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El misterioso comisario que con grabaciones secretas inquieta al poder en España

El comisario andaluz José Manuel Villarejo está detenido desde hace casi un año
El comisario andaluz José Manuel Villarejo está detenido desde hace casi un año
Silvia Pisani
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28 de septiembre de 2018  • 15:09

MADRID.- El villano de las películas parece haber tomado cuerpo en España . En este caso, en la figura de un comisario jubilado de la policía, al que se le atribuye tanto poder como para "chantajear" al gobierno y desgastar a las instituciones del Estado, incluidos la Casa Real y el Poder Judicial.

La misteriosa y extensa mano de José Manuel Villarejo, un expolicía andaluz de 67 años, figura detrás de los principales escándalos institucionales de las últimas semanas. Entre ellos, el disparado por las revelaciones de la examante del rey Juan Carlos Corinna zu Sayn-Wittgenstein, que dijo que el exmonarca ocultó patrimonio a través de testaferros, incluida ella.

A eso se sumaron, esta semana, los registros que complican al gobierno del presidente socialista, Pedro Sánchez , obligado a defender a la ministra de Justicia, Dolores Delgado, que aparece en conversaciones con el citado comisario enarbolando valores contrapuestos con los suyos: homofobia, corrupción y tapadera de delitos.

¿Quién aparece detrás de todo eso? El actor de fondo es Villarejo, afectado en el pasado a los servicios de inteligencia, desde donde se jactó de haber escuchado a medio mundo y de haber sido condecorado oficialmente por su "eficacia".

Todo, desde la cárcel

Con ser llamativo, el caso lo es más si se tiene en cuenta que el policía en cuestión ejerce su poder -real o ficticio- desde la celda en la que está encerrado desde hace un año, en prisión preventiva por los delitos de blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal.

Aún así, el tembladeral de sus grabaciones hizo reaccionar al presidente del gobierno y a buena parte de la oposición.

"Esto es extorsión y nosotros no nos dejaremos extorsionar", afirmó Sánchez desde Estados Unidos, adonde viajó para la Asamblea General de la ONU.

"No permitiremos que un policía corrupto nos marque la agenda", añadió.

Allí, en su gran estreno internacional, lo sorprendieron las bombas de profundidad que, en forma de comprometedoras conversaciones grabadas, aparece su ministra de Justicia, cuya renuncia pide la oposición.

También el juez Garzón

En ellas, Delgado, que muestra familiaridad con un policía al que había jurado "no conocer", celebra que el excomisario haya montado una "red de prostitución" para obtener información de políticos y funcionarios. "Información vaginal", la llamaba Villarejo ante la actual ministra.

La ministra Dolores Delgado, complicada por las revelaciones de Villarejo
La ministra Dolores Delgado, complicada por las revelaciones de Villarejo

La conversación data de 2009, cuando Delgado era fiscal en la Audiencia Nacional y en ella también participaba el exjuez Baltasar Garzón.

Así como en julio pasado las "grabaciones de Corinna" sobre uan Carlos generaron un escándalo, las de esta semana sobre Delgado hicieron otro tanto, con el gobierno en apuros y sus socios parlamentarios exigiendo explicaciones.

Negocios oscuros

Pero, ¿quién es este "supremo malvado" que aparece en todas las grabaciones que han puesto en jaque a instituciones, figuras y funcionarios del Estado?

El hoy policía preso tiene amigos poderosos. Garzón lo defiende como "un hombre honrado de enorme eficacia". El Ministerio del Interior lo condecoró por su entrega, sobre todo, en la lucha contra la banda terrorista ETA.

Mientras todo esto ocurría, el policía aprovechó una licencia de diez años para montar un negocio paralelo de escuchas e "investigaciones privadas".

Se asegura que con él llegó a manejar medio centenar de empresas con un capital social superior a los 20 millones de dólares.

De distinta manera está implicado en buena parte de los casos de corrupción que sacudieron al conservador Partido Popular (PP) y en escuchas que llegaron a perjudicar también a amigos del actual rey Felipe y de su mujer, Letizia.

Hace un par de años, antes de entrar en prisión, Villarejo apareció en un reportaje televisivo en el que se definió a si mismo como "un servidor del Estado".

Compareció con gorra y anteojos oscuros durante toda la entrevista para evitar ser "reconocido" por la calle, ya que temía por su vida.

"Sí, nosotros [en los servicios de inteligencia] escuchábamos a todos. También al rey, pero como una forma de protegerlo. Una curiosa forma de protección", admitió también en esa conversación.

Está preso en la cárcel de Estremera, a 80 kilómetros de esta ciudad, de la que quiere salir. Por eso -dicen- suelta sus peligrosos audios con cuentagotas, como forma de presionar para que se le conceda la libertad mientras espera su juicio.

Nadie sabe cuan voluminoso es su ejército de papeles y grabaciones. Pero es tanto su poder -el real o el que se le atribuye- que la pregunta "¿apareció hoy algún audio de Villarejo?" se volvió sarcasmo cotidiano entre analistas y figuras políticas.

Unos y otros lo definen como un emergente de "la cloaca": el poder oscuro, las cañerías, las tinieblas. Un producto del sistema con capacidad de infectarlo y hacer, como ocurre ahora, que todos hablen de él.

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