Entre Nueva York y Buenos Aires

Cristian Mira
Cristian Mira LA NACION
La apertura de mercados, clave para mejorar las oportunidades del país
La apertura de mercados, clave para mejorar las oportunidades del país Crédito: SHUTTERSTOCK
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29 de septiembre de 2018  • 03:57

Nueva York y Buenos Aires fueron el miércoles pasado escenario del contraste económico que vive el país. En la ciudad norteamericana se anunció un nuevo acuerdo con el FMI, lo que significa tener que depender del endeudamiento externo porque el país gasta mucho más que lo genera. Y en la capital porteña, en el recinto de la Bolsa de Cereales, se presentaron los números de la campaña agrícola 2018/19, que reflejan a la actividad económica que atraerá los dólares que hacen. Ese contraste no es nuevo. La diferencia es que ahora es más evidente.

Siempre y cuando no haya contingencias climáticas adversas como las que sucedieron en las últimas dos campañas agrícolas que se pasó de una inundación a una feroz sequía en diferentes regiones del área agrícola, la cosecha de los seis principales cultivos (soja, maíz, trigo, girasol, sorgo y cebada) alcanzaría un volumen de 125,9 millones de toneladas. La cifra, de concretarse, representaría un récord productivo. Es un trazo grueso, en el que conviven quienes tienen los números en rojo o llegan con lo justo por las pérdidas de la campaña pasada, en la que hubo una merma de 30 millones de toneladas, y quienes sortearon las dificultades.

La cosecha le aportará al PBI nacional un crecimiento de 1,6%, que servirá para amortiguar la caída que tendrán otros sectores de la economía por la recesión. Según el cálculo de los especialistas de la Bolsa, el PBI global caerá 0,5 por ciento. El PBI agrícola, que alcanzará los 30.417 millones de dólares, tendría un incremento de 5,8% respecto de la campaña 2016/17. Y esto, vale la pena repetirlo, significa más movimiento de transportes, comercios y servicios en los lugares donde se desarrolla la agricultura.

Si la economía no atravesara por tantos descalabros, el impacto de la recuperación de la cosecha podría ser más importante. La estimación de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires señala que los precios a cosecha de la próxima campaña son superiores en un 5% promedio para soja y maíz si se los compara con lo que pasaba en el ciclo anterior. No obstante, en esta oportunidad, por el aumento de los derechos de exportación que dispuso el Gobierno a principios de este mes, la porción que capturarán los principales eslabones de la cadena en el PBI agrícola será más chica que lo esperado. La parte de la producción decrecerá 6,4%; la de la molienda, 2,2% y la de los contratistas, 0,3 por ciento. ¿Quién aumentará su participación? No es difícil de adivinar: el Estado, que tendrá un crecimiento de 7,6%, con una recaudación adicional de US$ 2900 millones. Cuando se habla de "sectores ganadores" del modelo habría que recordar quien suele ser siempre el campeón.

El escenario, además, podría ser más auspicioso si el contexto global no estuviera afectado por la guerra comercial que lanzó Estados Unidos contra China y en el mundo se hablara más de libre comercio que de proteccionismo. Y también si el Mercosur hubiera sido más abierto en los últimos años. Según los datos presentados en la misma jornada por Nelson Illescas, integrante de la Fundación del Instituto de Negociaciones Agrícolas Internacionales (INAI), la Argentina tiene acuerdos comerciales de preferencia arancelaria solo con el 9,2% del PBI global. Chile, en cambio, tiene con el 88% del PBI mundial. La Unión Europea lo tiene con el 33,6%, Estados Unidos, con el 33,9% y Canadá con el 54,7%. De prosperar los acuerdos comerciales que está negociando el Mercosur con la Unión Europea, Canadá o Corea, entre otros bloques y países, la Argentina pasaría a mejorar su comercio con el 9,2% del PBI global al 36,2 por ciento.

Las negociaciones comerciales entre bloques no son la única vía para abrir mercados. También son válidos los acuerdos país-país. "Hoy tenemos la llave de los acuerdos sanitarios", dice Luis Miguel Etchevehere, desde China, donde esta semana firmó acuerdos por la aprobación de las autoridades del gigante asiático para que 28 frigoríficos argentinos comiencen a exportar carne enfriada con y sin hueso. También se podrá vender semen y embriones bovinos. Y en diciembre próximo, con la visita del presidente Xi Jiping a la Argentina, con motivo de la cumbre por el G20, se espera cerrar la apertura china para caballos en pie, carne de cerdo, miel y cerezas.

Hoy el tipo de cambio es más conveniente para exportar que hace un año. Sin embargo, el país no puede depender solo de ese factor. También necesita previsibilidad para que las inversiones se consoliden y contar con una infraestructura logística eficiente. Eso requiere de un trabajo más complejo que un salto cambiario. Pese a las dificultades, el campo da pelea.

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