más preparada para ayudar a sus hijos ante eventualidades ("y también a cualquier persona que lo requiera").

En general, las seguidoras de este tipo de referentes virtuales suelen ser mujeres (en el caso de @look_connected, el 85% de su comunidad lo es), pero esto no siempre se refleja en los asistentes a los cursos. De hecho, desde Fundación Nascere cuentan que les llama la atención cómo los padres son mayoría. "Podría decirse que son el 60%. Es como que la madre manda al papá a hacer el curso porque a ella le resulta una posibilidad demasiado terrible a la que enfrentarse, entonces esa responsabilidad cae muchas veces en el hombre", describe Natalia Villalón, presidenta de la fundación y especialista en salud materno-infantil. "Pero todos deberían hacerlo, porque realmente salva vidas", alienta. Con este curso en carpeta desde hace ya cinco años, la demanda no ha hecho más que ir en aumento, con padres y cuidadores de niños a la cabeza, pero en el último tiempo con especial presencia de maestras. "En este sentido, nos llama la atención que los colegios en general no están tan conscientes de la importancia de que su personal sepa estas maniobras. El interés suele ser más de los docentes de forma independiente", sostiene Villalón.

Calma ante los accidentes

Que la demanda haya crecido sin duda es una gran noticia. Pero ¿a qué se debe? Sobre todo, a la mayor cantidad de información. Los casos de niños que mueren por falta de ayuda inmediata de reanimación o por ahogamientos, entre otras circunstancias, se hacen masivos a través de los medios, y entonces cada padre suele mirar a sus hijos y pensar que podría haber sido su caso. A la vez, las redes sociales en tiempos de crianza funcionan como un espacio donde se comparten historias, datos y recomendaciones, generando un efecto contagio que, si no se inclina hacia la exageración o paranoia, puede ser muy beneficioso.

Por otro lado, estos cursos no solo se enfocan en el RCP, sino que además suman conocimiento sobre primeros auxilios pediátricos. "Los asistentes están sobre todo interesados en qué hacer ante los accidentes domésticos. Si un chico se ahoga comiendo, o si se cae a la pileta de la casa, o si lo picó un insecto, por ejemplo", relata Villalón. Por esa misma razón, los talleres de Ramos Mejía cuentan con el aval y acompañamiento de un pediatra. "Él puede contestar todas las preguntas y enseñar qué se puede hacer y qué no frente a situaciones como una convulsión febril, un dislocamiento de hombro, una hemorragia. De hecho, con Eduardo pensamos los contenidos teniendo en cuenta las consultas que me hacen a mí en Instagram, pero sobre todo las que recibe él en su consultorio, donde ve más de 50 pacientes por día".

Para Carla Conde, que asistió con su marido a un curso en la Fundación Cardiológica Argentina estando embarazada de ocho meses, lo que más la atrajo fue el agregado sobre accidentes caseros y cómo prevenirlos. "Recuerdo que nos enseñaron cómo reaccionar ante una quemadura grande, como el de una olla de agua hirviendo. Aprendí, por ejemplo, que lo último que hay que hacer es sacarle la ropa de golpe, porque puede haber piel pegada", cuenta. A la vez, le resultó muy útil saber cómo actuar ante convulsiones febriles y cómo diferenciar un atragantamiento de un ahogamiento. "Hoy, cuando mi hijo se atraganta, lo transito con otra calma, y si está tosiendo solo espero a que él mismo haga la expulsión de modo natural, sin levantarle los brazos ni golpearle la espalda", describe.

En su caso, el certificado que le dio la entidad tenía una fecha de vencimiento, incitando a que esos conocimientos se renueven dentro de cierto tiempo para poder mantener su vigencia y utilidad. Para todos los profesionales, esto es lo más recomendable. "Conviene hacerlo todos los años, no solo porque puede haber actualizaciones en cuanto a la técnica, sino porque ese aprendizaje se puede perder. Saber exactamente cuántas respiraciones, cuántas compresiones y cómo difiere en un niño de un bebé o un adulto es algo que debería estar siempre fresco", apuntan desde la Fundación Nascere, donde incluso recomiendan que asistan los niños más grandes de la familia, porque pueden ser los padres los que requieran ayuda.

Para los pediatras, en tanto, esta mayor información y concientización es una gran noticia. Si bien saben que no se resuelven todas las dudas ni vuelven expertos a los padres, entienden que les transmite una tranquilidad vital para afrontar momentos de crisis, que pueden ganar tiempo y prevenir mayores daños. "Por ejemplo, uno de los mayores miedos con los que llegan al consultorio es el ahogo", ilustra la doctora Marina Pereyra. Y de hacer alguno de estos cursos, tendrían herramientas para enfrentarlo. A la vez, este es un espacio en el que se derriban muchos mitos. Son varios los que llegan a los talleres con anécdotas de experiencias que le pasaron a alguien conocido y los motivaron a estar allí, pero no siempre la historia es del todo correcta. "Muchas veces debemos desmitificar las ideas y los preconceptos que les quedaron de cómo interpretaron que se resolvió el caso", relata Sol Cabezas, médica pediatra que brinda cursos de RCP y Primeros Auxilios del SAME en la Universidad de Buenos Aires. En su ámbito, las dudas más frecuentes tienen que ver con convulsiones y quemaduras. "Diría que el interés estuvo siempre, pero antes había menos publicidad. Los colectivos de madres que se forman hacen que la información corra como pólvora, y así llegan a anotarse", ilustra. Pereyra adhiere: "Las madres están mucho más atentas que en épocas pasadas a todo lo referente a salud y crianza de los niños, y las redes sociales son una gran causa".

Con más o menos información previa, el corolario es un aumento de padres (y ciudadanos) con conocimientos de RCP y primeros auxilios, que pueden ganar minutos valiosos en momentos cruciales. Un movimiento que, aunque quizá resta iniciarse desde más espacios institucionales (además de en colegios, muchos profesionales recomiendan incluir estos contenidos en los cursos de preparto, por ejemplo), es una buena noticia para la sociedad.

Ramos Mejía sintetiza bien la idea: "Cuando uno es padre, se encuentra con un mundo de temas que desconoce. Ve al bebé tan indefenso y expuesto que no quiere pecar de negligente. Sin duda, sería una locura no salvarle la vida a un hijo por no saber".

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