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El hombre que quiere tocar la Luna

Héctor M. Guyot
Héctor M. Guyot LA NACION
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29 de septiembre de 2018  

Hay gente que no sabe estar quieta. Parece afincada en el presente, bien parada sobre sus pies, pero en realidad está siempre un poco más adelante, impulsada a la acción por una mente inquieta a la que el cuerpo sigue detrás. A esa gente no le alcanza con dos brazos, tantas son las ideas que la marea de su creatividad deposita en la orilla de su entendimiento. Ideas prácticas y precisas, por cierto, nada de perderse en brumas metafísicas, por eso monta empresas con miles de empleados que son como una prolongación de su voluntad, emprendimientos de lo más variados que acaban cotizando en Wall Street. Se convierten, de la noche a la mañana, en multimillonarios que salen sonrientes en la tapa de la revista Forbes. Gente dueña de certezas inconmovibles y de una determinación sobrenatural que uno nunca sabe si es parte de la solución o del problema.

Yusaku Maezawa pertenece a este grupo. En una fotografía que publicó el diario El País esta semana, su expresión transparente resulta impenetrable. Fundador de las empresas de comercio online Start Today y Zozotown, posee una fortuna estimada en 2900 millones de dólares. Pero no ha sido noticia por eso, sino por el modo en que decidió gastar una parte de su dinero. Acaso un vuelto para él, pero seguramente una suma que para cualquier mortal representaría salvarse de por vida -la suya y la de su descendencia- desayunando ostras frente al Mediterráneo.

Maezawa, nacido en Japón hace 42 años, compró un pasaje a la Luna. Se ha convertido así en el único poseedor de un ticket para el primer viaje tripulado privado al espacio, previsto para el año 2023. El desembolso demuestra también que este tipo de gente es la primera en vislumbrar qué se perfila en un futuro todavía incierto y lejano para la mayoría, que sin embargo en parte es modelado por sus objetivos. "Desde que era niño he amado la Luna", ha confesado el empresario.

¿Qué son cinco años después de haber esperado una vida? Este viaje diferido se lo ha vendido otro visionario, Elon Musk, decidido por su parte a lograr que el ser humano venza la ley de gravedad, se eleve por sobre la trajinada Tierra y salga por fin a la conquista del espacio. Para eso el creador de Tesla fundó hace diez años la compañía SpaceX, que ya ha desarrollado los cohetes Falcon 9 y Falcon Heavy y ahora diseña la nave BFR (Big Falcon Rocket), que según las previsiones le permitirá al japonés cumplir su sueño y a él, su parte del contrato. El cohete, cuya construcción podría insumir unos 5000 millones de dólares, es el prototipo con el que Musk se propone llevar la vida humana a Marte, en su berretín de hacer de los humanos una especie "multiplanetaria".

En rigor, Maezawa no compró un ticket. Compró todos los que había, porque quiere elegir a sus acompañantes. Coleccionista de arte que llegó a pagar 110 millones de dólares por una obra de Basquiat, se le ha ocurrido invitar a bordo a artistas de todo el mundo: un pintor, un escultor, un músico, un arquitecto, un director de cine, un fotógrafo y un diseñador de modas que, luego de esa travesía de una semana por el espacio, plasmarán en su trabajo la experiencia.

Hay algo que muchos de los nuevos multimillonarios globables y tecnológicos tienen en común. Saciados en lo material, y humanos al fin, van por lo intangible. Con los miles de millones que les sobran empiezan un día a ocuparse de alimentar el espíritu, para felicidad de los galeristas y marchands que los asesoran en esta nueva empresa subvencionada por sus éxitos anteriores. Hasta ahí, todo bien. El problema surge cuando, en su afán desmedido por la acción, los pierde la imprudencia de pretender convertir lo intangible en algo tangible con el fin de tocarlo y hacerlo suyo. Es allí donde comienzan las catástrofes.

Hay sueños que mejor no alcanzar. La Luna es uno de ellos. Allá arriba, a la distancia, es patrimonio de todos. Incluso de aquellos temperamentos contemplativos no muy dados a la acción, que de igual modo son bendecidos por su luz con la inversión mínima, en esfuerzo y dinero, de alzar la cabeza hacia la noche estrellada.

¿Qué espera encontrar Maezawa allá arriba? Acaso solo el cumplimiento de otro de sus deseos. Todavía quedan partes del planeta sin arruinar. Lo mejor sería que estos empresarios se entretengan aquí en la Tierra. Dejemos a la Luna en paz. El dinero que el japonés pagó por el tour podría tener un mejor destino, mientras él alimenta su espíritu con la sonata "Claro de Luna" de Beethoven, con "Moondance" de Van Morrison o con alguna otra de las obras de arte que ya ha inspirado la Luna, posiblemente por el hecho de estar lejos y aun así bañarnos con su claridad.

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