Dos Cristinas pueden definir 2019

Eduardo Fidanza
Eduardo Fidanza PARA LA NACION
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29 de septiembre de 2018  

Hacer pronósticos en un mundo incierto es una tarea arriesgada, si no inútil. A la luz de los últimos acontecimientos, esa dificultad se agrava en este país. ¿Quién hubiera imaginado el dólar a más de 40 pesos a fines de septiembre? ¿Quién pudo anticipar que habría decenas de encumbrados empresarios presos o arrepentidos por casos de corrupción? La verdad es que buscando declaraciones de economistas y analistas políticos no se encuentra ninguno que haya previsto este escenario, incluido, por cierto, quien escribe esta columna. Por lo visto, en la sorprendente Argentina les va mejor a los historiadores que a los profetas. Existe capacidad para analizar los acontecimientos, pero no para anticiparlos. El diario del lunes es el material sobre el que trabajan usualmente economistas y politólogos. No obstante, la sociedad sigue demandando predicciones para calmar la incertidumbre. Es que se juega mucho, nada menos que quién será el próximo presidente de la nación.

Para tratar de prever sin incinerarse, tal vez convenga ponderar con mayor cuidado el contexto histórico, construyendo escenarios en lugar de arriesgar cifras. Los escenarios son una abstracción de los acontecimientos futuros, trazados a mano alzada, mediante supuestos que el tiempo irá contrastando. Por empezar, puede observarse una singularidad: el contexto actual del país presenta hechos nunca vistos, que provienen del ámbito judicial, como los casos de corrupción que involucran a empresarios; y hechos repetidos, de carácter económico, como la devaluación y la inflación. Pero lo nuevo no termina allí, si se mira un poco más lejos. El otro suceso sin antecedentes es de naturaleza política: una coalición encabezada por un partido joven, urbano, de clase media alta y cuadros profesionales, venció en 2015 y 2017 al principal partido histórico de masas del país. El vínculo entre la novedad política y la novedad judicial es también una innovación, cuyas consecuencias ya nadie controla y podrían, paradójicamente, salpicar no solo a la oposición sino también al Gobierno.

La cara conocida de la crisis es la economía, cuyos ciclos se repiten inexorables. En primer lugar, la Argentina volvió a tropezar con su histórico problema de insuficiencia de financiamiento, espoleado por un nivel de gasto exorbitante para su capacidad de crear riqueza. Como en el pasado, devaluó el peso y debió recurrir a la ayuda del FMI, que volverá a prestarle los dólares faltantes a cambio de restarle soberanía. En segundo lugar, esto provocará recesión y pobreza pero equilibrará las cuentas, hasta que la Argentina transite del stop al go, como lo enseña su historia económica, claro que sin resolver los problemas estructurales. En ese marco, prevalecen tres escenarios políticos para 2019 : la reelección de Macri , el regreso del peronismo clásico o el de Cristina Kirchner a la presidencia. En esta carrera, la revelación de cuatro incógnitas podría inclinar la suerte para uno u otro competidor. Primero, si predominará el voto por razones políticas, como en 2015 y 2017, o por razones económicas, como suele ocurrir con más frecuencia en la casuística; segundo, si el peronismo presentará una o dos candidaturas; tercero, cuál será la profundidad y duración de la recesión; cuarto, hasta dónde la corrupción afectará a la expresidenta.

Las chances de Macri dependen de la confianza política, la dimensión del ajuste económico y el peronismo. Si el ajuste fuera brutal y el justicialismo tuviera la lucidez de condensarse en una candidatura, es posible que alcance la presidencia aupado en el famoso voto castigo, una decisión guiada por el resentimiento o la desilusión hacia el Gobierno, antes que por la calidad del candidato opositor. Si, por el contrario, la economía se recuperara un poco -mucho más no parece posible- y el peronismo presentara dos candidaturas (Cristina y algún representante de la versión clásica), aumentarían las chances de Cambiemos, siempre que el electorado volviera a sufragar como en 2017, más por razones políticas que económicas, ya que en 2019 habría aún menos "brotes verdes" que entonces. Estilizándolo, el "voto político" se basa en tres componentes anímicos: confianza en el candidato, expectativas de un futuro mejor y rechazo a la oposición. ¿Volverán los argentinos a elegir a Macri, basados en estos sentimientos, después de sufrir la previsible paliza que les propinará el Fondo Monetario? Constituiría una nueva y extraordinaria primicia que acaso cambiaría la historia.

En definitiva, quizá dos Cristinas tengan la llave de lo que sucederá en 2019: Lagarde y Kirchner, entre las que se debate Macri para conocer su suerte. Si el escarmiento de la primera no resultara tan severo y la segunda insistiera con su candidatura, el Presidente podría ser reelegido. Sería un ajuste tolerable con un peronismo dividido. Pero si la francesa consumara el castigo tan temido y por decisión o forzamiento la expresidenta desistiera, el futuro luce poco alentador para el inédito proyecto que encabeza Pro.

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