El Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó la Declaración de Derechos Campesinos

Diego Montón, integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena, representó a América Latina en la formulación de la Declaración de los Derechos Campesinos
Diego Montón, integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena, representó a América Latina en la formulación de la Declaración de los Derechos Campesinos
Dante Rofi
(0)
1 de octubre de 2018  • 03:00

El viernes, cerca del mediodía de Ginebra, el movimiento campesino mundial alcanzó un "logro histórico", según lo calificaron las organizaciones representativas del sector, cuando el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó la Declaración de Derechos Campesinos, tras una votación que dejó 33 votos afirmativos, 3 negativos y 11 abstenciones. Así, el organismo reconoció la importancia estratégica de la producción campesina en "la lucha contra el hambre y el calentamiento global" y dio curso al reclamo que La Vía Campesina, un movimiento internacional conformado por 182 organizaciones y con presencia en 81 países, vino reiterando en los últimos 17 años.

Según informó La Vía Campesina, esta Declaración puede proporcionar un "marco global para las legislaciones y para las políticas públicas de los países". Sus principales aspectos son: "Proteger y mejor los derechos de campesinos y campesinas al fomentar los medios de subsistencia en las zonas rurales; reforzar la soberanía alimentaria, la lucha contra el cambio climático y la conservación de la biodiversidad; tomar medidas para implementar una reforma agraria integral y una mayor protección contra el acaparamiento de tierras; respetar el derecho de los campesinos a conservar, usar, intercambiar y vender sus semillas; garantizar precios remunerativos para la producción campesina y derechos para los trabajadores agrícolas, y reconocer los derechos de las mujeres campesinas, entre otros".

Ahora, la Declaración aprobada el viernes deberá ser validada o no por el pleno de la Asamblea General de la ONU, a través de voto de todos los países integrantes del organismo, un paso que se dará entre fines de octubre y principios de noviembre en Nueva York.

Para comprender la relevancia de lo sucedido el viernes, LA NACION dialogó con Diego Montón, integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), que participó en representación de América Latina en el colectivo internacional de Derechos Campesinos de La Vía Campesina y en el Grupo de Trabajo Intergubernamental para una Declaración de Derechos Campesinos y Otras Personas que Viven en Áreas Rurales del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

La iniciativa logró 33 votos afirmativos, contra 3 negativos y 11 abstenciones; entre fines de octubre y principios de noviembre el pleno de la Asamblea de la ONU deberá pronunciarse por la ratificación o no de la Declaración
La iniciativa logró 33 votos afirmativos, contra 3 negativos y 11 abstenciones; entre fines de octubre y principios de noviembre el pleno de la Asamblea de la ONU deberá pronunciarse por la ratificación o no de la Declaración

-¿Qué implica para el campesinado lo aprobado en la ONU?

-En primer lugar, lo conseguido es histórico e implica el reconocimiento a una identidad y a una historia que ha garantizado la alimentación de la humanidad durante 10.000 años, a partir de la creación y la selección de cientos de miles de variedades de semillas y de especies productivas. También implica un reconocimiento al rol estratégico que cumple el campesinado en la lucha contra el hambre y el calentamiento climático. Asimismo, esta declaración en el alto nivel de la ONU representa el horizonte de políticas públicas y de derechos a lo que deberían aspirar todos los Estados democráticos y humanistas. Entonces, resulta una gran herramienta que ratifica la legitimidad de las luchas campesinas en todo el mundo y que permitirá escenarios de diálogo y de actualización jurídica y legislativa en beneficio del sector.

-¿En qué momento de la situación global de los campesinos llega esta Declaración de Derechos?

-En este momento, a pesar de producir la mayor parte de los alimentos que comemos todos y todas, los campesinos son sometidos a formas extremas de violencia en diversos países, con casos de mayor o de menor gravedad. Aquellos que se resisten son asesinados o arrestados. La criminalización de las luchas campesinas debe cesar y esta declaración es un paso adelante en esa dirección. Resulta fundamental tener en consideración que, según un estudio del ETC Group (es una organización mundial integrada por científicos, con estatus de consultor en diversas áreas temáticas de la ONU), en el mundo los campesinos tienen solo 1/4 de las tierras agrícolas, pero abastecen con alimentos a más del 70% de la población mundial, mientras que el agronegocio ya acapara 3/4 de las tierras, pero solo abastece a algo menos del 30% del consumo de alimentos.

-¿Cuáles son los derechos que pondera esta declaración?

-En ella se pondera el derecho a la tierra, al agua (para consumo y para riego) y a las semillas. Plantea la soberanía alimentaria como concepto estratégico, tal como está citado en la Ley de Reparación Histórica de la Agricultura Familiar que tenemos en la Argentina. Además, plantea la reforma agraria como una política necesaria cuando el derecho a la tierra no es asegurado así por el Estado. Asimismo, reconoce muchos instrumentos que ya existen, pero que están dispersos, y suma temas como los derechos de las mujeres rurales, que en la actualidad detentan solo el 2% de la propiedad de la tierra en el mundo.

-¿Cómo fue el proceso de generación de la propuesta presentada ante la ONU?

-Hubo una carta original que se elaboró entre 2003 y 2008 con seminarios y debates en los cuatro continentes y que fue aprobada en Mozambique en 2008, en la Conferencia Internacional de La Vía Campesina. Fuimos parte de esa construcción y participé en esa conferencia. A partir de 2012 se creó el Grupo Intergubernamental para una Declaración de Derechos Campesinos. Participé durante los seis años de las sesiones del Grupo y del Consejo de Derechos Humanos en representación de América Latina. En todo este tiempo se fueron invitando a expertos y sistematizando las discusiones y los aportes de los Estados. Entre 2012 y 2013, la Argentina copatrocinó las resoluciones con los borradores y mandatos del Grupo. Fue un proceso muy transparente y participativo, en el que se trabajaron cinco borradores a medida que se iba debatiendo.

-¿Qué intereses se manifestaron en contra de este proceso?

-Fundamentalmente el lobby de las corporaciones transnacionales y los países que se subordinan a ellas. Lo hicieron con argumentos explícitos, en algunos casos, y con distintos intentos de dilatar el proceso de construcción de la Declaración. Por ejemplo, la representación de los Estados Unidos, hasta antes de abandonar el Consejo de Derechos Humanos, sostenía que no se podía implementar el concepto de derechos colectivos, bajo la premisa de que los derechos humanos son individuales. En esa cruzada se sumó el Reino Unido. En otro momento, los mismos dos países generaron un debate dialéctico sobre que la denominación "campesino" era peyorativa, similar a un insulto. Con esto intentaron varias veces trabar la discusión. También se declararon en contra de lo que denominaron "nuevos derechos", como el derecho a la tierra o al acceso y al uso de las semillas nativas. Según estos países, no puede haber nuevas formulaciones de derechos e intentaron anclar todo a la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, de mediados del siglo XX. La posición de estas naciones van en contra del consenso mundial, que plantea la necesidad de actualizar el sistema de derechos humanos de acuerdo con la realidad y con los cambios que atraviesan el mundo y las sociedades. Desde La Vía Campesina entendemos que si el sistema internacional de Derechos Humanos no se va actualizando de la mano de la globalización y de todos los impactos que ella implica, nos quedamos con un sistema anquilosado y abstracto. Por eso, para nosotros, estos "nuevos derechos" son fundamentales dado que justamente apuntan a la lucha contra la violación de nuestros derechos. Por caso, quién se hubiera imaginado 50 años atrás que se podría estructurar una suerte de privatización de las semillas y que se iba a plantear un mecanismo para que los agricultores no pudieran hacer uso propio de la semilla. Bueno, eso ya ocurre.

-¿También Brasil intentó frenar el avance de la Declaración?

-Sí. En el último tramo de la discusión, cuando ya el Consejo de Derechos Humanos, a través de una resolución, nos había pedido al Grupo Intergubernamental la redacción de una versión definitiva para someterla a la votación en esta sesión que se dio el viernes, Brasil intentó postergar el proceso y que no se desarrollara la votación que extender el debate por un año más. El gobierno de Michel Temer fue uno de los que se abstuvo en la votación.

-La Argentina deberá votar en el pleno de la Asamblea General de la ONU por la ratificación o no de esta Declaración, ¿qué expectativa se tiene sobre ese pronunciamiento del país?

-Esperamos que el gobierno argentino escuché a las más de 100 organizaciones y a los 70 parlamentarios de diversas fuerzas políticas que han firmado su aval a la Declaración. Aunque, en rigor, si analizamos la política que viene llevando a cabo la actual gestión en contra del sector de la agricultura familiar, campesina e indígena, es difícil tener esperanza de una posición positiva.

-¿Intentarán algún contacto con funcionarios del Gobierno antes de la votación?

-Sí, por supuesto. Hemos estado en contacto con la misión Argentina en Ginebra, hemos enviado notas a Cancillería y vamos a continuar promoviendo el diálogo sincero y poniéndonos a disposición para lo que se necesite en torno de acompañar este proceso muy relevante para un país como la Argentina, donde el sector campesino está conformado por más de 250.000 familias.

Por: Dante Rofi
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios