Huracán disfruta a Gustavo Alfaro, el "ladrón de ideas" que vive con lo puesto

Alfaro, técnico de Huracán
Alfaro, técnico de Huracán Fuente: FotoBAIRES
Román Iucht
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28 de septiembre de 2018  • 19:08

Se autodefine como "un ladrón de ideas" y en ese juego de encontrar buenos pensamientos antes que sus dueños los pierdan, fue moldeando su estilo. Sus equipos son siempre equilibrados y aunque este término muchas veces es utilizado como sinónimo de tomar escasos riesgos, en el suyo en particular es sin dudas el que mejor lo define. Sí, es verdad, será difícil ver a un equipo suyo atacando indiscriminadamente incluso ante una situación desfavorable, pero no tiene que ver negarse la posibilidad de cambiar un resultado sino con el método. No es un problema de fondo, sino de formas.

Acostumbrado a armar rompecabezas en cada arranque de temporada, preparado para sortear la dificultad de casi siempre perder buenos jugadores y casi nunca contar con billeteras gordas para reemplazarlos, sus equipos son incómodos, como esas ecuaciones de varias incógnitas que solo podrán ser descifradas con lucidez y sobre todo muchísima paciencia.

Gustavo Alfaro es un artesano que construye piezas originales. Un sastre que encuentra placer en armar trajes a medida no siempre con las mejores telas, pero con la convicción de que las hará lucir con suma elegancia.

El entrenador es un inquilino: vos me alquilás tu casa y mi obligación es devolvértela mejor de cómo me la diste
Gustavo Alfaro

Trotamundos del fútbol, ganó y perdió como todos, pero la creatividad y el ingenio para paliar la falta de apellidos rutilantes han sido siempre sus mejores compañeros ante la falta de grandes nombres. Sus equipos son reconocibles con solo observarlos un par de partidos. El continente es más importante que el contenido. El todo siempre será más valioso que la suma de las partes. Desde su concepción, el fútbol solo se entiende como un deporte colectivo y su astucia y ese entramado general serán la plataforma para lograr el salto de calidad de algunos nombres. Todos los jugadores son importantes pero ninguno es imprescindible. El encasillamiento en el que a menudo cae el mundo del fútbol lo tildó como un entrenador "gasolero" y desde esa falsa premisa solo San Lorenzo lo tentó en su momento para desarrollar su proyecto, con escaso éxito y con plazos demasiado urgentes como para consolidar su obra. Fue hace más de una década, en 2006. Pasó mucho tiempo. Su capacidad merece una revancha hace rato.

Festejo de gol de Huracán ante Tigre: el equipo de Alfaro crece en la Superliga.
Festejo de gol de Huracán ante Tigre: el equipo de Alfaro crece en la Superliga. Fuente: FotoBAIRES

Ya tiene en su haber una docena de clubes dirigidos, pero en algunos su huella es indeleble. En Arsenal, en donde obtuvo títulos de casi todos los colores, lo aman. En Bahia Blanca, de donde lo echaron al día siguiente de lograr el ascenso con Olimpo, lo reciben siempre con una sonrisa, igual que en Quilmes, con el que también dio el salto para llegar a Primera División. En Rafaela, su casa, lo saludan en cualquier calle de la ciudad y allí es simplemente "Lechuga".

Desde mediados de 2017 se transformó en el entrenador de Huracán y con los resultados obtenidos en la Superliga pasada lo clasificó para la Copa Libertadores del año próximo. Como un mal endémico del fútbol argentino su "éxito" trajo como consecuencia el desmembramiento del equipo. Se fueron Nervo como líder de la defensa, Pablo Álvarez y Calello. Se retiró Montenegro, vendió a Pusetto en una cifra millonaria como consecuencia de un campeonato notable jugando como alfil por la derecha -en una posición que resultó todo un hallazgo del entrenador- y además se quedó sin Nicolás Silva y sin los goles de Wanchope Abila y Coniglio.

Como un orfebre, observó el mercado y eligió de acuerdo a su filosofía. Jugadores versátiles, dinámicos y aplicados tácticamente. Así llegaron piezas que reconstruyeron el tetris. Y el traje volvió a quedar a medida. Chimino riega con su esfuerzo el lateral derecho, Rossi auxilia a todos en el medio, Auzqui rinde por toda la banda derecha con su velocidad y aprovechamiento de espacios. Garro y Gamba son delanteros confiables, solidarios y completamente despojados de la idea del lucimiento personal. Y la gran apuesta es el colombiano Andrés Roa, al que Alfaro seguía en sus actuaciones en Deportivo Cali y trajo con la convicción de que será "el distinto" dentro del equipo. Con el liderazgo de Marcos Díaz e Israel Damonte, sumado a la sobriedad de Mancinelli y Salcedo en la zaga, el bloque defensivo está en buenas manos y el resto aporta cada uno desde su lugar.

En el arranque, le sacó un empate a River y Boca, ganó tres partidos en fila y solo cayó ante Aldosivi en Mar del Plata.

No está claro hasta adonde podrá llegar el "Globo", pero la única certeza es que la mano del técnico ya intervino y que se trata de un equipo con su impronta. Para Gustavo Alfaro "el entrenador es un inquilino: vos me alquilás tu casa y mi obligación es devolvértela mejor de cómo me la diste".

Sacó cálculos, tomo medidas y eligió materiales. Aun con algún cimbronazo que pueda venir en el futuro, el presente puede invitarlo a quedarse tranquilo. Las bases de su Huracán se adivinan bien firmes.

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