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Los All Blacks frenaron el progreso de los Pumas y se consagraron en el Rugby Championship

The Rugby Championship
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New Zealand

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Alejo Miranda
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29 de septiembre de 2018  • 19:31

La cancha de Vélez pareció transformarse anoche en una máquina del tiempo que trasladó a los 31.000 espectadores y a los 30 protagonistas a un año atrás. Especialmente a los 15 Pumas que estuvieron en el campo de juego. Lejos del ímpetu que traía el equipo desde que Mario Ledesma tomó las riendas, la performance de los argentinos en la derrota 35-17 ante los All Blacks se pareció más a las que acostumbraban en el ciclo anterior.

Hecha la salvedad de que enfrente estaba el mejor equipo del mundo y que volvió a tener un rendimiento excelso luego del tropezón en la fecha anterior, los Pumas sufrieron un freno en su ascendente recorrida por el Rugby Championship 2018.

Con este triunfo por la quinta y penúltima fecha, Nueva Zelanda se recuperó de la caída ante Sudáfrica y sacó un colchón de puntos suficiente como para coronarse campeón del certamen por tercer año consecutivo y por sexta vez en los siete años que lleva involucrada la Argentina.

El choque en el aire de los Pumas ante los All Blacks
El choque en el aire de los Pumas ante los All Blacks Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

Los Pumas tendrán una oportunidad más de engrosar un Rugby Championship que ya es histórico, con dos victorias (nunca habían alcanzado más de una) y la posibilidad de conseguir otra, el próximo sábado en Salta ante los Wallabies. Pero para eso deberán retomar la senda a la que se habían embarcado de la mano del nuevo staff.

Para vencer por primera vez en la historia a Nueva Zelanda, en cambio, deberán seguir esperando. En 32 enfrentamientos, el historial marca 31 victorias de negro y un empate, en 1985. Anoche estuvieron lejos.

Los All Blacks tuvieron una actuación sobresaliente, es cierto. Y cuando juegan así no hay equipo que les pueda ganar. Ni los Pumas, por más bien que jueguen, ni nadie. Pero también es cierto que el nivel de precisión de los argentinos no estuvo a la altura que requería esta cita. Hubo exceso de errores no forzados, pelotas perdidas, decisiones equivocadas. Errores mentales que no se habían visto en los cuatro primeros partidos del ciclo. Hubo deficiencias en las formaciones fijas, especialmente en el scrum (cuatro penales) y en el line-out (cinco pérdidas), sobre todo en situaciones críticas en ataque y defensa. Errores técnicos que se repiten y marcan la diferencia en este nivel. También hubo entrega hasta el final, como siempre, que sirvió para algo más en endulzar el tanteador.

El podio de los All Blacks, ganadores en Vélez del Rugby Championship
El podio de los All Blacks, ganadores en Vélez del Rugby Championship Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

Al final del primer tiempo, los Pumas estuvieron cinco minutos jugando a cinco metros del in-goal rival. Forzaron dos penales y una amarilla (a Sonny Bill Williams). Pero una y otra vez insistió con ataques frontales, sin variantes, y terminaron perdiendo el line-out y se fueron con las manos vacías. Una imagen que rememoró a épocas recientes, en las que parecían un equipo confundido. No fue la única. En el inicio del segundo tiempo, todavía con un hombre de más y un penal a favor a 10 metros, Nicolás Sánchez ensayó un kick cruzado que cayó mansamente en las manos de un rival. Fueron varias las situaciones desperdiciadas, cuando la contundencia venía siendo una de las marcas de este equipo.

Por eso no extrañó ver cambios rápidos al inicio del segundo tiempo. Tomás Cubelli, que ingresó a los 50 minutos, le dio más verticalidad al ataque argentino y se lució con un try y una asistencia. También se destacó Pablo Matera ganando metros en cada contacto con la pelota y tackleando a destajo y Guido Petti Pagadizábal con un par de quiebres defensivos, que no abundaron.

Pero el partido quedó sentenciado a los 15 minutos del segundo tiempo cuando Sonny Bill Williams bancó dos tackles y tiró uno de sus asombrosos off-loads por la esplada del rival para colgarle la pelota a Rieko Ioane. Aunque el wing no llegó al in-goal, la jugada terminó en try que puso distancias de 28-3. Acciones como ésa son las que pagan la entrada. Para los espectadores, un deleite. Para los Pumas, o cualquiera sea el rival de turno, un martirio contra el que no existe remedio.

Puro esfuerzo ante los hombres de negro; otro aprendizaje de los Pumas
Puro esfuerzo ante los hombres de negro; otro aprendizaje de los Pumas Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo

Antes, tres tries demasiado sencillos: uno de jugada directa de line-out en 40 yardas rubricado por Iaone, otro de un scrum en 5 yardas luego de que los Pumas perdieran un line-out apoyado por Naholo y uno más de Ioane en una pelota perdida en un ruck en mitad de cancha. Mientras que a los Pumas les costaba horrores generar algo de inercia, los All Blacks, sin posesión y sin dominio de juego, maximizaban cada oportunidad.

Los Pumas se acercaron con dos tries que denotaron entrega y dignidad. Dos componentes que nunca faltan, pero que está claro que no alcanzan en este nivel. El freno de todas maneras no es de ningún modo preocupante ni mucho menos. Al menos no en la medida en que haya un ajuste en seis días. Australia demostró ser un rival vulnerable, pero no deja de ser un equipo extremadamente peligroso si uno no juega al máximo de sus posibilidades.

Está claro que con Mario Ledesma a la cabeza el equipo ha encontrado su rumbo. Lo que pasó ayer debe asimilarse como un lapsus, un pequeño freno en el envión que traía el equipo. Siempre es difícil contra los All Blacks. Mucho más cuando juegan así.

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