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Qué bueno: por fin estamos muy mal

Carlos M. Reymundo Roberts
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29 de septiembre de 2018  

Me fui del país -para altas misiones, que ya les comentaré- con el dólar tocando los 42, y cuando volví estaba a 37 y pico: Toto Caputo empezaba a ser Gardel, Le Pera y los cuatro guitarristas. Pero un día después de mi regreso, Caputo había volado del Central y el dólar volvía a superar los 41 pesos. Tengo dos teorías. O el problema soy yo, y en ese caso debería pensar seriamente en radicarme afuera, o Macri está más confundido que los mellizos Barros Schelotto.

En una charla a solas en Washington con Christine Lagarde , también llamada "Cristina la buena", me confió que cuanto más se involucraba en el caso Argentina, menos entendía a los argentinos. "¿Podés darme algunos tips que me sirvan para comprender lo que está pasando?", me suplicó. Recurrí a explicaciones sencillas, porque esta señora sabrá de economía, si es que sabe, pero no estoy seguro de que esté lo suficientemente capacitada, desde lo psicológico, para asimilar un acercamiento del tercer tipo con nuestro país. "No te dejes llevar por las apariencias -le dije-. Macri parece un ingeniero frío y calculador, y resulta que ha pifiado todos los cálculos. De frío tampoco tiene nada. ¿No viste el ímpetu y el ardor con que sacó a bailar tango a esa empresaria que le dio un premio en Nueva York, mientras el país estaba de paro? ¿Qué tiene de frío un padre que lleva a pasear a su hija en helicóptero? Mirá, Christine: a Macri la gente lo votó, y acaso lo siga votando, por dos cosas. Porque es un tipo con suerte, que persiste en el error hasta que la termina pegando, y porque no hay otro".

La Lagarde hizo un mohín que interpreté como que empezaba a entender. "¿Y Dujovne, que me cae bien aunque hasta ahora va de traspié en traspié?", preguntó. "A Macri le pasa lo mismo que a vos -contesté-: Nico le cae bien y no sabe por qué. Estuvo buscando con quién reemplazarlo y no encontró a nadie. Somos un país extraño. Tenemos técnicos de fútbol que triunfan en todo el mundo, pero no encontramos uno para que dirija el seleccionado. Y tenemos economistas brillantes para explicar las crisis y ninguno que las resuelva".

Nada es fácil. El aumento de la pobreza en el primer semestre del año fue una de las grandes noticias de la semana, pero resulta -me lo dijo Juan Carlos de Pablo, que sabe una bocha y ha sido durísimo desde el principio con la marcha de la economía- que en realidad se la debe comparar con la del primer semestre del año pasado, por el factor estacionalidad. Y entonces descubrimos que no subió, sino que bajó: de 28,6% a 27,3%. ¡Se lo dije, Macri tiene mucha suerte! En mi recorrida por Washington, Nueva York y Miami, contratado por La Cámpora para que hablara mal del país, por el Gobierno para que lo defendiera y por grandes inversores para que los asesorara, la línea argumental que expuse es que estábamos cada vez peor, lo cual vendría a indicar que quizás empecemos a estar mejor. Esta contradicción dialéctica es más que un recurso efectista para concitar la atención de la audiencia. Creo que es lo que nos está pasando. Si realmente vamos hacia un sinceramiento brutal, no de nuestra economía, sino de nuestra cultura como nación; si realmente vamos a dejar de vivir de prestado, si realmente vamos al déficit cero, Macri va a pasar a la historia por haber roto -a la fuerza, obligado, porque no tuvo más remedio- una tendencia al suicidio colectivo que ya lleva 70 años. Y los argentinos, a la vuelta de ese ajuste feroz, también vamos a pasar a la historia. Quiero decir, vamos a pasar. Van a quedar muy pocos.

También está la posibilidad de que la argentinidad, la resistencia al cambio, sea más fuerte. Toto Caputo venía laburando a full, poniéndole mucha garra, y un día se le escapó el argentino que todos llevamos adentro y mandó al Presidente a anunciar un acuerdo con el FMI que todavía estaba en pañales. Nuestros líderes sindicales, argentinísimos ellos en cuanto agentes de la permanencia, no de la transformación, y peronistas, combo letal, quisieron parar el país el martes, y lo consiguieron a medias, lo cual igual es un éxito. Si de la CGT me llamaran como consultor, les diría: muchachos, tranqui, no gasten tanta guita, no hagan lío; Macri ya se está ocupando de todo.

Otras noticias son alentadoras. En la causa de los cuadernos, esta semana se entregaron tres exsecretarios de los Kirchner, el jardinero de Cristina y un extesorero del Frente para la Victoria. Hasta el advenimiento de la dinastía hotelera, trabajos como atender el teléfono o cortar el pasto eran considerados dignísimos, pero no un pasaporte rápido y seguro a la prosperidad. La realidad nos llevó a revisar esos prejuicios. Todo lo que los Kirchner tocaban se convertía en oro o en dólares. La movilidad social ascendente encontró caminos hasta entonces no explorados, con el único matiz de que terminaban en la cárcel.

Macri, con muchos años de militancia en el optimismo, acaba de decirnos que se vienen "meses muy difíciles". Si Mauricio lo dice, y Durán Barba y Marcos Peña no lo corrigen, es que tendremos sangre, sudor y lágrimas. Y que no hace falta mirar el pronóstico: hay que salir con paraguas, impermeable y botas.

Qué bueno estar de vuelta. Se me estaba haciendo insoportable la levedad del Primer Mundo.

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