Coimas: el financista Clarens aportó datos sobre la ruta de los euros durante el kirchnerismo

Clarens (izquierda) es un "imputado arrepetido" en la causa a cargo de Bonadio
Clarens (izquierda) es un "imputado arrepetido" en la causa a cargo de Bonadio Fuente: LA NACION
Hugo Alconada Mon
(0)
29 de septiembre de 2018  • 17:40

El mito de los billetes de 500 euros no era un mito. Era realidad. Y el financista devenido "arrepentido", Ernesto Clarens, aportó ante la Justicia los primeros y muy preliminares datos sobre la obsesión del círculo íntimo kirchnerista por esos billetes. Explicó que se debió a razones de peso y volumen -no ocupa el mismo espacio trasladar un millón de euros que su equivalente en pesos-, con dos precisiones adicionales: un domicilio porteño y un apellido.

"Generalmente hablaba con un corredor, Vallarino", contestó Clarens cuando el fiscal Carlos Stornelli le preguntó de dónde provenían los billetes de 100 dólares y 500 euros que cambiaba a los empresarios en sus oficinas de la calle Maipú 311 de la ciudad de Buenos Aires.

Clarens aportó más datos sobre esas operaciones de cambio. Dijo que él se encargaba de cambiar de pesos a euros las coimas que le traían los empresarios, tajada para él mediante. Y que todo comenzó con una orden que le adjudicó a Daniel Muñoz, el secretario privado del entonces presidente Néstor Kirchner . "En determinado momento, Muñoz me pide que trate de traer euros en billetes de 500 porque ocupaban menos lugar", rememoró el financista devenido "imputado colaborador".

En determinado momento, Muñoz me pide que trate de traer euros en billetes de 500 porque ocupaban menos lugar

Ante la pregunta de los fiscales, Clarens sostuvo que obtenía los euros para sus operaciones de ciertos y muy contados lugares de la City porteña. "Normalmente era en cuevas y en algunas ocasiones con la mesa de dinero del banco Finansur, que hacía de nexo con alguna casa de cambio".

Lo que calló

Si eso es todo lo que contó, Clarens calló más de lo que dijo. Primero, porque evitó identificar los bancos que importaron esos billetes. Tampoco nombró las casas de cambio. Y, por último, apenas señaló al Finansur, el banco de Cristóbal López que quebró en marzo pasado, para un mes después ser allanado en busca de información sobre el origen de los dólares que José López procuró luego depositar en un falso convento.

Íntimo amigo, socio comercial y vecino del banquero Jorge Brito, Clarens evitó además identificar por nombre y apellido a los banqueros, cambistas y cueveros involucrados en la operatoria delictiva. Salvo a uno: Vallarino. Pero ni siquiera aportó su nombre completo en los tribunales de Comodoro Py.

¿Quién sería "Vallarino"? Según reconstruyó LA NACION, Jorge Marcelo Vallarino, un ejecutivo de 55 años que afronta serios problemas judiciales, económicos y comerciales desde hace años que lo llevaron a la quiebra y, en junio de este año, al remate de una propiedad.

LA NACION intentó contactar a Vallarino en múltiples teléfonos, pero no resultó posible.

Clarens y Vallarino tienen en común un dato singular: la torre ubicada en la calle Maipú 311 de la ciudad de Buenos Aires. Es decir, a solo tres cuadras de las oficinas de Austral Construcciones, en el pasaje Carabelas al 200 -el primer punto de encuentro entre Clarens y los empresarios-, y a cuatro cuadras del Obelisco.

Ya mudado a la esquina de las calles Maipú y Sarmiento, el financista declaró que continuó con la recolección de coimas que los empresarios pagaron durante años por sus contratos de obra pública; en particular, con Vialidad. Y es en ese edificio, también, donde figuran radicadas dos sociedades vinculadas a Vallarino.

En el piso 11, Vallarino aparece asociado a la firma NSG System SA y a la sociedad de bolsa Tyasa; y en el piso 20, a Paviv SA y a Soluciones Electorales SA, rebautizada luego Inversiones en Energía Argentina SA.

Bien conectado, Vallarino figuró en NSG System SA y en la firma Panter SRL junto a Jorge Aidar Bestene, un abogado de vínculos notables en la Patagonia. En particular, en Chubut, donde logró capear varias tormentas. Entre ellas, las sospechas de pago de coimas vinculadas a Cerro Dragón, aunque el juez federal Rodolfo Canicoba Corral lo sobreseyó en julio de 2017 sin que apelara el fiscal Guillermo Marijuan.

"El Turco" Aidar Bestene también se mantuvo alejado de los problemas judiciales que afrontó su socio y ex presidente de la Cámara de la Construcción chubutense, Patricio Musante, quien quedó detenido este año como el encargado de reunir las coimas de las constructores locales para la "caja negra" de la política provincial. Fue en la "causa revelación", un remedo patagónico de los "cuadernos de la corrupción" que sacude al empresariado nacional.

Un edificio, varias sociedades

También en esa torre de la calle Maipú 311 operó otro alfil de las finanzas kirchneristas: Guillermo Eduardo Fernández, "El Ñoqui". En el piso 12 ubicó la sede de las firmas "Consultora Los Andes SA", "Andes Food SA" y "Andes Consultora SA", donde apareció junto al abogado Eduardo Roca, con quien compartió también el directorio de "Inmobiliaria de los Andes SA".

Roca, por su parte, es una figura recurrente en el entramado societario de Clarens. Entre otros motivos, porque su nombre aparece vinculado a sus financieras Invernes y Credisol, como así también a Patagonia Financial Services y Excel Servicios Aéreos, mientras que a través de Fiduciaria Edificio Northville SA se llega a Lázaro Báez y por Construcciones Mendoza SA, al otrora mandamás de Vialidad nacional, Sandro Férgola.

Sin embargo, de confirmarse el rol de Vallarino que le adjudicó Clarens, su función solo podría ser acotada. ¿Por qué? Porque carecía de la capacidad para importar los billetes de 500 euros requeridos. ¿Fue algún banco? ¿Cuál? ¿Podría el Banco Central Europeo (BCE) aportar información sobre esos requerimientos desde la Argentina? Y en esa línea, ¿qué nombres más relevantes silenció Clarens?

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios